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La región francesa cuenta con numerosos atractivos para elegirlaBretaña, tan cerca, tan atractiva

Temperaturas suaves, paisajes inspiradores y playas que invitan a sumergirse. Bretaña, ahora está más cerca porque Iberia Express conecta Madrid-Rennes. ¿Nos escapamos?

Existen destinos apacibles. Es decir, tranquilos, que inspiran calma, paz. Bretaña puede catalogarse como tal. Viajar a la región francesa resulta perfecto ahora que el verano está a la vuelta de la esquina. Regala temperaturas suaves, paisajes teñidos de verde y costas bañadas por el azul esmeralda del mar. Cuenta con una exquisita gastronomía y ciudades cuyos monumentos recuerdan épocas de gran intensidad. Recorremos Saint-Malo, Dinard, Dinan y Rennes, porque Bretaña está aquí al lado y siempre es atractiva. 

El primer dato a tener en cuenta es la conectividad. Ahora, Iberia Express une Madrid-Rennes a partir de 39 euros el trayecto, con salida cada jueves y regreso, el domingo. Una vez allí, el consejo es alquilar un vehículo y acercarse hasta Saint-Malo, apenas a una hora de distancia.

Situada en la costa Esmeralda, en la desembocadura del río Rance, Saint-Malo fue cuna de corsarios, armadores y marineros. Por ejemplo, uno de sus hijos célebres es Jacques Cartier, quien descubrió Canadá. El comercio de bacalao la convirtió en una ciudad próspera y siempre ha sido conocida por las mareas. De hecho, la diferencia entre pleamar y bajamar puede alcanzar los 13 metros.

Es imprescindible recorrer el camino de ronda y, casi en cualquier punto, asomarse al mar y contemplar los islotes y fortalezas. Por ejemplo, en el islote Grand Blé, se encuentra la tumba de Chateaubriand, quien decidió descansar en su lugar de nacimiento. Sus playas son atractivas, siempre hay actividad en el mar, véase, numerosas regatas. Entre otras, la que en julio recorrerá Quebec y Saint-Maló.

Lamentablemente, también es conocida por haber sufrido la sinrazón de la guerra en 1944. Los bombardeos destruyeron el 80%, pero su alcalde se empeñó y fue reconstruida. Como dato, 33 edificios fueron levantados piedra a piedra. La catedral, que comenzó a construirse en el siglo XII, fue uno de los afectados por la barbarie. Así, a lo largo de la historia ha sido ampliada, destruida, reconstruida y, hoy por hoy, se pueden contemplar diferentes estilos: románico, neoclásico, gótico y neogótico.

En Saint-Malo cuidan, como en toda la región, la oferta gastronómica. Los restaurantes ofrecen menús del día, con la posibilidad de tomar un o dos platos. Ostras, mejillones y cocina de mercado, acompañados por vinos de la zona, suponen un sencillo banquete. En la ciudad amurallada, recomendamos L’Atelier, con especialidades como la siempre apetecible sopa de cebolla y el fresquísimo bacalao. Y como opción para descansar, Hotel La maison des armateurs, con un atento personal y un buen desayuno.

En cuanto a direcciones interesantes, hay que acercase a la calle Saint Sauveur y admirar la fachada desvencijada de la Librairie Septentrion. Entrar y bucear entre sus antigüedades, sin duda, es una delicia. Pero hay más direcciones de libro antiguo y usado, por ejemplo, Librairie du Môle, en Rue de Dinan.

Si busca un recuerdo singular, asómese a tiendas especializadas en el mar como Gauthier Marines. Y no se vaya sin visitar la espectacular tienda de decoración, La Maison Genérale. Cuenta con dos establecimientos, uno de ellos con restaurante en el que sirve platos del día y brunch, cada domingo. En cuanto a compras gourmet, Epices Roellinger y La Fromagée Jean-Yves Bordier. 

Desde la muralla de Saint-Malo se contempla la también encantadora localidad de Dinard famosa por las cabinas de baños, instauradas en 1870, y el desarrollo de la talasoterapia. A menos de 20 minutos en coche, merece un paseo para descubrir sus galerías de arte, quizá como guiño a las estancias que aquí pasó Pablo Picasso, y admirar las villas estilo Belle Epoque que recuerdan como en el pasado éste fue destino vacacional de multitud de ingleses y parisinos adinerados. Si la visita se produce a finales de septiembre, será el momento de disfrutar del Festival de Cine Británico que se celebra desde 1990.

El próximo destino es Dinan con una imponente muralla de casi tres kilómetros y un castillo del siglo XIV. Si no sufre vértigo, suba a La Torre del Reloj y admire la panorámica. Después, es el momento de callejear.

En el centro histórico se conservan numerosas casas medievales de entramados de madera y bajando la pintoresca calle Jerzual, que en los siglos XIV y XVIII albergó talleres de artesanos, se llega a la parte baja, junto al río Rance. No se asuste al imaginar que si baja, antes o después, deberá recorrerla de vuelta. ¡Merece la pena!

En los muros verá didácticas placas de pizarra con información botánica de las plantas que allí se encuentran. Además, está salpicada de establecimientos tan curiosos como Maison Bleu Lin. Es una coqueta tienda con artículos antiguos de mercería, (carretes de hilos, botones…), mermeladas y dulces, así como salón de té.

El broche final a la visita puede ser un tranquilo paseo por el Jardín Inglés, otrora cementerio, y un almuerzo en el delicioso restaurante La Fleur de Sel. Si adora el aceite de oliva pero en la mesa le gusta la mantequilla, ésta es su dirección.

Cerca de Rennes, en Saint Grégoire, el chef David Etcheverry propone una experiencia verdaderamente apetecible en su Hotel Les Patios. Para comenzar, cena en su interesante restaurante Le Saison, que ostenta una estrella Michelin, y descansar temprano en una de las cinco habitaciones. Decimos temprano porque la cita a la mañana siguiente, sábado, es a las 07.00 horas. De ahí, rumbo al Mercado des Lices junto al chef.

A él acude semanalmente para adquirir directamente en los puestos de sus productores de confianza. La mayoría de los puestos son ecológicos y la oferta de verduras, lácteos, pan, huevos así como carnes y pescados es abrumadora. De hecho, hablamos del segundo mercado de Francia en lo que a productores locales se refiere.

Sin perder ni un minuto, David Etcheverry se mueve de aquí para allá y tacha ingredientes de su lista de la compra. Posiblemente, incluso adquiera alguna planta aromática para el pequeño huerto del restaurante. Viendo su ritmo trepidante, parecerá mentira, pero siempre hay tiempo para una pausa y cargar las pilas con la tradicional galette con salchicha.

Ya en el hotel, cuando el reloj apunta las 09.00 horas, es el momento de tomar asiento y deleitarse con el maravilloso desayuno que ofrecen Etcheverry, de origen vasco-francés, y su esposa. Panes y bollería artesanos, quesos y embutidos, fruta fresca y buena carta de infusiones componen la carta.

A continuación, es el momento del check-out o si alguien lo desea, de pasar a la cocina y recibir una pequeña clase de manos del chef y de su equipo. El precio de la experiencia es de 140 euros por persona y 70 euros, la clase de cocina.

La última jornada, la del sábado y antes de regresar en el vuelo del domingo, el escenario es Rennes. Conocida por su vida universitaria -residen más de 60.000 estudiantes-, su actividad cultural es sumamente atractiva. Entre las citas clave: Festival Trans Musicales, a finales de noviembre y que desde 1979 ha descubierto a figuras como Björk o Nirvana, y Tombées de la Nuit, que aúna poesía, música, danza y teatro. Sin olvidar, el Museo de Bellas Artes y el Teatro Nacional de Bretaña, centro europeo de producción teatral y coreográfica.

Alrededor de las dos plazas reales, la del Parlamento y la del Ayuntamiento, donde también se encuentra la Ópera, se yerguen las casas medievales de entramado de madera del sigo XV y los palacetes renacentistas. Llama la atención la vida y actividad de calles como Saint-Sauveur, la calle del Chapitre, la Plaza del Champ-Jacquet, la calle Saint-Michel, etc.

En Rennes, hay multitud de direcciones con encanto. El atelier de cosmética Blush; la Crêperie Saint Georges; el restaurante Léon Le Cochon; Hotel Nemours; la tienda gourmet Comtesse du Barry o el salón y tienda de té Tea&Ty. Sin pasar por el alto, el parque Thabor.  

Bretaña, tan cerca, tan atractiva.

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