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Las virtudes de una de las ciudades más bellas de la Unión Europea5 razones por las que Madrid puede envidiar a Liubliana

La capital de Eslovenia es también la Capital Verde Europea 2016, una designación merecida

Madrid gusta, sobre todo a los que no han nacido en esta ciudad, pero la capital de Eslovenia nos lleva ventaja en muchos aspectos. Hay unos cuantos que convendría copiar.

Liubliana es una de esas ciudades en las que apetece estar enamorado. Tiene un río omnipresente por el que los barcos se pasean sin prisa, cruzado por un montón de puentes historiados y con historia por los que cuesta pasar de largo. Aquí y allá aparecen jardines tupidos y plazas con estatuas de poetas, literatos, artistas; nada de políticos. Proliferan los restaurantes con velitas, esas que nos hacen ver al otro como si tuviera luz propia. Hay muchas floristerías y puestos callejeros con flores en tecnicolor. Y para colmo, el símbolo de Liubliana es el dragón, que no hay bicho más romántico que ese.

Pero si el amor no está ni se espera, no pasa nada. Esta ciudad se disfruta plenamente también en compañía de uno mismo. Su oferta cultural es inabarcable, conciertos de interior y exterior, espectáculos gratuitos a la vuelta de cada esquina, museos, palacios, iglesias y un castillo en todo lo alto. Y luego está su extraordinaria gastronomía: aunque no tengamos a quién mirar a los ojos durante una cena, nos vamos a emocionar.

La capital de Eslovenia es fresquita en verano y blanca en invierno. Por momentos puede parecer que nos cruzamos con demasiados turistas, pero es que se trata de una ciudad pequeña, con solo trescientos mil habitantes y un centro animado que nadie se quiere perder. Es normal: Liubliana tiene virtudes envidiables.

1  Agua de la fuente
Dicen que el nombre de Madrid deriva una palabra árabe que significa arroyo, cauce o fuente. Tenemos buena agua, pero fuentes por las calles nos quedan pocas. Los eslovenos están orgullosos de su agua purísima y han elaborado un programa de protección especial para no tener que tratarla químicamente. La gente bebe agua del grifo en este país en el que llueve tres veces más que en Madrid. Cuando practican esa afición tan suya de caminar vigorosamente por los parques naturales y escalar altas montañas van bebiendo de lo que la naturaleza les pone delante; muchos tienen la creencia de que si no dan un sorbito en cada cascada y cada arroyo, puede que más adelante les falte.

Todos esos torrentes llegan a Liubliana, donde abundan las fuentes; unas son barrocas, llenas de chorros sin fin, y otras, prácticas. Están en cada parque, en cada esquina, para que los niños no tengan sed mientras juegan como locos, para que los mayores se hidraten, para que todos los viandantes llenen su buche y su botella y no consuman más plásticos. Es más, cuando uno pide un café en Liubliana, siempre lo acompañan con un vaso de agua. Envidiable costumbre.

2  Un río navegable
El Manzanares está muy mejorado, pero el río Liublianica es navegable y mide 1800 km. Por donde pasa se llama de distintas formas, así que es conocido también como el Río de los siete nombres. Este caudal que cruza la ciudad de oeste a este, sale de otro río, el Sava, que rodea Liubliana por el norte, es un afluente del Danubio que comparten Eslovenia, Croacia, Bosnia-Herzegovina y Serbia. Tener un río es una alegría, tener dos es un lujo.

Los liublianeses pueden admirar el agua que no deja de pasar y los barquitos con parejas, enamoradas o no, desde sus cuidadas laderas, pensadas para disfrutar el espectáculo, o asomarse a sus muchos puentes como el de los Dragones o el Triple, de Jože Plečnik, su venerado arquitecto nacional, o a esos otros que la gente usa para poner candados en amores imposibles de amarrar.

3  Capital Verde Europea 2016
Cuesta mucho imaginar que Madrid pueda tener algún día la distinción de Capital Verde. Tenemos muchos árboles, sí, pero en el reparto vegetal tocamos a poco: 16 m² por habitante; Liubliana tiene 542 m² para cada ciudadano. El 75 % de la capital eslovena lo forman áreas verdes, más del 46 % está cubierto por vegetación autóctona y el 20 % tiene consideración de naturaleza especialmente protegida.

Los madrileños protestamos por separar las basuras, entre otras quejas, pero los liublianeses se enorgullecen de ser los que más reciclan. Según datos de 2014, separaban ya el 63 % de sus residuos y han sido la primera capital europea en formar parte de la iniciativa Zero Waste Strategy. Probablemente el milagro se deba a la actitud entusiasta de los ciudadanos por el cuidado de la naturaleza y el desarrollo sostenible. Que Liubliana signifique querida también puede haber influido.

Más del 75 % de las casas de la ciudad están conectadas a un sistema de calefacción ecoeficiente que reduce las emisiones. Un 10 % de su electricidad proviene de la biomasa.

Pero ser capital verde no es solo esto.

4  Se oyen las ranas
Para ser Capital Verde Europea hay que tener un aire limpio. Como a Liubliana le sobra, es posible escuchar cómo las ranas croan alegremente. Algunos voluntarios ayudan en la colocación de vallas, que financia la Administración local, para que las 10.000 ranas, tritones, salamandras… crucen las calles sin riesgo durante sus migraciones y para que nadie perturbe su época de celo.

Esta insólita ciudad también tiene un programa para proteger las abejas. Conscientes de que son esenciales para la supervivencia de la especie humana, los ciudadanos mantienen unas 4500 colmenas con 180 millones de abejas. Para conseguir su bienestar, hay que cuidar su alimentación, así que no se utilizan pesticidas, están prohibidas las plantas genéticamente modificadas, no hay residuos ácidos ni con metales pesados… La Administración y los habitantes hacen todo lo posible por ser una ciudad bee-friendly.

No se puede decir que todo sea ecológico, pero se parece mucho: abundan las pequeñas explotaciones agrícolas, sin fertilizantes ni tratamientos químicos. Así que hay un montón de mercados callejeros, con sus puestos de frutas y verduras apetecibles, sus producciones limitadas de miel, aceite, vino, quesos caseros y degustación de platos regionales que a la gente le encanta comer en la calle.

5  Coches fuera
¡Ah, una ciudad sin coches! Sin humos, sin tóxicos, sin ruido. Aquí no solo se oyen las ranas, los pájaros y las fuentes, sino también las conversaciones en el banco de al lado, porque en Liubliana hay bancos para sentarse o tumbarse, sin divisiones que te fastidien la siesta.

La capital empezó teniendo una pequeña zona prohibida al tráfico, pero se va extendiendo. ¡No solo lo malo se contagia! El área peatonal tiene ahora 100 000 m². Entre las 6 y las 10 de la mañana se puede hacer reparto con vehículos. Luego se acabó. Los liublianeses van a pie, en bici propia o prestada por la red pública, en patinete o en monopatín. Si una persona mayor hace la compra y no quiere volver cargada a casa, si alguien tiene problemas de movilidad o si hoy no estamos pa na, siempre se puede llamar al microbús eléctrico y gratuito, el Kavalir, y pedirle que nos recoja y nos entregue donde queramos.

Alrededor del área peatonal existen autobuses que saben que el peatón sigue teniendo prioridad, y lo respetan. Como apenas hay tráfico, los buses llegan a su hora, y cada día con más frecuencia y adeptos. En Liubliana no ignoran que existe gente con discapacidades, por lo que se preocupan en serio de que todo les resulte accesible.

¿Es o no es para morirse de envidia?

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