El Hedonista El original y único desde 2011

“No se puede encontrar la paz evitando la vida”. Virginia Woolf

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Escapadas

8 ciudades a vista de pájaro

Volar a un destino soñado en jet privado puede ser una fantasía hecha realidad.

La imagen tiene un punto erótico, por lo sugerente: unas piernas largas de mujer, con medias transparentes, falda negra tubo y tacón de aguja ascendiendo por la minúscula escalerilla de un Cessna Citation. Detrás de ella, a corta distancia, un hombre moreno, sujetando con su dedo índice la chaqueta del traje, que cuelga indolentemente a su espalda. No sabemos a dónde se dirigen, ni cuáles son sus planes, pero esa imagen transmite poder, sensación de libertad, grandes expectativas.

Hagamos (o no) realidad nuestras fantasías eróticas, siempre podemos dejar volar la imaginación. Partir hacia el destino soñado en jet privado, a cualquier lugar del mundo, en cualquier momento, a nuestro aire; acercarnos a 8 ciudades que, a vista de pájaro, son aún más mágicas que a ras de suelo. Y ordenar al piloto que sobrevuele varias veces la ciudad de Dubai, imponente en mitad de la calima del desierto, para observar cada detalle del impresionante Burj Khalifa, jugar a descubrir cuál es la mansión de los Beckham en la isla artificial Palm Jumeirah, y maravillarnos con la arquitectura del hotel Burj al Arab.

O volar hasta Dubrovnik, esa pequeña joya del Adriático patrimonio de la UNESCO. Con su casco antiguo medieval rodeado de la muralla, sus tejados apiñados en color terracota que contrastan con las calas azules y turquesas. Abajo, atracados, varios cruceros de los que desembarcan riadas de turistas que invaden plazas y callejuelas, dificultando incluso el paso por la Stradun. Y nosotros arriba, ajenos a la vorágine.

Recorrer la historia sobrevolando el Támesis: el puente de Londres, el Big Ben, el Palacio de Buckingham, la Abadía de Westminster, London Eye y la torre en forma de pirámide Shard, el edificio más alto de Europa.

Volar al atardecer hasta la Ciudad de la Luz, espléndida e inmensa, romántica a más no poder.

Contemplar la laguna pantanosa de Venecia desde lo alto, con sus 118 islitas desperdigadas por doquier, Murano, Burano, Torcello, la playa del Lido, la Giudecca, separadas por canales y unidas por puentes. Vista desde arriba, la fusión de Venecia con el agua es aún más palpable.

Y qué decir del skyline de Nueva York, seguramente el más famoso del mundo, el más fotografiado. Tuvimos ocasión de cruzar la isla de Manhattan de sur a norte, despegando del aeropuerto de Newark en Nueva Jersey, y sobrevolar Downtown NY y el río Hudson pocos días después de los atentados de las Torres Gemelas. Imposible de olvidar esas imágenes.

La preciosa bahía de Sydney, el mayor puerto natural del mundo, brillante a vista de pájaro.

Y por fin, Rio de Janeiro, realmente espectacular desde las alturas, rodeada de la bahía de Guanabara y la frondosa vegetación de las montañas, con la playa de Copacabana y el Cristo Redentor en Corcovado.

Desde arriba, todo es pequeño y magnífico a la vez. Desde esa perspectiva, uno puede sentir y creer que domina el mundo. Y al mismo tiempo, si es inteligente, percatarse de que, una vez abajo, es tan minúsculo e insignificante como esa motita que observa ahora mismo desde la ventanilla del jet.

Para sentir la experiencia: Chapman Freeborn.

Con nuestro agradecimiento a Mike Cooper.

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