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Jardín de la Fonte Baixa, en Luarca

Es el capricho de un profano con un gran sentido técnico, estético y botánico. Un lugar para perderse.

El Jardín de la Fonte Baixa es también conocido como Jardín de Panrico, debido a que su creador fue uno de los fundadores de la empresa que popularizara el donut en España allá por los años 60. José Rivera (Marqués de San Nicolás de Nora) me recibe una tarde lluviosa; empresario, anticuario, amante de las plantas y de Asturias,  es una persona inquieta y con sensibilidad que hace 25 años decidió comprar unas tierras frente al mar de Luarca, edificar una casa y plantar un bosque-jardín en sus 12 hectáreas. Se trata de un jardín ecléctico, colorista  y singular proyectado con la ayuda del paisajista y viverista Rafael Ovalle (uno de los mayores  productores de camelias de Europa).

Comienzo el paseo por un camino flanqueado por hortensias y abedules. El jardín, visitado por miembros de jardines botánicos de todo el mundo y recientemente por un grupo de jardineros de la reina de Inglaterra, está plagado de caprichos que José Rivera ha ido recopilando en su época como anticuario, un campanario de una iglesia cercana, columnas del siglo XVIII que enmarcan las vistas al mar, de la iglesia de Luarca y del cementerio donde está enterrado Severo Ochoa, una fuente portuguesa de mármol rojo, totems pintados de añil que se entremezclan con diferentes especies de árboles centenarios, un fauno colocado en una gruta que recuerda a los jardines de Bomarzo, una gran pirámide en la parte más alta del mismo desde donde se divisa Luarca, el cantábrico y un sin fin de esculturas situadas en lugares estratégicos que sin duda te hacen viajar a otras épocas.

En este jardín atlántico encontramos más de 500 especies de plantas algunas tropicales, como los helechos de Tasmania y la gigante gunnera manicata de Brasil que crecen gracias a las temperaturas subtropicales de la zona y al micro clima que crearon con los leilandis (ciprés de Ceylan) que sirven de pantalla para proteger las diferentes especies de los vientos y el salitre. Otras zonas son de especies de suelo ácido, como los rododendros, las azaleas y las camelias, estas últimas presentes en todo el jardín en todas sus variedades y colores formando setos kilométricos; las alfombras que crean los pétalos de las flores al caer es uno de los acontecimientos más bonitos y sorprendentes del paseo.

Para la formación del jardín se plantaron árboles de cierto tamaño y se trajeron especies singulares de otros lugares, como un castaño de 700 años trasplantado de una mina romana; una camelia de 200 años;  rododendros y olivos centenarios plantados en alineaciones. Los caminos que desembocan en miradores al mar se crearon siguiendo los que naturalmente hacían los animales que habitaban esos prados. También, dentro del recinto, hay tres lagos repletos de nenúfares y papiros, abastecidos de agua por un pequeño arroyo naturalizado y, atravesando puentes restaurados que se colocan por el mero placer de ser observados, se completa uno de los paseos posibles por este singular jardín singular que necesitaría de varias visitas para poder descubrir cada rincón.

Lejos de los cánones academicistas del paisajismo tradicional y realizado con un gran sentido técnico, estético y botánico, El Jardín de Fonte Baixa es un lugar inesperado y maravilloso recomendable para visitar en cualquier época del año.

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Álvaro Sampedro es paisajista.
Más información en: A.S Paisajismo

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