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“Para ser realmente grande, hay que estar con la gente, no por encima de ella.”. Montesquieu

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Pinceladas contundentes de quien traslada toda una historia al lienzoManu Muñoz, confidencias de un pintor

Sus cuadros son un estallido de opacidad, colores y un juego de luces templados en su movimiento. Cada pincelada es rotunda.

Lejos de tratarse de un fenómeno accidental o meramente mediático, buena parte de la creación del pintor almeriense ha conseguido legitimar su papel a través de acciones que en el tiempo han resultado transformadoras.

Apenas transcurren cinco minutos en el taller de Manu Muñoz para saber el secreto de la grandeza de su obra. No se trata de algo casual. La historia de “la despensa” del pintor es un compendio de diferentes momentos en los que ha morado, de la espuma de los días y de un placer soñado a tragos.

Él es un claro ejemplo de un rostro vivido, de una percepción convertidora que apunta la mirada hacia el lado oscuro de la visión: hacia lo que no podemos (o no queremos) ver, el fondo escondido hacia el que se vuelven sus personajes cuando nos dan la espalda. Se diría que, como sus referentes pictóricos más insignes (Barceló, Sicilia, Lautrec, Hamilton, Ben Nicholson, Sargent o Constable), los lienzos de Manu Muñoz recuperan la nobleza del óleo. Sus cuadros son un estallido de opacidad, colores y un juego de luces templados en su movimiento.

Criaturas surgidas de la oscuridad, condenadas a recibir sólo puntos de fulgor y explosiones de tonalidad. Muñoz se recrea en las figuras humanas; sus retratos juegan con elementos de misterio. Cada pincelada tiene la rotundidad de aquello que se desea plasmar con certeza, pero combina también la sugestión de los claroscuros. En la pintura de Manu Muñoz, la luz existe en función de las sombras. Las sombras son siempre el trasfondo de la luz, el lugar donde se proyecta.

El otro gran eje de su creación son las aves y naturaleza donde destaca en su mayor estado de gloria el color. Historias insinuadas que nos llenan de interrogantes, historias que se escriben con espacios en blanco, relatos que deberemos completar nosotros mismos, si queremos descubrir su continuación. Historias ficticias que se esbozan en un lienzo y que no tienen punto final. Si acaso, puntos suspensivos.

Manu Muñoz ha participado en más de un centenar de exposiciones colectivas e individuales en España, Bélgica, Japón, EE.UU, Alemania o Inglaterra, y ha recibido numerosos reconocimientos entre los que destacan el Premio Andalucía Joven de Artes Plásticas, Certamen Artes Plásticas “Pedro Gilabert”; Premio Arte Joven o el Certamen de Jóvenes Creadores de los Países Mediterráneos, distinción que obtuvo en numerosas ocasiones.

El próximo 16 de junio inaugura exposición en Almería. El material que presentará en la Galería Acanto es una continuación de una serie de pinturas que forman parte de su obra actual. Y en otoño exhibirá nueva colección en Galería Blanca Soto en Madrid y Galerie Detais en París. Con él charlamos sobre su trabajo.

¿Cómo empezó todo?
Una tarde mientras estaba con un amigo en un almacén donde guardábamos las tablas de surf, vi pasar a rollers que conocía de vista. Llevaban mochilas con sprays y me dijeron que iban a hacer un graffiti, la curiosidad me arrastró.

¿Cómo definirías el estilo de tu trabajo?
Son tantas las influencias que la palabra “ecléctico” suena hasta simple. Me gusta que haya riqueza, pulso y energía. Que cada obra se acerque lo máximo posible a un ser vivo. Para mí es muy difícil definirlo con exactitud, quizá por eso aún me siga interesando.

¿Quiénes son tus influencias?
Pues han ido variando con el paso del tiempo. Cuando empecé en el graffiti hace 25 años me gustaba mucho un artista francés que se llama Mode2, era una cosa febril. Luego, cuando empecé a dedicarme a la pintura sobre lienzo y a ver artistas me gustaba mucho Sorolla, Lautrec, Ben Nicholson, Barceló, Sicilia,… hacía unas sopas tremendas con todos lo que me gustaba de sus obras.  Gerhard Richter, Motherwell y demás abstractos americanos como Pollock o De Kooning que también le encanta a quien fue mi mentor en mi principios y también una gran influencia en todos los aspectos, Ginés Cervantes. Esto en cuanto a la pintura. La música me sirve para visualizar los conceptos lejos del olor a aguarrás y muchas veces estructuro las obras tomando como referencia una canción. The Pixies son muy plásticos, por ejemplo. Dependiendo de lo receptivo que me levante cualquier cosa puede ser una influencia en un determinado momento.

¿Cómo es un día de trabajo?
Afortunadamente no hay un día igual a otro. Hace 25 años trabajaba casi exclusivamente de noche, ahora procuro no llegar más tarde de las once de la mañana al taller y me voy a la hora de cenar. Llego, enchufo una radio Sanyo minúscula que heredé de mi abuelo Pedro, sintonizo lo que pueda y me pongo a pintar. Suelo trabajar una media de 8 ó 9 horas diarias que no siempre son productivas, pero eso es lo de menos. Paro una media hora para comer y sigo hasta que se va la luz por completo.

Cuando llego a casa reviso el trabajo mediante fotografías para tener otra visión diferente. Si el resultado me gusta y me motiva trabajo un poco más en casa, componiendo algún boceto previo o leyendo.

¿Cómo es tu estudio?
Sonará muy tópico decir que es caótico pero en cierto modo es así, y así quiero que sea.  Está cerca de la playa, es un local con techos bastante altos, tiene una atmósfera despejada pero si te fijas bien es un desbarajuste tremendo. Un poco como yo.  Procuro no ordenarlo muy a menudo porque cada temporada, cada nueva serie de obras tiene una energía propia que no quiero que se vea alterada y eso también lo da el entorno. Hay que preservar el hábitat que es donde viven hasta que salgan para alguna exposición. En el fondo todo cuenta aunque no sea de forma tangible o evidente.

¿Qué te gusta de tu vida y qué cambiarías?
En líneas generales me gusta y por eso he elegido vivir de esta forma.  Lo más maravilloso es la libertad que se siente cada día pudiendo hacer lo que te gusta y a la hora que quieras. Obviamente esto no es siempre sinónimo de felicidad, en esto, como en casi todo, hay momentos realmente malos y muchos nudos en la garganta.  No es algo idílico ni fácil.

Me gusta vivir en Cabo de Gata por su aislamiento pero obviamente los estímulos son casi siempre los mismos y algunos días, como es natural, siento la necesidad de otras latitudes.

¿Tres materiales imprescindibles? ¿Tres que no usarías nunca?
Creo que cualquier cosa puede, dependiendo del momento, resultar imprescindible. Y respondiendo a la segunda pregunta creo que, por la misma regla de tres, jamás hay que descartar ninguno.

¿Cuál es la mayor dificultad de un diseñador?
Ir más allá del propio objeto. Pensar en el después, tratar de adivinarlo y acertar.

¿Tu pieza/diseño preferidos?
Cualquiera que no atienda demasiado a las modas y que me lleve lejos. En una obra, lo importante es lo que deja, mucho más que lo que representa. Hay muchas piezas que me han dejado con la boca abierta pero la primera que me viene a la cabeza – aunque quizá no sea la mejor que haya visto- es el exprimidor Juici Salif de Philippe Starck de 1990.

¿Qué te gustaría diseñar que no hayas diseñado todavía?
He diseñado algunas prendas de vestir pero quisiera hacer una colección de camisas estampadas , loquísimas, para gente que le importa todo un bledo. Prendas que sólo se pondrían el 0,001 % de la población.

¿De dónde procede tu inspiración?
No lo sé. No es algo que controle. Me imagino que de todo lo que me rodea y me sucede. Todo queda implícito.

¿Quiénes son tus clientes?
No sé si hay un perfil definido. He tenido clientes muy diferentes. Recuerdo a un chico que acababa de llegar a España a trabajar desde Europa del Este y vivía cerca de mi estudio, no es que el muchacho nadara en la abundancia pero para el cumpleaños de su novia me dijo que quería regalarle un cuadro de los que veía al pasar. Me emocionó tanto que ni se lo cobré con la condición de que no se lo contara a su chica.

¿Sobre qué soportes pintas?
Ahora mismo sobre lienzo. He pintado sobre plástico, paredes, PVC, piel…ya ni me acuerdo de todos.

¿En qué trabajas ahora?
Estoy preparando la primera de las cuatro exposiciones que tendré antes de final de año. Será en Almería. Luego vendrán Madrid, París y muy probablemente Ostende. También estoy pensando en hacer algo en vídeo, aún no sé qué exactamente.

¿Qué cinco palabras te definen?
Inquieto, ansioso, generoso, disperso y vehemente.

¿Qué proyecto recuerdas de una manera especial y por qué?
Hay muchos. Pero me quedo con mi primera exposición individual en una sala de un sitio remoto en Almería. Ilusión máxima como es de imaginar. Tuve a mi padre dando portes tres días porque ya hacía formatos considerables en tamaño. Estuvo colgada quince días y entraron dos señoras y porque se equivocaron. Eso es todo. Lo recuerdo con cariño.

¿Recurres a algunos colores con más frecuencia que a otros?
Sí, tengo predilección por algunos aunque depende de la época. Ahora estoy empezando a usar colores como el azul en todas sus versiones. Esto no lo había hecho jamás.

¿Cómo afecta la luz a tus obras?
Pues he pintado en condiciones lumínicas lamentables. Con tubos fluorescentes que daban como luz de quirófano, con bombillas que lo amarilleaban todo. Ahora intento levantarme pronto y pintar con luz natural para no llevarme sorpresas.

¿Cuál es el mejor consejo que te han dado?
Me viene a la cabeza una frase – que no consejo- de una amigo que ya falleció, el pintor Paco Capuleto. Él siempre decía algo muy simple pero que encierra una verdad monumental: “Para cazar tigres hay que ir donde hay tigres”.

¿Cómo afectan a tu trabajo las redes sociales?
Sin duda, positivamente. La inmediatez y la capacidad de llegar a miles de personas en cuestión de horas era algo impensable hace años. Eso por una parte. También te da la oportunidad de interactuar con gente que de no existir las redes sociales sería casi imposible coincidir.

¿Un edificio, monumento, obra pública que te haya impresionado?
La basílica de la Asunción de Aglona, en Letonia. Creo que tuve el corazón parado desde que entré hasta que salí. No es una obra especialmente grande ni monumental pero creo, que es de los lugares más especiales en los que he estado, por lo diferente -para mí- de sus formas, colores, olores. Nunca lo olvidaré.

Y ahora ¿tú estás dónde quieres?
En un sentido geográfico creo que estoy más donde debo que donde quiero, pero no es algo que me quite el sueño. Me encuentro bien casi en cualquier parte.

* 5 direcciones imprescindibles en la agenda de Manu Muñoz
– La casa de mi abuela
Tate Britain en Londres
Ideal Scotch en Barcelona
El Vino en un Barco en Almería
Tattershall Castle . Embankment. Londres.

Su obra se puede ver en la Galería Blanca Soto, en Madrid y Galería Víctor Lope, en Barcelona.

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