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4 grandes viajes a la naturaleza

Cada uno de estos viajes es una aventura vital. Conviene ir ahora, cuando aún son paraísos vírgenes.

Hablábamos hace unos días de nuestros destinos cercanos favoritos. Hoy formulamos una lista de deseos de grandes viajes. Esos para los que hace falta ahorrar y disponer de tiempo, y que requieren cierta logística y organización, además de una buena condición física. Entre los miles de destinos a nuestro alcance, elegimos cuidadosamente 4 grandes viajes a 4 grandes espacios naturales. Porque este año hemos decidido salir en busca de la Naturaleza. Con mayúsculas.

Y la encontramos en Perú, Chile, Madagascar y Filipinas. Cuatro países con vastos territorios vírgenes que queremos recorrer paso a paso, que es la mejor manera de enfrentarnos a esta gran aventura. Haciendo una parada para sumarnos a una fiesta popular en Colca en Perú, o para comprar un jersey tricotado a mano en la isla de Chiloé en Chile, para contemplar el atardecer en una avenida de baobabs en Madagascar o tumbarnos en una playa paradisíaca sólo para nosotros en una de las más de 7.000 islas que forman las Filipinas.

Perú
Desde el lago Titicaca hasta el Valle Sagrado y Cusco, “el ombligo del mundo”, descubrimos vestigios de un gran pueblo, el inca. Ciudades perdidas, fortalezas, sitios funerarios, observatorios…., todos testigos de un pasado grandioso. El Qhapaq Ñan, el Gran Camino Inca, con más de 60.000 kilómetros de caminos longitudinales y transversales a lo largo de la cordillera de los Andes, recorre seis países de Latinoamérica: Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Argentina y Chile. Más de 10.000 kilómetros siguen activos hoy en Perú, uniendo localidades donde las carreteras modernas no llegan, con la actual Plaza Mayor de Cusco (Huacaypata) como punto de partida.

La región de Cusco, más allá del imprescindible Machu Picchu y el Valle Sagrado de los Incas, es una región rica en naturaleza y cultura. El valle aislado de Lares nos abre las puertas a una región poco frecuentada, con relieves impactantes, donde apenas nos topamos con algunos campesinos y sus rebaños de lamas. La caminata por Salkantay, por caminos poco trillados, nos lleva hasta el mítico lago Titicaca, donde la vida transcurre apacible, y al vertiginoso cañón del Colca, donde planea el cóndor majestuoso, o a las salinas de Maras.

El Perú tropical ofrece una fauna y flora de extraordinaria diversidad. El corazón de esta región se encuentra en San Martín, de donde proviene la principal producción de cacao del país, a lo largo del río Huayabamba. En canoa llegamos hasta las pequeñas aldeas donde descubrimos las tradiciones de los pequeños productores comprometidos con la sostenibilidad. Dormir en la selva es una experiencia única: los sonidos despiertan en nosotros sensaciones y emociones olvidadas.

Lima es parada obligada antes o después de recorrer el Gran Camino Inca. Y cómo no, en Lima se encuentran algunos de los mejores restaurantes del mundo. Somos adictos a la riquísima comida peruana, desde el ceviche hasta el tradicional pisco sour.

Chile
A lo largo de los 4.000 kilómetros de esta franja estrecha, entre el Pacífico y la cordillera de los Andes, desde el mítico desierto de Atacama hasta Tierra de Fuego, se extienden paisajes vírgenes que nos sitúan en los confines del mundo. Recorrer Chile a pié es una aventura vital. Merece la pena abandonar por unos días nuestra “zona de confort” para reencontrarnos con la Naturaleza, y con nosotros mismos, en estos paisajes majestuosos: desde tierras australes, los confines del mundo habitado, Ushuaia y Tierra de Fuego, allá donde la Antártida es la única tierra cercana, hasta la infinidad de la Patagonia, las impactantes Torres del Paine, sus lagos turquesa, sus montañas de granito y la Pampa salvaje. En esta tierra extrema, aquellos que deseen ir más allá en su espíritu explorador, podrán embarcarse en una navegación a vela hacia el mítico y temido Cabo de Hornos. Y hacer realidad su sueño de viajar hasta la Isla de Pascua, otro confín del mundo, a 3.800 kilómetros de tierra firme. Acercarse a pie hasta los Moaïs, esos enigmáticos gigantes de piedra, rodeados de un paisaje pelado, es toda una aventura.

El gran norte chileno es un mundo mineral, caracterizado por la presencia de uno de los desiertos más áridos del planeta: el desierto de Atacama. Los paisajes extraordinarios surgen de una actividad geológica intensa: cañones, salares, géyseres y fumarolas. La energía que transmite la tierra en esta parte del mundo es intensa, hasta el punto de que uno tiene la impresión de no necesitar dormir. En la cordillera de los Andes, sin embargo, la vida brota junto a las lagunas de color azul turquesa y verde esmeralda. El cóndor, el puma y los flamencos rosas conviven en calma a los pies de volcanes. Desde Calama, atravesamos el desierto para descubrir las maravillas del Altiplano: San Pedro de Atacama, los géyseres de Tatio, la laguna de Miscantiel Salar de Atacama.

Madagascar
De entre todas las maravillas que nos ofrece África, este año elegimos Madagascar, la “Isla Roja”, también conocido como el “otro continente”. Un país con una naturaleza única, con impresionantes relieves como el macizo de Isalo y el de Ankarana, las rocas calcáreas de Tsingy de Bemaraha plagadas de grutas insondables y sagradas, un auténtico lugar de leyenda; las tierras altas rojas tan características de la meseta central y las maravillosas y bellísimas playas del sur, o las del norte, una costa virgen donde uno puede dormir al raso en la arena, pasear y nadar en las paradisíacas playas de Nosy Iranja y Nosy Komba.

Madagascar es también un destino perfecto para los amantes de la vela: Nosy Be es un pequeño paraíso al norte de Madagascar, y el encuentro allí con los pescadores de Vezo, un acontecimiento inolvidable.

Madagascar no deja de sorprender: valles cultivados, altiplanos, cascadas desbordantes, acantilados vertiginosos…. Con culturas desconocidas, como las etnias Zafimaniry, Betsileo y Tanala; con tradiciones ricas, como la malgache, un pueblo sumamente acogedor, y aldeas y mercados pintorescos entre arrozales y a lo largo de la vía del ferrocarril.

La península de Masoala pertenece a la selva húmeda de Atsinanana, patrimonio mundial de la Unesco donde habita el lémur rojo. Allí se encuentra un excepcional macizo coralino, en la laguna del parque marino, accesible a pie o en kayak. La estancia en un ecolodge de Masoala es una experiencia excepcional.

Filipinas
Filipinas es un vastísimo archipiélago de más de 7.000 islas, uno de los grandes tesoros aún sin explotar del sudeste asiático
. El único país de esta región donde la cultura española aún pervive, en forma de edificios históricos, fiestas religiosas y costumbres.

La isla principal de Filipinas, Luzon, está llena de tesoros naturales poco conocidos: el volcán Pinatubo, los arrozales de Banaue, según muchos, los más bonitos del mundo, el paisaje lunar de lago y el volcán Taal, al que se puede acceder a lomos de un caballo, y cuyo cráter burbujea despidiendo olor a azufre; las playas paradisiacas de la preciosa bahía de Puerto Galera… En el archipiélago de Palawan descubrimos un laberinto de islotes salvajes, bosques tropicales y aguas cristalinas rebosantes de peces tropicales, playas magníficas de arena blanca con lagunas interiores.

Necesitaríamos varias vidas para conocer las islas y playas de Filipinas. Nos limitaremos a citar las más bonitas, y no exageramos si decimos que son también las más bonitas del mundo:
Negros. Desde Dumaquete, la capital regional de Negros Oriental, se alcanza en una hora la isla de Apo, un número uno en buceo en la bahía de Tambobo. La isla de Siquijor y Sugar Beach, a 4 horas de viaje, son el paraíso en la tierra.
El Nido. Formaciones calizas espectaculares para los amantes de la escalada, y playas donde puede que el único habitante seas tú.
Boracay. La joya de la corona de las playas filipinas. Esta franja de 5 km de arena blanca te deja boquiabierto. Se ha hecho tan famosa, que ahora las fiestas sobre la arena se suceden, pero en cuanto uno se aleja un poco, vuelve la tranquilidad. Favorita también del kite surf.
Cebú. Se llega en vuelo directo desde Hong Kong o Singapur, así que conviene alejarse en coche hasta el norte de la isla y acercarse en bote hasta la isla de Malapascua, un paraíso del buceo, con la playa cegadora de Bounty Beach a tus pies.
Bagupud. No es fácil llegar hasta aquí, en la punta más septentrional de la isla de Luzón. Pero merece la pena. Un recorrido inolvidable hasta llegar a la Blue Lagoon, donde en un mismo lugar confluyen la playa más blanca y deslumbrante con el agua más azul.
Siargao. El mejor lugar de Filipinas para surfear. Un poco más lejos, al nordeste, se llega a Burgos (sí, Burgos), una playa de arena empolvada, suave, con olas perfectas y palmeras a lo largo de 3 kms.

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