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Jardines de la Alhambra, también en invierno

La belleza de este conjunto paisajístico es tan increíble, que siempre merece una visita.

Había estudiado los jardines de La Alhambra en una asignatura llamada ‘Historia del jardín’ en la Escuela de Paisajismo, y los había visto desde el granadino barrio del Albaicín, situado junto enfrente del recinto, pero confieso que nunca los visité al completo. Pese a la profusión de fotografías y explicaciones recibidas, solo una vez que estás allí entiendes porqué los de la Alhambra son unos de los jardines más visitados del mundo. Para mí, también, han sido un descubrimiento y por fin he cumplido una asignatura pendiente. 

La visita comienza en la subida hacia los palacios Nazaríes. Lo que primero llama mi atención son las conducciones de agua que vienen de la montaña y que van a servir de riego, climatizador y que, también, son los responsables del grato rumor que me acompaña por todo el recorrido.

La Alhambra, estratégicamente situada en un alto a los pies de Sierra Nevada, está conformada por varios palacios que tardaron 150 años en construirse, impresionantes monumentos de ingeniería, y con la característica común de que cada uno tiene su patio o su jardín como evolución del huerto. El objeto de estas zonas ajardinadas no es otro que el de ser contempladas y paseadas. Una perfecta armonía entre luz, agua, arquitectura y vegetación.

La arquitectura se incorpora al jardín, el jardín entra en los edificios para fusionarse en una sola estancia, esto se consigue mediante canales de agua que hacen de hilo conductor entre salones, patios y fuentes. Las fuentes y láminas de agua se disponen por todas partes como si fueran espejos, espejos de aumento de una arquitectura singular y a la vez simple, de colores tierra y blancos rotos, ordenados por el ladrillo y la teja, edificios rodeados e integrados con casi toda la gama de verdes.

En cuanto al tipo de plantas, las especies que alberga son de lo más diverso; árboles como cipreses que acercan el paraíso terrenal al cielo, en algunos casos podados en cuadrícula y en forma de muralla; granados ahora sin hoja aguantan el fruto; magnolios, naranjos, limoneros con frutos a punto para un buen zumo; palmeras (algunas tristemente afectadas por el gusano picudo rojo). Y en el segundo sustrato, el de arbustos, nos encontramos mirto (arrayán) de aroma sutil en primavera; boges dejados a su caer sin estrictas podas, aromáticas, hiedras, y diferentes especies de flor como agapantos, tulbaghias

El patio de los Arrayanes bajo la torre de Comares es un tratado del paisajismo más contemporáneo. Con solo una lámina de agua rectangular solada en mármol blanco y flanqueada a ambos lados por un seto de arrayán (mirto), se consigue crear un ambiente mágico y más de uno se emocione al contemplarlo. El agua a modo de espejo refleja sendas portadas de arcos y mocárabes.

Mención especial, cómo no, merece el Generalife. El palacio de verano de los monarcas de Al-Andalus, se encuentra en la parte más alta del complejo y se compone de una zona de huertos, ahora en invierno con grandes plantas de alcachofa, frutales y diferentes tipos de borraja; una zona muy estructurada en el jardín frontal de cipreses y naranjos en tonos a unas fuentes, dos patios con zonas de agua, granados, naranjos y arrayanes, todo ello con las mejores vistas del barrio del Albahicín, la Alcazaba y los palacios Nazaríes.

Al verlos por primera vez, los dos patios de el Generalife sobrecogen; el primero es una acequia de ladrillo con chorros perfectamente dispuestos y con la curvatura ideal para que el rumor del agua parezca formar parte de la composición, casi desde antes de construirlo. Arcos con vistas al resto de edificios de la Alhambra y al Albaicín que refleja un sol de invierno anaranjado, los arriates con granados bordeados de arrayanes y macetones sabiamente dispuestos con bog.

Al salir del complejo histórico nos encontramos con el teatro de la Alhambra, de nueva construcción y para mí, un ejemplo de paisajismo e integración de un edificio en un entorno ya de por sí impresionante. También me parecieron muy interesantes para zonas secundarias los bosques de bog y arbutus unedo (madroño) que se ven desde los paseos de Cipreses.

El plan ideal para poder disfrutar de esta maravilla noche y día es alojarse en el parador que se encuentra dentro de la Alhambra.

(Mi agradecimiento a mi hermano Ignacio que me aguantó estoicamente durante todo el recorrido).
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Álvaro Sampedro es paisajista.
Más información en: A.S Paisajismo

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