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“Todos los que parecen estúpidos, lo son y, además también lo son la mitad de los que no lo parecen.”. Francisco de Quevedo

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Visitas turísticas y algo másCosas raras que hacer en Varsovia

La capital polaca es un lugar sorprendente con una rica vida cultural

Si usted tiene un hermano guapo, entenderá rápidamente la injusticia que se comete con Varsovia, una capital condenada a que todo el mundo le diga a la cara que Cracovia es más bonita. Puede que su belleza no salte a la vista, pero enseguida el viajero descubre que no tiene nada que envidiar a la ciudad con la que todo el mundo la compara.

Varsovia tiene una historia desgraciadísima, pero quedar hecha una escombrera tras las Segunda Guerra Mundial no le ha impedido levantarse como si no hubiera pasado nada. La reconstrucción ha sido tan prodigiosa que ha quedado como nueva, mejor dicho, como vieja. Nadie diría que sus monumentos están casi recién fabricados o que son fruto de un puzle encajado ladrillo a ladrillo. Por eso en 1980 la Unesco declaró el centro histórico de Varsovia Patrimonio de la Humanidad, porque les había quedado igualito que antes de que la Luftwaffe les pasara por encima.

Esta ciudad es una ensalada mezclum de estilos neogóticos, palaciegos y comunistas, pero eso le añade mucho encanto y diversidad. Podríamos definirla como la hermana inteligente de Cracovia.

Un fin de semana no es suficiente para conocerla, pero cuatro días sí permitirán hacerse una idea de la Ciudad Vieja, el Castillo, la Plaza del Mercado, los palacios barrocos…  y, a la vuelta de la esquina, los edificios funcionales del realismo socialista.

Caminar por Varsovia es una delicia, incluso cuando la nieve está apilada en montoncitos sobre las aceras. A ratos habrá que recurrir a su eficaz transporte público y pasear la mirada desde el tranvía. Otras veces tendremos que refugiarnos en sus acogedores cafés, de los que nos costará salir.

Recorrer la ciudad resulta fácil. Free Walking Tour muestra a todo turista que lo desee los encantos de Varsovia. Jóvenes universitarios polacos, que hablan un perfecto español, cuentan la historia de su país con envidiable orgullo. Esta organización, cuyos objetivos altruistas nos matan de envidia (visiten su web, por favor), tiene varias rutas diarias por el centro histórico, la Varsovia judía, la comunista… Y si usted quiere, y esperemos que sí, basta con la voluntad como pago.

Aparte de apoyar esta iniciativa, hay otras cosas raras que hacer en la capital de Polonia.

1. Tomar un ascensor con ascensorista

El edificio más alto de Varsovia no gusta a nadie, unos quieren tirarlo y otros no quieren ni verlo. Fue un regalo de Stalin a la ciudad, construido en los años cincuenta. Pero los varsovianos nunca apreciaron el aparatoso obsequio, sino que lo entendieron más bien como un símbolo de la dominación rusa que tanto detestan.

Por fuera es una de las muchas giraldas que hay por el mundo, aunque la inspiración inicial degeneró en un mamotreto gris de 231 m de altura al más puro estilo del realismo socialista. En sus bajos tiene varios teatros, multicines, museos, oficinas, tiendas y un centro de convenciones. Todo desmedido.

Pero los turistas no tienen por qué ser susceptibles a las dobles intenciones de Stalin y harán bien en subir a esta torre para disfrutar de las vistas de la ciudad y compartir el viaje en ascensor ultrarrápido con una especie que creíamos extinguida: la ascensorista. Una señora que no dice ni mu y cuya jornada laboral consiste en apretar el botón de subir o el de bajar, según.

El Palacio de la Cultura y la Ciencia tiene su gracia, y es una rareza que no hay que perderse.

2. Ir a Praga sin salir de Varsovia

El barrio que está al otro lado del Vístula se llama Praga, aunque no tenga nada que ver con la capital checa. Durante años fue una zona deprimida y poco segura, pero hoy, cuando en vez de perseguir a los grafiteros se los ensalza, es un lugar alternativo, el sitio de residencia favorito de artistas, bohemios y modernos.

Hay que visitar el mercado de Różycki, no porque sus productos tengan interés, sino por la gente que acude a comprar y vender, y por el conjunto de edificios históricos que lo rodean. Aquí las casas del siglo XIX sí son del XIX. Roman Polanski rodó El pianista en la calle de al lado, porque no existe un decorado más auténtico.

Y luego están las iglesias, muchas en Praga también, como en toda Polonia, donde crecen como setas las esculturas de santos y de Karol Wojtyla.

3. Bajar y subir por una escalera mecánica

Es algo que hacemos cada día, pero en Varsovia tiene más gracia porque se mantiene en funcionamiento la primera escalera mecánica que hubo en todo el país, un regalo de los «hermanos rusos». El acontecimiento histórico fue en 1949 y constituyó una atracción única. Todos querían subir y bajar por este gran invento. Fue el símbolo de la amistad entre polacos y soviéticos que se conmemora con una placa en bajorrelieve subtitulada «Juntos en la construcción».

Para ir a Praga desde la Plaza del Castillo lo mejor es bajar por esta escalera y cruzar caminando el hermoso río. Su apariencia es la de una vieja escalera, sin más, con sus peldaños gordotes y su pasamanos pegajoso. Pero funciona con agilidad porque su corazón ha sido transplantado. El mecanismo original se exhibe en una sala lateral, siempre custodiado, y es una joya.

4. Visitar la casa de Maria Sklodowska

Calle Freta, 16. Emociona entrar en la casa donde vivió la que el mundo conocería después como Marie Curie por casarse con Pierre Curie. El primer científico en recibir dos premios nobel uno de Física y otro de Química fue esta mujer nacida en Varsovia en 1867, en una época en la que Polonia estaba ocupada por esa Rusia que quería imponerse a toda costa.

Maria, la menor de cinco hermanos, huérfana de madre a los 10 años, estudiaba clandestinamente, primero porque la cultura polaca estaba proscrita por los rusos y después porque las mujeres no podían acceder a la educación superior. Como todo el mundo sabe, se las apañó para que el planeta entero se enterara de su valía.

En Varsovia continúa el que fuera su hogar y, en el número 5, el espacio dedicado a ella exclusivamente. No es el museo de París; este es un pequeño lugar con objetos personales, fotos, libros, un tintero, un vestido, una cartera…, cosas emocionantes que solo hay en la capital polaca.

5. Comer en un bar de leche

Ya existían estos bares de leche en el siglo XIX, locales que servían sobre todo productos lácteos y verduras. Al comunismo le encantó la idea de dar de comer a sus trabajadores en abundancia y a precios populares, así que expandió el sistema. Hoy perviven unos cuantos comedores de este tipo. Podían haberlos cerrado, pero mucha gente se resistió a que desaparecieran, a la vez que muchos otros los necesitaban cada día más.

Los bares de leche tienen el aire de comedor de colegio, pero sin niños. Sirven buena cocina casera, en raciones polacas y a precios aptos para estudiantes, gente sin recursos, jubilados y turistas poco exigentes. En ocasiones se comparte mesa. Uno pide (lo que sea, porque no suelen hablar más que polaco), le llenan la bandeja en forma de montaña, paga por adelantado, come y se va.

Varsovia tiene mucho que ver, y todo más excepcional que raro, porque una ciudad donde han nacido Marie Curie, Frédéric Chopin o Nicolás Copérnico no puede ser normal.

Algunas direcciones:
Es un destino facilísimo.

En la web Turismo de Varsovia se encuentra una guía completa en español.

Hay vuelos a Varsovia de todo tipo, también low cost. Ryanair vuela varias veces por semana. Cuenta con dos aeropuertos y buen transporte público hasta el centro. Los taxistas y la inmensa mayoría de los polacos son de fiar.

El mejor cambio de euros a eslotis, la divisa polaca, está en la Oficina de Turismo de la plaza de la Ciudad Vieja.

Para comer:
Zapiecek
Buena comida polaca y magnífica cerveza. Sirven sobre todo los pierogi, especie de empanadillas fritas o al vapor.
Piwna, 34/36

BYCMoze
Para tomar café o un tentempié de camino al monumento a Chopin.
Bagatela, 14

Specjały Regionalne
Restaurante típico de comida polaca.
Nowy Świat, 44

Imprescindibles:
Museo Chopin
Hay que ir con tiempo.
Okólnik, 1

Museo Maria Sklodowska-Curie
Se ve rápido.
Freta, 16 (temporalmente, Freta, 5)

Centro de las Ciencias de Copérnico
Para experimentar.
Wybrzeże Kościuszkowskie, 20

 

4 respuestas a Cosas raras que hacer en Varsovia

  1. PROPIO dijo:

    Habrá pronto un “Varsovia II” ?. Pues debería …
    Y si no, publica un “Alcorcón”; que tendremos las mismas ganas de conocerlo metro a metro, como Varsovia.
    Da gusto leer tus artículos¡

    • Ana Cañizal dijo:

      Tus comentarios son muy importantes para las personas que, como yo, no hemos tenido abuela. Gracias.

  2. GABRIELA DOMINGO dijo:

    Absolutamente genial. Me ha encantado tu artículo, Ana, como siempre con ese fino sentido del humor británico…

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