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Se expone en la fundación MAPFRE Lewis Baltz y el paisaje americano deshumanizado

Su obra propone un viaje físico e intelectual por las teorías filosóficas de los años 70 y 80

Lewis Baltz, fotógrafo estadounidense de la segunda mitad del siglo XX, se expone en España por primera vez. Esta retrospectiva creada tras su fallecimiento en 2014 se encuentra en la Sala de Bárbara de Braganza de la Fundación MAPFRE.

En 1975, este artista formó parte de la exposición New Topographics: Photographs of a Man-Altered Landscape (George Eastman House, Rochester, NY). Dicha muestra trataba de englobar un movimiento fotográfico que tuvo lugar en los años 70s, en el que los fotógrafos desarrollaban un diálogo con la naturaleza alterada por el hombre con el fin de mostrar un grito existencialista ante una realidad artificial y caduca, desarraigada, estructurada en torno a no-lugares frente a una naturaleza progresivamente más ocupada, remodelada y construida. New Topographics está considerada como pieza clave en la fotografía paisajística americana y algunos artistas que formaron parte del movimiento fueron Robert Adams, Joe Deal, Stephen Shore – también expuesto previamente en la misma sala- y Lewis Baltz.

En este caso, la exposición de Lewis Baltz está diseñada de forma que el espectador pueda comprender y realizar el mismo proceso que Baltz parece experimentar. Su obra es tanto un viaje físico como un desarrollo intelectual relacionado con teorías filosóficas de los años 70 y 80, para concluir quizás en apreciaciones similares a las de Lipovetsky sobre la deshumanización y el vacío posmoderno, en pos del capitalismo y el desarrollo superficial de la sociedad.

Así pues, comienza con fotografías inocentes sobre espacios pequeños, incluso cerrados, de gran contraste y belleza simple tomadas durante sus años de estudiante universitario en el San Francisco Art Institute. Esta primera colección llamada The Prototype Works es un intento inicial de dar forma a la idea que posteriormente estructuraría toda su obra. Establece ya una dicotomía entre el mundo real y el mundo simbólico, con planos siempre frontales de ventanas y puertas cerradas o carteles de neón emergiendo en la oscuridad. Así, con la misma delicadeza pero ya con ciertos atisbos de melancolía, Baltz expresa el primer grito sobre la agresiva intervención humana sobre el paisaje en las colecciones The Tract Houses (1969 -1971) y The New Industrial Parks near Irvine, California (1974). La primera sobre casas – construcciones preparadas para albergar vida- y la segunda, unos años más tarde, sobre fábricas –edificios carentes de vida que se rinden al capital destruyendo la belleza del paisaje-. Con respecto a las fábricas igualmente podemos entender, dependiendo de las colecciones, un salto: en las primeras se aprecian casas al fondo –sigue el rastro de los edificios habitados por vida humana-, para pasar a complejos industriales que van desde detalles deshumanizados hasta grandes estructuras completamente desoladas que se alzan sobre el paisaje como un buque abandonado en la orilla del mar de Aral.

A partir de 1989 Baltz introduce la fotografía en color en su obra, y trabaja sobre una nueva forma de materialización del poder: aquella que ejercen los medios y la tecnología sobre nuestra vida. De alguna forma, su obra madura intelectual y materialmente del mismo modo que Lewis Baltz va aceptando la realidad. Quizás sea llegados a este punto, en el que su fotografía y su producción se vuelve contundente pues la imagen del fotógrafo desaparece y ya no hay un sentimiento artístico como en las primeras fotografías sino una cámara colocada por nadie en medio del desierto, captando imágenes similares a las de una cámara de video vigilancia. El fotógrafo desaparece como si el paisaje carente de alma hubiera traspasado el obturador y hubiera devorado al artista. Las imágenes de campos yermos y basureros podrían ser de California o de Dubai, ya no hay aura que envuelva al paisaje posmoderno.

A veces en color y otras en blanco y negro, aumentando el formato hasta deformar la fotografía, finaliza en grandes superficies a color brillante donde destacan las luces de neón, las farolas y múltiples automóviles vacíos, carentes de humanismo, abarrotado en ocasiones de pixeles y ruido, pero de forma constante en su obra, siempre presente, está el vacío.

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