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Estreno

Cine, música y mafia

La última de Clint Eastwood es una película biográfica que narra la historia real de Frankie Valli y su banda The Four Seasons.

Clint Eastwood adapta a la gran pantalla el musical Jersey Boys, que narra la historia de Frankie Valli y The Four Seasons, dando más protagonismo a la historia que a la canciones.

Cuenta la crónica oficiosa de Hollywood que Clint Eastwood decidió adaptar al cine el musical Jersey Boys ante la imposibilidad de rodar un nuevo remake de Ha nacido una estrella con Beyoncé como protagonista. Al parecer, la apretada agenda de la cantante impedía llevar adelante la versión siglo XXI de una historia que ha contado en el cine con los rostros y las voces de Janet Gaynor (1937), Judy Garland (1954) y Barbra Streisand (1976). Eastwood, que ya estaba con las neuronas puestas en modo musical, calmaba su frustración dirigiendo esta traslación a la gran pantalla de un espectáculo que ha ganado cuatro premios Tony y que aún se mantiene en la cartelera de Broadway. Pero al veterano director, que sigue en activo a sus 84 años, le ha salido un musical muy poco musical. El primer tema no suena hasta transcurridos varios minutos de metraje y no es una canción entera, sino un trocito interpretado a capela. A partir de ahí, las canciones se escuchan en su mayor parte incompletas o interrumpidas por diálogos o monólogos, y solo en los créditos finales podemos disfrutar de un auténtico número musical que, a pesar de estar espléndidamente rodado, a los aficionados al género nos termina sabiendo a poco.

Lo cierto es que Clint Eastwood no había rodado nunca un musical porque Bird, la biografía del saxofonista de jazz Charlie Parker que dirigió en 1988, es un biopic con música y no un musical al uso. En Jersey Boys ha repetido fórmula, invirtiendo las claves del género; es decir, dándole un mayor protagonismo a la historia sobre las canciones. A fin de cuentas, Jersey Boys es también una película biográfica, puesto que narra la historia real de Frankie Valli y su banda The Four Seasons, responsables de algunos de los hits más sonados en la década de los sesenta y, según afirman varios cronistas musicales, el grupo más famoso de la historia después de los Beatles. Pero, a pesar de lo decepcionante que pueda resultar la cinta para quienes esperen un musical típico, realmente no es extraño que Eastwood se haya interesado más por el fondo que por las notas. Y es que esta manida historia de grupo que asciende a la fama y termina separándose por desencuentros entre sus miembros, tiene un plus de originalidad en las conexiones con la mafia que Valli y sus compañeros mantuvieron a lo largo de su vida. Todos, según muestra Jersey Boys, participaron en mayor o menor medida en actos delictivos y fueron encerrados, al menos una vez, en la cárcel.

Eastwood ha rodado algo así como una versión con música y un tanto edulcorada de Uno de los nuestros, el genial fresco sobre la cosa nostra de Martin Scorsese. Y a pesar de la escasez de números musicales, de algún que otro bache narrativo y de personajes un tanto caricaturescos (como el mafioso bonachón que interpreta Christopher Walken), el director logra transmitir al conjunto la solidez dramática que una historia así requiere. Clint Eastwood dosifica y alterna con eficacia los momentos emotivos y los cómicos (algunos de ellos realmente divertidos), y hace una brillante recreación de una época y de un New Jersey en el que los jóvenes apenas tenían más salidas que unirse a la mafia, triunfar en la música o terminar muertos. El realizador ha decidido mantener la estructura del musical, haciendo que los protagonistas dialoguen con el público; algo que sobre el escenario crea un lazo de complicidad y permite visualizar situaciones que no se representan y que en la película funciona una veces y otras resulta redundante. Otra elección que también funciona solo intermitentemente es la del protagonista de la película, John Lloyd Young, el mismo actor y cantante que estrenó el musical en Broadway. Lloyd Young imita realmente bien la peculiar voz de Frakie Valli, muy aguda y con un chirriante falsete, pero anda algo falto de recursos como intérprete. A su lado brilla especialmente Vincent Piazza como Tommy DeVito, curiosamente el único actor de los cuatro que dan vida a los miembros de The Four Seasons que no se ha subido a un escenario para interpretar esta obra.

Luces y sombras por tanto en el último trabajo como director de Clint Eastwood. Jersey Boys no es lo mejor de su carrera, pero es un producto eficaz, entretenido, con algunos momentos realmente brillantes y con ese poso de cine clásico al que el director nos tiene tan acostumbrados. La película se estrena el viernes 5 de septiembre simultáneamente en las salas convencionales y en el cine de verano del centro cultural Conde Duque de Madrid, donde se proyectará en sesión sing-along; es decir, con karaoke y animadores para que los espectadores puedan cantar las canciones junto a sus intérpretes. Muchos de los que asistan a esta sesión seguramente descubrirán que The Four Seasons y Frankie Valli son los primeros intérpretes de muchas canciones que otros han versionado después, como Sherry, Big Girls Don’t Cry o la archiconocida Can’t Take My Eyes Off You. A mí, desde luego, me falta una canción para que el disfrute sea completo. Beggin, mi tema favorito de The Four Seasons, que sí está en la versión teatral de Jersey Boys y que en la cinematográfica se ha quedado entre los descartes. Una pena, sin lugar a dudas.

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