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El libro combina poéticos textos con mapas y fotografíasTres aguas. Cristina Iglesias en Toledo

Un libro que ahonda en la relación entre la ciudad manchega y su río, el Tajo.

Había que dejar un testimonio escrito de uno los proyectos urbanos más ambiciosos llevados a cabo en Europa: La artista Cristina Iglesias ha escarbado en las entrañas de Toledo para abrir una ventana al río Tajo. Con su extraordinaria capacidad para conjugar naturaleza, arte y arquitectura, Iglesias ha recreado el lecho del río, la materia orgánica y el discurrir y borboteo del agua, a través de tres piezas en tres lugares distintos de la ciudad. Como el propio río que surge y desaparece en la tierra, así ocurre con sus obras instaladas en la Torre del Agua, el monasterio de Santa Clara y la plaza del Ayuntamiento. “Me gustaba la idea de sentir que están comunicadas, – señala Cristina Iglesias – una recuerda a la otra y al mismo tiempo, el movimiento del agua hace que cada pieza nunca sea la misma”.

Tanto las imágenes como los textos del libro Cristina Iglesias. Tres Aguas, editado recientemente por James Lingwood, codirector de la fundación británica Artangel y la editorial Turner, llevan al lector a la misma conclusión que la visita de la obra en la ciudad: Iglesias ha subido el alma del río a la ciudad. Tres obras como las tres culturas, cristiana, árabe y judía, que convivieron durante siglos. Recreados con piedra y metal, sus aljibes y estanques de vegetación metálica son una puesta en escena y un homenaje a siglos de ingenio y técnica para subir el agua desde la cuenca del Tajo hasta lo más alto de Toledo. Los paseantes de esta escarpada y pedregosa ciudad monumental se convierten en protagonistas y espectadores de un paseo desde la orilla al centro urbano por tres lugares bañados por creaciones de una exquisita riqueza sensorial. Vasos que se llenan y vacían de agua imperceptiblemente, como las mareas, descubriendo un fondo de residuos vegetales. Una visión ante la que es imposible no quedarse unos minutos absorto, hipnotizado.

El libro combina poéticos textos con mapas y fotografías para que el lector comprenda la profunda dimensión del trabajo realizado. Como escribe James Lingwood, la obra de Cristina es una especie de coreografía, “un viaje por espacios reimaginados que vuelve a relacionar el mundo perdido del río con la ciudad que tienen por encima”. Junto a él, Beatriz Colomina y Marina Warner, aportan los datos y las reflexiones de calidad. Las fotografías de Attilio Maranzano aciertan en transmitir el alma de las obras, que es el propio ser y sentir del agua y la naturaleza, su fluir, la luz y los reflejos, pues para Iglesias “El movimiento y el sonido del agua son dimensiones añadidas al lenguaje escultórico… el agua vela y desvela, refleja o rompe el reflejo. Siempre hay movimiento.”

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