El Hedonista El original y único desde 2011

“Creo que moriré de poesía”.Nicanor Parra

Menu abrir sidebar

Escapadas

3 escapadas en Semana Santa… y un regreso sin atascos

Un buen libro y nos subimos al tren para disfrutar unos días tranquilos.

Fieles a nuestra máxima de no complicarnos la vida innecesariamente, proponemos 3 escapadas para Semana Santa: cerquita, tranquilas y sin atascos. Elegimos Cáceres, porque este año la ciudad extremeña se viste de gala y pimentón para celebrar su capitalidad gastronómica; Tarragona, porque a estas alturas del año nos apetece asomarnos al Mediterráneo y la antigua Tarraco nos fascina por su cultura e historia; y elegimos también Segovia, porque es una ciudad limpia, cuidada, civilizada y llena de paseos interesantes y bucólicos. Nos basta comprar un billete de tren y partir. Partir tranquilos, con un buen libro, a disfrutar de principio a fin de unos días de vacaciones.

Cáceres 
Si ya teníamos motivos para visitar uno de los conjuntos monumentales mejor conservados de Europa, este año tenemos uno más. Cáceres es la Capital Española de la Gastronomía en 2015. Esta ciudad Patrimonio de la Humanidad ha programado decenas de iniciativas para mostrar su potencial gastronómico y presumir de chefs creativos: jornadas de degustación dedicadas a los productos ibéricos, la cocina sefardí, la conventual, la transfronteriza o la caza; rutas gastronómicas por la ciudad, como la que recorre la Judería Vieja y la Judería Nueva, con una amplia oferta cultural que incluye la Sinagoga de la Judería Vieja (actual Ermita de San Antonio), el Centro Turístico “Baluarte de los Pozos” o la Sinagoga de la Judería Nueva (actual Palacio de la Isla), y varias Rutas de Tapas.

En la cocina cacereña hay recetas legadas por los romanos, los árabes y los judíos, que mezcladas con las propias de la cocina tradicional española crean una auténtica cocina fusión de culturas. Los dulces merecen capítulo aparte: en el Convento de las Jerónimas las monjas de clausura elaboran perrunillas, alfajores, tocino de cielo, trufas, milanesas y nevaditos y en el Convento de San Pablo, las deliciosas yemas de San Pablo.

Para quien desee darse un homenaje, el restaurante Atrio, con dos estrellas Michelin y tres soles Repsol, es un destino por sí solo. Atrio cuenta con una bodega con 3400 referencias. Y Atrio es además un maravilloso hotel Relais & Chateaux 5 estrellas diseñado por Tuñón y Mansilla, Premio FAD de Arquitectura en 2011.

Otros restaurants imprescindibles son la Torre de Sande, El Figón de Eustaquio, Eustaquio Blanco, El Corregidor, Botein, Javier Martin, La Cacharrería, El Requeté, Madruelo, Mastropiero, Oquendo y Cayena.

Tarragona
Aunque aún no haga tiempo como para tirarse en la playa, nos apetece respirar el aire y empaparnos de la luz del Mediterráneo. Tarragona está a dos pasos en tren. Es cierto que uno se encuentra un poco desvalido cuando llega a esa estación, Camp de Tarragona, en mitad de la nada, pero ya nos apañaremos para llegar al centro.

Una vez allí, descubrimos la ciudad de la Historia: las murallas de la antigua Tarraco son la construcción romana más antigua de Europa fuera de la península itálica. En Tarragona la historia sale de las piedras y de los libros, y cobra vida. La ciudad ha ido especializándose en actividades de reconstrucción histórica. Para los niños, es una lección de historia en vivo y en directo: arqueólogos, historiadores, guionistas, narradores y figurantes trabajan intensamente para divulgar y compartir la historia de la ciudad y de nuestra civilización clásica. Tarraco era una pequeña Roma, una ciudad portuaria, abierta al Mediterráneo, donde se hablaban multitud de lenguas, con un clima especialmente agradable: un buen lugar donde vivir y prosperar. Este es aún hoy en día el espíritu de la ciudad. Caminando por las calles y plazas de la ciudad medieval o contemplando el horizonte sobre el Mare Nostrum, puede revivirse la ciudad agradable y benefactora que sanó a un emperador: Augusto.

La web de Turismo de Tarragona es una mina de información. Nos propone 10 vistas indispensables, entre ellas la Catedral y el Anfiteatro y Circo romanos, y el Serrallo, el barrio típico de pescadores, donde se subasta por la tarde el pescado capturado durante el día: un barrio pintoresco, con su propia personalidad y con restaurantes con encanto, donde degustar los mejores pescados y mariscos de Tarragona. Y nos propone también varias rutas para conocer la ciudad romana, la medieval, la modernista y la de los primeros cristianos de Tarraco. Incluso varias muy interesantes cerca de Tarragona.

Los tarraconenses están orgullosos de sus castells, la famosa construcción de torres humanas, originarios del Campo de Tarragona y el Penedés. En Tarragona hay cuatro colles castelleres y en la ciudad se viven y se respiran los castells. Para levantarlos, todo el mundo es necesario y tiene su lugar, desde los más mayores, a los más pequeños. Sin cap, no se levantan; sin valor, tampoco.

Y están orgullosos también de su cocina, y no es para menos. En invierno, un simple suquet de bocanegra con patatas con alioli, o un romesquet, se convierten en un manjar de dioses. La cocina tradicional de Tarragona lleva los pies descalzos y huele a mar y a huerta. La salsa por excelencia es el romesco (nuestra salsa favorita, cuando está bien hecha, que es harto difícil). Los ingredientes no pueden ser más mediterráneos: aceite de oliva, tomates asados, almendras o avellanas. La clave no es ningún secreto: un buen producto, respeto y autenticidad. Es entonces cuando menos, es más.

Hemos pedido a nuestros amigos tarraconenses (buenos gastrónomos y expertos en vinos, buenos cocineros ellos también) que nos recomienden algunos de sus restaurantes favoritos. Estos son: Les Coques, AQ, El Quim i la Quima (¡damos fé de que cocinan de fábula!), El Llagut, todos ellos en la parte alta de la ciudad. En el puerto de pescadores: La Puda. Y además, El Terrat y Barquet (¡bons arrossos!, nos advierten). Nos apuntamos también a éste último, ¡nos encanta el arroz! Y para el vermouth, que aquí es sagrado, y el tapeo, hay que recorrer la Plaça del Fòrum y la Plaça de la Font en la Parte Alta.

Segovia
La pequeña ciudad castellana nunca defrauda, y menos estos días de primavera en los el azul limpio de los cielos altos de Castilla y el color rubio de la piedra caliza de Bernardos dialogan para iluminar uno de los escenarios más bellos de Europa. Nos referimos, claro, al casco histórico y a la ciudad que en torno a él se articula; la ciudad nueva, la que creció con el desarrollismo de los años 70, poco o nada merece la pena.

En Segovia lo obvio funciona. Y es que en este caso lo obvio resulta apabullante, en un paseo se inicia a los pies del Acueducto, continúa ascendiendo la calle Real que lleva hasta la plaza Mayor, en la que se ubica la última catedral gótica construida en nuestro país, (la dama de las catedrales, le dicen por su altura) y desde la que se toma la calle Daoiz para desembocar en el inconfundible Alcázar (cuya imagen nocturna hemos elegido para ilustrar este reportaje). La primera vez que se hace este paseo, que sin detenerse no dura más de 30 minutos, uno queda con la boca abierta. Esto es lo que se llevan puesto los viajeros de un día, los que llegan de mañana en poco más de 20 minutos en tren desde Madrid o desde Valladolid y regresan al atardecer con las retinas cargadas de belleza.

Pero hay un viajero más pausado, y para éste, que pernocta y gasta más de un día, Segovia guarda secretos inolvidables que traspasan los ojos y permanecen en el recuerdo. Es esta una Segovia escondida, íntima y bucólica que nos descubre la escalonada plaza de Juan Bravo, un conjunto renacentista que se nos antoja de los más bellos del mundo en su tamaño; que nos invita a visitar las innumerables iglesias románicas, con atrios impecablemente conservados que nos invitan al descanso; que por el día nos lleva de visita a la zona baja de la ciudad, al barrio de San Marcos, para visitar el jardín El Romeral, proyectado por el desaparecido paisajista Leandro Silva; y de ahí a la Alameda por la que un día pasearan su amor Antonio Machado y Guiomar, para terminar en la plaza del barrio de San Lorenzo, un conjunto medieval donde se demuestra que es posible provocar la emoción desde la humildad.

Tras un paseo de buena mañana, el aperitivo se hace imprescindible en La Concepción. Para el almuerzo, la propuesta gastronómica de la ciudad hace gala de la sobriedad castellana, donde lo de la cocina de proximidad lleva siglos de ventaja y donde los buenos productos mínimamente intervenidos siempre acaban con el comensal satisfecho. El cochinillo y el cordero donde mejor se comen, y con diferencia, es en José María; acompañados de poco más que una ensalada. De postre, cómo no, ponche segoviano, un dulce sorprendente y exquisito.

En Semana Santa, las procesiones recorren la ciudad con ese rigor castellano que sobrecoge; los pasos encuentra en el diseño urbanístico de la ciudad medieval su mejor escenario. Una vez apagado el fuego de cirios y el sonido de tambores y dulzainas, la ciudad ofrece en la noche paseos bucólicos que se hacen recomendables de la judería a la canongía a luz de la luna llena de esos días. Y al final, el deseo de volver, una y otra vez a esta amable y elegante ciudad.

2 respuestas a 3 escapadas en Semana Santa… y un regreso sin atascos

  1. me gustaría recibir material periódico sobre viajes, escapadas, etc

    • GABRIELA dijo:

      Carlos, más abajo verás que tienes la opción de sumarte a nuestra lista de correos u optar por recibir un email con cada nuevo post. Y en el índice, bajo “hallazgos”, encontrarás todas las “escapadas” publicadas. Gracias, un saludo.

Escapadas

Escapadas

Rincones de Formentera

Gabriela Domingo

Si no le queda más remedio que visitar la isla pitiusa en pleno verano, intente encontrar un hueco en uno de estos rincones espectaculares. leer

Escapadas

Wadi Rum, planeta rojo

Gabriela Domingo

Si puedes prescindir tres días de una ducha en condiciones, adéntrate en el desierto. La recompensa: paisajes alucinantes solo para tus ojos. leer

Todo esto
y mucho más
en Escapadas
+