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Es una de las propuestas del museo londinense para los meses de veranoLas flores de Georgia O’Keeffe en la Tate Modern

Recién inaugurada su gran ampliación, la Tate Modern presenta a la americana Georgia O´Keefe, icono del arte vanguardia de mediados del S. XX.

Si visitas Londres este verano, se impone una visita a la Tate Modern. El museo de arte contemporáneo más importante de Londres ha ganado un 60 % de espacio para potenciar su colección internacional, un nuevo edificio de diez plantas con forma de pirámide de hormigón realizado por el estudio de arquitectura suizo Herzog & De Meuron, premio Pritzker de 2001. Además de admirar la City desde su altísimo mirador, merece la pena ver entre sus nuevas propuestas del verano a la singular artista americana Georgia O´Keeffe.

Georgia O’Keefe (1887-1986) se convirtió en un personaje femenino de referencia en la vanguardia cultural americana de los años 20. Su vida cambió radicalmente gracias a una apasionada historia de amor con el fotógrafo y marchante de arte de Nueva York Alfred Stieglitz, 23 años mayor que ella, con quien se casó en 1924.  Stieglitz  expuso durante muchos años la obra de Georgia en sus galerías, en particular en la galería 291 de la Quinta Avenida, especializada en fotografía y cita de la vanguardia artística europea. Stieglitz le dedicó cientos de retratos, primeros  planos de tal erotismo para la época que cuando se exhibieron en 1921 provocaron un enorme revuelo.

Ejemplo de mujer libre y aventurera,  ella no compartía algunos aspectos de su fama, en particular la interpretación freudiana de muchos críticos y compatriotas que veían el aparato genital femenino en sus enormes flores abiertas. Hasta tal punto no le gustaba ese perfil que cuando en los años 70 las feministas quisieron tomarla como icono de su bandera, ella las rechazó de plano. Georgia disfrutó de una vida cómoda en la que se podía permitir la aventura y ciertos desafíos, como soltar frases del estilo  “odio las flores. Las pinto porque son más baratas que los modelos y no se mueven” “Encuentro muy difícil a la gente”  o que había dejado de pintar durante cuatro años porque el olor de la trementina la ponía enferma. Su estilo de vida desinhibido e independiente y su pintura vanguardista se interpretaron como un símbolo del feminismo, aunque ella aceptara con disgusto esa etiqueta. Se le concedió la Medalla Nacional de las Artes,  la Medalla Presidencial de la Libertad y la  National Women’s Hall of Fame, esta última por su gran contribución al arte como mujer. Segura de sí misma y consciente de su inusual magnetismo, no tenía inconveniente en dejarse retratar desnuda, en primeros planos o con arrugas. Vivió hasta los 98 años y tras su muerte la familia pleiteó contra su último testamento en el que dejaba todo su legado a un joven que trabajó en los últimos años en su rancho.

En esta exposición de la Tate Modern de Londres se presentan muchas de las obras que pintó entre  los años 20 y 40, en las que cobraron protagonismo las flores a gran escala y las pinturas de los edificios de Nueva York, de las que New York Street with Moon 1925 forma parte de la colección del Thyssen – Bornemisza de Madrid. Por entonces se había convertido en una de las artistas americanas más reconocidas y valoradas. En 1928, su pareja Stieglitz pidió por la venta de seis de sus pinturas de calas y lirios, 25.000 dólares, una cantidad desorbitada para la época. Aunque la venta no se concretó, la promoción de Stieglitz le dio mucha popularidad entre los medios y los coleccionistas de arte. Los cuadros que realizó unos años más tarde durante una estancia en Hawái, con grandes y coloridas flores, o los paisajes desérticos y huesos de animales que pintó en su rancho de Nuevo México – a donde se trasladó tras la muerte de su marido- tuvieron notable éxito, otorgándole la representación moderna del arte indio navajo. Uno de estos últimos, “Summer Days” (1936), del cráneo de un venado en el desierto adornado con flores silvestres, se convirtió en una de sus obras más apreciadas. La obra llamada Jimson Weed/White Flower (una enorme flor blanca de estramonio) también expuesta en la Tate Modern,  se convirtió en la obra subastada de una mujer artista más cara de la historia. Los ingredientes de su original vida sirvieron para que se rodara en 2009 una película para televisión sobre su vida y la de su marido Alfred Stieglitz, interpretada por Joan Allen y Jeremy Irons, una producción que obtuvo varios galardones y nominaciones.

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