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Con motivo de la exposición, además, se reeditará el único libro que escribió Millares Manolo Millares: doce arpilleras y un libro

Las arpilleras del artista canario constituyen uno de los hitos artísticos de mitad del siglo XX.

La galería Guillermo de Osma presenta una exposición donde se mostrarán doce arpilleras del artista canario Manolo Millares (Las Palmas de Gran Canaria 1926- Madrid 1972), uno de los nombres más significativos y personales de la vanguardia española. Sus arpilleras constituyen uno de los grandes hitos artísticos de la segunda mitad del siglo XX.

Con motivo de la exposición, además, se reeditará el único libro que escribió Millares “Memoria de una Excavación Urbana”, que publicó en 1971 la editorial Gustavo Gili en una tirada muy corta y absolutamente inencontrable. Alfonso de la Torre, autor del catálogo razonado del artista, será la persona que se ocupe de comisariar esta reedición, que estará ilustrada con las doce arpilleras que componen la muestra.

La figura de Manolo MIllares destaca tanto por su producción artística, como por sus dotes de organizador e impulsor de novedosas propuestas estéticas a través de asociaciones que promovió desde Las Palmas de Gran Canaria como L.A.D.A.C. (Los Arqueros del Arte Contemporáneo) a principios de los años 50 y, sobre todo, el grupo El Paso en Madrid, del que fue fundador en 1957 junto a Antonio Saura, Rafael Canogar, Manuel Viola y Pablo Serrano ente otros.

Precisamente es durante el año 1957 cuando la arpillera toma un lugar preponderante en su producción artística. En la Bienal de São Paulo de ese año presenta 10 obras que por primera vez titula con nombre Arpilleras, confirmando de este modo la relevancia que confiere Millares al soporte elegido para sus pinturas. La arpillera es un tipo de tela burda de trama gruesa –realizada de cáñamo o yute–, muy alejada del suave algodón o lino que generalmente los artistas han usado como base para realizar sus cuadros.

La elección de Millares se debe precisamente a su basta textura, que confiere a la obra una cualidad táctil de gran personalidad. Millares se procura las arpilleras directamente de sacos, que cose y tensa en bastidores, y sobre los que aplica cola para dar volumen y consistencia. Sobre ellas pega objetos, pinta parcialmente con colores, generalmente blancos y negros y, ocasionalmente, toques en rojo y ocre. De este modo la obra se convierte en algo objetual, más escultórico que el cuadro al uso. La textura de la tela, los costurones que recorren la obra, el modo violento de aplicar la pintura, con salpicaduras y chorreones, los agujeros que dejan ver la pared sobre la que se cuelga la obra, y las zonas abultadas, son agentes activos que trasmiten toda la fuerza y la poesía del artista.

Ya en 1957 el MoMA le compra una arpillera y Millares realiza varias exposiciones en galerías internacionales de la talla de Pierre Matisse en Nueva York o Daniel Cordier en París. Las arpilleras, desde su aparición a finales de los 50 se convirtieron, rápidamente,  en una de las expresiones artísticas más reconocibles de su generación. Este reconocimiento no se limitó al territorio español, sino que sus obras fueron expuestas en galerías extranjeras y en los numerosos pabellones de España en las Bienales de Venecia, Alejandría o São Paulo.

Estéticamente tienen mucho que ver con diversas tendencias contemporáneas, como el Action painting de la Escuela de Nueva York, el Tachisme francés o el trabajo de muchos de sus compañeros de El Paso.

En las arpilleras reina ese espacio de meditación y poesía que acompaña a toda la creación de Millares. El modo en que compone los diferentes elementos expresivos deja ver que no hay nada al azar, sino que todo es producto de una profunda reflexión que quiere transmitir al espectador y que tiene que ver con los enterramientos de los guanches, los antiguos habitantes de la isla de Tenerife.

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