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Siempre hay un lugar para cada momento5 claves para tu viaje perfecto

Depositamos muchas expectativas e invertimos mucho tiempo y dinero en viajar. Repasamos 2015 para acertar de pleno en 2016.

Antes de completar nuestra lista de deseos para el año próximo, nos vamos a detener un momento en hacer balance de nuestros viajes en el 2015. Aunque a todos nos gusta presumir a la vuelta de lo bien que lo hemos pasado, admitimos que algunos viajes han dejado más huella que otros.

Un viaje nos pone a prueba, a nosotros y a nuestra relación con nuestros acompañantes y con un entorno nuevo y desconocido. Ni siquiera es necesario someternos a condiciones de extrema dureza, como escalar el Himalaya o recorrer el desierto teniendo que racionar el agua y sin poder utilizar un baño decente ni darnos una buena ducha durante 15 días. Basta con que nos encontremos atrapados en un hotel de playa y no pare de diluviar en toda la semana para que nos subamos por las paredes y acabemos jurando en arameo. Tantos días de vacaciones perdidos, un dineral tirado por la borda…. ¡nunca más!

Sí, en un viaje pueden ocurrir cientos de imprevistos. Pero tener en cuenta algunas sencillas claves nos permitirá arrancar con más probabilidades de éxito. Aunque cuando soñamos en viajar siempre nos centramos en el “dónde”, lo determinante resulta ser el “cómo”, el “cuándo” y el “con quién”. Cualquier destino, por muy paradisíaco e interesante que sea, se nos puede gafar si lo visitamos en su peor momento del año, en nuestro peor momento vital o en la compañía inadecuada. Y a la inversa: lugares que pasan desapercibidos, de los que nadie habla ni aparecen en las listas que publica anualmente Lonely Planet, pueden darnos grandes alegrías.

Ante todo deberíamos hacernos una pregunta fundamental antes de hacer la maleta: ¿realmente tengo ganas de salir de viaje precisamente ahora y a este destino en concreto? Escaparse en un puente largo, en Navidad o Semana Santa no es una obligación; no vamos a ser menos si en lugar de ir de compras prenavideñas a Londres o a Dubai decidimos ir de excursión con los niños o con los amigos a la sierra de Madrid. Viajar no debería convertirse en un objeto de consumo más, ni mucho menos ser un signo de distinción social.

Dónde viajar
Olvidémonos de seguir la corriente. No nos empeñemos en visitar a toda costa los lugares de moda, la ciudad donde se celebra la Expo o pretendamos calcar el viaje de novios de “la pareja del año”. Conocernos y saber bien lo que buscamos y nos conviene en cada fase de nuestra vida nos ayudará a elegir bien nuestro destino y hará que el viaje se convierta en una gran experiencia, emocionante y enriquecedora.

Es posible que estemos saturados de ruidos y prisas y deseemos perdernos en la soledad de los grandes espacios, o que necesitemos unas vacaciones activas, regeneradoras y de puesta a punto. Quizá una gran ciudad donde empaparnos de arte, música y vida nocturna sea la mejor opción para sacudirnos la monotonía. O por el contrario, lo que nos pida el cuerpo sea un plan descomplicado: un pueblo cercano con una vereda a lo largo del río y una plaza al sol donde pasear, conversar y recuperar el valor de las cosas sencillas. Hay millones de lugares en el mundo aptos para cada momento concreto de nuestras vidas.

Cuándo viajar
También los destinos tienen sus días buenos y sus días malos. Nueva York, por ejemplo, luce su mejor cara en otoño durante el indian summer. Los fines de semana, los vecinos sacan sus trastos a la calle para venderlos en los mercadillos del barrio y suena la banda de jazz y huele a salchichas en los puestos de comida al aire libre. Es también la temporada alta de conciertos, ópera y festivales de danza y cine, y la mejor época del año para pasear por Central Park o hacer una escapada a los radiantes colores otoñales en Upstate New York o Connecticut. En cuanto empieza a colarse el gélido viento del norte, preferimos huir de la Gran Manzana. El Caribe es perfecto en invierno y a nadie se le ocurriría ir durante la temporada de huracanes, en torno al mes de septiembre. Con los monzones es complicado acertar, más aún ahora con la influencia del cambio climático: las lluvias torrenciales pueden seguir inundando zonas de la India, Birmania o Tailandia incluso bien entrado diciembre. A Ciudad del Cabo en Sudáfrica hay que ir impepinablemente en sus meses de verano, cuando las playas de Clifton Bay se llenan de cuerpos estupendos y las terrazas permanecen abiertas y animadas por la noche. Y Kioto no queda más remedio que visitarlo durante la floración de los cerezos, aunque tengamos que hacernos hueco como sea entre millares de japoneses. Sentarse en la hierba bajo un cerezo llorón es belleza en estado puro, y además los japoneses son el pueblo más educado del mundo. A diferencia de los chinos, jamás te empujarán ni se abrirán paso a codazos para hacerse con un trozo de césped.

Cómo viajar
Siempre, siempre ligeros de equipaje. Esta es nuestra máxima. Luego, cada cual sabe qué medio de transporte le gusta más. A nosotros, que nos entusiasma la navegación a vela, no nos encontrarán jamás a bordo de un megacrucero, lo más parecido a un pase de diapositivas con la grande bouffe incluida. Nos fascina en cambio el tren, rápido si es para una escapada corta de fin de semana, lento como el Transmongoliano o el Andean Explorer si es para conocer gentes y culturas. Hemos acabado por odiar el avión, no por el hecho de volar, sino porque es una tortura someterse a los cada vez más agresivos registros y sobeteos en el control de seguridad de los aeropuertos. En la medida de lo posible, si tenemos que hacer escala, elegiremos aeropuertos medianos y evitaremos a toda costa las escalas en monstruos antipáticos como Heathrow, Charles de Gaulle y Frankfurt. El aeropuerto de Munich es una excelente opción para volar a Europa central, Roma Fiumicino lo es para el sudeste Europeo, y los aeropuertos de Doha y Dubai facilitan mucho los vuelos largos a Asia. Volar a Japón por Helsinki también es una opción muy cómoda: el vuelo se acorta atajando por el polo norte.

Dentro del “cómo viajar” entra en juego también la forma en que nos desenvolvemos en un destino. No nos comportamos igual ni vestimos igual ni nos dirigimos igual a las personas en Londres que en el Cairo o en Guatemala. Tampoco dejamos el grifo abierto en lugares como Formentera o la isla de Djerba en Túnez. De nuevo, una máxima: donde fueres haz lo que vieres. Informarnos a fondo, antes de partir, sobre las costumbres, hábitos, creencias o mitos de las gentes a las que vamos a visitar nos puede ahorrar muchos disgustos y nos permitirá ser bien recibidos y adaptarnos sin roces al lugar. Por ejemplo, algo tan banal y asumido en nuestra cultura como hacer fotos es tabú entre muchos pueblos. No guardo ninguna imagen (salvo las indelebles, en mi memoria) de un viaje en solitario por Guatemala, hace quince años. A mi vuelta leí en la prensa que en la Sierra de los Cuchumatanes, un lugar fronterizo con el estado mexicano de Chiapas que acababa de visitar, atacaron a unos turistas japoneses por hacer fotos a unos críos. Los mayas creen que las almas de los bebés son frágiles y susceptibles de abandonar el cuerpo. Para ellos, fotografiar a un bebé es un crimen. Y se toman la justicia por su mano.

Con quién
Otra máxima, y esta con mayúsculas: más vale solos que mal acompañados. Sí, en los viajes, como en la vida, la compañía importa, y mucho. Saber distinguir y elegir bien a los compañeros de viaje es quizá la tarea más complicada. Si viajamos en grupo, basta con que alguien no deje de protestar para que nos acabe fastidiando el viaje: que si se marea en el barco, que si le pican los mosquitos, que si la comida local es un asco, que si hace frío o hace calor. Los peores compañeros de viaje son los que tienen miedo a lo desconocido y lo diferente, los desconfiados y los prepotentes. Los que creen que por llevar dinero en el bolsillo son superiores a la gente que les acoge. Los que se comportan como las hordas de Atila. Los que viajan para hacer turismo sexual, sean hombres o (cada vez más) mujeres, aprovechando que el mercado está barato. No digamos los pederastas que abusan de niños y niñas en países menos desarrollados donde los gobiernos hacen la vista gorda ante semejantes atrocidades.

Malas compañías son también las aéreas, véase Spanair, Air Madrid o Air Comet, que quiebran y te dejan sin navidades en familia en Ecuador. O el capitán del Costa Concordia, el primero en abandonar un barco que se hunde. Felizmente, son más las buenas compañías y siempre nos quedará la estupenda opción de viajar solos o encontrarnos en cada destino con los mejores cicerones, la gente del lugar que ama su pueblo y estará encantada de enseñárnoslo e incluso de abrirnos su casa, como ocurre en tantos países musulmanes.

Y tener siempre a mano un plan B
Ya decíamos que en un viaje puede ocurrir de todo. Así que la condición para que no se nos tuerza es: mucha tolerancia, gran capacidad para improvisar y en caso necesario, pasar al plan B. ¿Que estamos en Bangkok y pretendemos ir a las playas de Krabi en Tailandia y el parte meteorológico da lluvias torrenciales? No importa, tomamos un vuelo al norte, a Chiang Mai, y nos apuntamos a un curso de cocina, contratamos un trekking por el Triángulo de Oro y nos damos un masaje thai al día por 7 euros. Con tiempo y espacio para la improvisación, todo es posible.

Si al cabo del tiempo recordamos un viaje con emoción, si hemos hecho amigos, si regresamos siendo menos xenófobos y mejores personas y hemos dejado buenos recuerdos entre las gentes que hemos visitado, nuestro viaje habrá sido un éxito. A partir de aquí, empecemos a programar nuestros destinos para el 2016. Feliz viaje!

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