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La ciudad malagueña que lo tiene todoAntequera o el exceso

Una concentración increíble de patrimonio histórico, artístico y monumental

Cuando uno visita por primera vez Antequera se pregunta cómo es posible haber esperado tanto. No se conoce un lugar con más concentración de patrimonio histórico, cultural y artístico por metro cuadrado.

Si el viajero se acerca a la oficina de turismo de Antequera, sufrirá un mareo. No puede hacer caso de esas páginas que dicen «las 10 mejores cosas que ver en…» porque aquí no tendría ni para empezar. Más de 50 monumentos, todos de altísimo valor, se agrupan en el centro de la ciudad.

El casco histórico es un no parar de ver iglesias. Cuando el turista aún no ha cerrado la boca del asombro con la primera, se le cae la mandíbula con la siguiente, y así una tras otra. La iglesia del Carmen tiene un retablo barroco bellísimo; la cúpula de San Juan de Dios es una exhibición de decoración fastuosa; la bóveda de crucería gótica de San Pablo no puede ser más elegante; la fachada renacentista de San Sebastián es todo delicadeza…

Un sitio de moda

En el siglo XVI Antequera se convirtió en el lugar de moda para las congregaciones religiosas. Parece ser que hubo una gran competencia para ver quién fundaba el mejor convento y levantaba la más hermosa de las iglesias.

Por aquel entonces la nobleza solía asegurarse su entrada en el reino de los cielos a fuerza de donativos a la iglesia. Gracias a su generosidad, se construyeron templos, conventos, monasterios, ermitas, colegiatas, y también un buen número de palacios y casas señoriales, e incluso un hospital.

Ese afán emprendedor atrajo a la vega antequerana a muchísimos artesanos y artistas, pintores, arquitectos, escultores, canteros, plateros… que trabajaron sin parar en el municipio.

En el pasado, los ricos tenían la sabia costumbre de rodearse de cultura. Así que pronto hubo una cátedra de Gramática que hizo de Antequera uno de los centros más importantes del conocimiento. En 1573 la localidad ya tenía su propia imprenta.

Los Reyes Católicos también apostaron por el lugar y fundaron la Real Colegiata de Santa María la Mayor, con un sobrio diseño inicial de Diego de Siloé, ejecutado por Diego de Vergara, encuadrada entre las murallas de la Alcazaba, justo detrás del arco de los Gigantes, en pie desde 1585.

Todo esto fue posible también porque Antequera era un enclave estratégico por donde pasaban las principales rutas comerciales, porque estaba rodeada de tierras fértiles y porque supo establecer una prestigiosa industria textil.

Hoy tenemos que agradecer que Antequera siga cuidando sus tesoros. Para ello cuenta con una Oficina de Patrimonio Histórico, con restauradores, picapedreros, herreros y demás expertos, que es la envidia de otros lugares y a la que vienen a tomar nota gentes de lejanos países.

Hace 6000 años ya tenía éxito

Antequera está llena de sitios declarados Bien de Interés Cultural. Pero también tiene un grado superior, un lugar Patrimonio Mundial de la Humanidad desde 2016, con tres monumentos megalíticos. Son los dólmenes de Menga y Viera y el tholos del Romeral, tres de las más importantes muestras de la arquitectura prehistórica europea.

Esta declaración ha hecho que The New York Times se entere de que existe Antequera y haya incluido su «stonehenge» en la lista de los 52 mejores sitios del mundo para visitar en 2017.

El dolmen de Menga tiene unos 6000 años de antigüedad. Cuando uno está dentro, rodeado por las enormes losas de piedra, se le saltan las lágrimas de la emoción. Nadie debería perderse este lugar. Al lado está el dolmen de Viera, menor, pero magnífico. Y fuera de la ciudad, junto a un fallido palacio ferial de esos que construimos por encima de nuestras posibilidades, hay otro monumento, datado unos 2500 años antes de Cristo, que también es único y no hay que dejar de visitar.

El karst de Antequera

La declaración de Patrimonio Mundial de los dólmenes de Antequera engloba la Peña de los Enamorados, una montaña con perfil sugerente y leyenda romántica incluida, y el Torcal de Antequera.

Este sitio es un denominado Paraje Natural formado por rocas calizas de aproximadamente 200 millones de años. Se formó en el mar con esqueletos y caparazones de animales marinos, allá por el Jurásico, y emergió hace unos 20 millones de años. Sus rocas calizas, sometidas a la erosión, han dado lugar a un paraje kárstico, o sea, rarísimo. Al estar protegido, cobija una flora y una fauna privilegiadas.

Dan también fe de que Antequera ha gustado a todo el mundo desde siempre sus termas y la villa romana del siglo I d. C., donde se han encontrado esculturas interesantes que pueden verse en el Museo de la Ciudad.

El efebo más hermoso

No se puede salir de Antequera sin visitar el MVCA, su museo. Contiene piezas prehistóricas, romanas, paleocritianas, visigodas y una interesante colección de pintura y escultura barrocas. Pero hay dos piezas que matarían de envidia a cualquier ciudad en el mundo. Una es el Efebo de Antequera, escultura en bronce de 1,5 m de altura, aproximadamente, del siglo I d. C. La otra es un San Francisco de Pedro de Mena, de tamaño natural, tallada hacia 1665. Ambas resultan turbadoras por su belleza.

Antequera, o Anticaria, fue ruta milenaria de civilizaciones y vía obligada para acceder a las provincias romanas de Hispania. Hoy es el centro de Andalucía. Esta ciudad no se ve de paso. Hay que recrearse. En verano se organizan visitas guiadas nocturnas, por aquello del calor; un fin de semana no da para todo. La Semana Santa aquí es espectacular, porque los pasos tienen el estilo escultórico antequerano en las figuras, en los mantos, en los palios y en la peculiar manera de vivir la pasión: corriendo a toda velocidad y cuesta arriba.

Si el turista se cansa de tanta historia, no debe preocuparse, porque la gastronomía también es fabulosa.

Sorprende que los antequeranos no se den ninguna importancia: el que nace rico no es consciente de su patrimonio. Quizá por eso en Antequera apenas se ven turistas extranjeros. Todavía no le han contado al mundo lo que tienen. Hay que ir cuanto antes.

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