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“Para ser realmente grande, hay que estar con la gente, no por encima de ella.”. Montesquieu

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“La calle te altera la forma de pintar”. Alberto Martín Giraldo, la calle por estudio

Nos acercamos a su taller para ver el gran cuadro que le ha encargado la Academia de Bellas Artes de París, justo antes de trasladarse para finalizar la obra en la capital gala.

Es probable que cuando se publique esta reseña el pintor Alberto Martín Giraldo y su cuadro de 2,80 por 5,10 metros estén ya instalados en el Pont des Arts de París, al aire libre, con un andamiaje hecho para cada cuadro y situación, donde asentar la obra y su material. A escasos metros está el protagonista de este cuadro: el Instituto de Francia, un monumental palacio del S. XVII frente al Louvre, en la otra orilla del Sena, que agrupa cinco Academias del país. Su objetivo para el mes de junio es aprovechar el buen tiempo en París para avanzar en esta obra de gran formato que comenzó el año pasado – en el mismo puente, la misma época-  por encargo de la Academia de Bellas Artes de París para el nuevo auditorio del Instituto de Francia.

La charla en el taller vivienda de Alberto es tan calmada y agradable que sólo al salir uno se da cuenta de la sorprendente suma de coincidencias y anécdotas  que han sembrado toda su carrera. Él mismo parece divertirse ante este cúmulo de circunstancias que le han llevado a una sucesión interminable de proyectos y encargos que, desde hace años y avalados por un notable talento, le permiten vivir de la pintura. El estilo luminoso y realista de este pintor nacido en Verín (Orense) y criado en Lubián (Zamora) nacen como él mismo reconoce, de la calle.

¿Por qué la calle?

Me gusta sacar el estudio fuera, necesito estar ahí, vivir lo que pinto, disfrutando de esa realidad, con la gente. Es también una historia de conquista de un espacio público. La calle es de la gente. Cuando llevas unos días pintando lo que ocurre alrededor es un espectáculo, hay tensión, sí, pero también interacción, intercambio… La calle te altera la forma de pintar.

Parte de tu trayectoria procede de esta experiencia, ¿no?

Totalmente. Un ejemplo: cuando estaba pintando frente al Congreso de los Diputados, pasó una persona a la que le gustó mi trabajo y me encargó pintar la Residencia del embajador de Portugal en Madrid y poco después el edificio de la Dirección de Policía de Portugal, que está en Lisboa, lo que me llevó a pintar allí, en Lisboa, dos cuadros.

(El cuadro del Congreso está ahora en la escalera de la Embajada de Francia en Madrid).

También pintando en la Puerta de Murillo dos galeristas, de Madrid y Barcelona, me encargaron nuevas obras. De ahí surgieron las diez vistas de los museos de Madrid que se expusieron en París en 2011. Los encargos, exposiciones, becas, contactos, amistades… en mi caso, se hacen en la calle.

¿El cuadro del Instituto de Francia también? 

No exactamente. Con los cuadros de Madrid hice un dossier que envié a la Academia de BBAA de París para conseguir una beca de un año en la Casa de Velázquez de Madrid. Después tuve que llevar un cuadro y pasar en la Academia una prueba oral. Conseguí la beca. Estando ya en la Casa, en una visita de la Academia y tras ver un cuadro grande (500 x 840 cm) que estaba haciendo en el patio, me propusieron hacer un cuadro del Instituto de Francia desde el Pont des Arts en París. Estuve pintando allí junio y julio de 2015 y volveré este verano.
Si el Ayuntamiento de Madrid acepta un calendario de exposiciones propuesto por la Asociación Española de Pintores y Escultores, el cuadro podrá verse en octubre en la Casa de Vacas del Retiro en Madrid.

Llama la atención los tamaños que manejas…

Sí. Me gusta trabajar con grandes formatos. Me han dicho que mis cuadros son más para entrar en ellos, para formar parte de ellos, que para contemplarlos desde fuera. Tengo tres obras muy grandes en proceso. Pinto en otoño y primavera un cuadro de 500 x 840 cm en el patio de la Casa de Velázquez en Madrid. En agosto y septiembre voy a lo alto de un cerro en Alcalá de Henares con un cuadro de 300 x 840 cm. Vamos en mi furgoneta Antonio López y yo a pintar la misma vista desde hace cuatro veranos. En junio y julio me dedico al cuadro para el auditorio de Academia de BBAA del Instituto de Francia, que pinto en París.

¿Cómo surgió pintar con Antonio Lopez?

Hablé con él un día hace quince años. Pasaron 10 años sin que volviésemos a hablar porque no creía que tuviese nada interesante que mostrarle ni contarle. En 2010 fui a un curso que daba en Ávila y desde entonces guardamos relación. Fui a ver cómo empezaba un cuadro en la Puerta del Sol. Entonces tomé la decisión de salir yo también a pintar en la calle. En 2012 acordamos ir a pintar juntos al cerro, junto a Alcalá de Henares. Llevamos yendo cuatro veranos. Volveremos a ir allí cada mañana con sol y sin viento del próximo agosto.

El tiempo será un problema…

En el cerro, el calor, pero es mucho peor la lluvia o el viento. En París no me arriesgo, pinto en verano. Aunque allí es raro un día completamente estable, sin nublarse o sin viento. Con obras pequeñas puedes taparlas o salir corriendo, pero cuando miden varios metros y están sobre un andamio es mejor no jugártela. Es más por seguridad de la gente que del propio cuadro (un golpe de viento en una superficie de cinco metros es como para pensar en la seguridad).
Con todo, ir con la naturaleza está muy bien. Yo no uso para pintar ni despertador ni calendario, voy con el sol. Un día nublado puede marcarte un día de descanso. Varios días en contra pueden hacer que abandones o pospongas un trabajo hasta el año siguiente.  También puedes acompañar a la naturaleza con la pintura. Yo tengo cuadros de árboles que empecé en febrero, sin una hoja, y acabaron llenos de verdes a final de mayo.

¿Y lo peor de la calle?

La tensión del primer día, de los primeros días. No sabes cómo te recibe el sitio y la policía. También estar pensando cómo llegar, descargar, ir a aparcar, que no te frían a multas… En algún caso especial, como en la puerta del Congreso o del Ayuntamiento, además hay que pedir permiso, porque si no, te echan seguro. Del puente de París, con papeles y todo, me echaron dos veces.

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