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Mercados de toda la vida, bares con terraza a la calle, tiendas suecas y molinos de vientoEl barrio de Santa Catalina en Palma

El sábado es el mejor día para visitarlo: el aperitivo en la calle se alarga hasta las tantas.

Esta costumbre de los palmesanos de alargar el aperitivo de los sábados a mediodía hasta las mil es tan peculiar que al tapeo lo han rebautizado: aquí lo llaman “el tardeo”. Sí, porque ocurre que uno acaba encadenando el aperitivo con la cena y después termina bailando en alguna de las discotecas del barrio. Que nadie se alarme, esto está en las antípodas de Magaluf y los after-hours.

A veces nos ocurre: llegamos a un lugar y en seguida nos visualizamos viviendo allí. Porque nos atrae su ambiente relajado, la luz mediterránea y la mezcla de gentes, nos divierte fisgar en tantas tiendas originales, picotear en el mercado de Santa Catalina, que todo lo aglutina y en torno al cual gira la vida de este antiguo barrio de pescadores. Lo confesamos: se nos queda la nariz pegada a los escaparates de las inmobiliarias, que lo mismo anuncian la venta de un palacete modernista fuera del alcance de nuestros bolsillos que el alquiler, asequible aún, de una casita de dos plantas y micro jardín a la vuelta de la esquina. Como siempre, los extranjeros se nos adelantan: los suecos especialmente se han enamorado de Santa Catalina y conviven sin roces con los antiguos residentes, entre ellos algunas familias gitanas que tienen sus casas como los chorros del oro, rebosantes de geranios y exuberantes buganvillas. El barrio está experimentando la famosa “gentrificación”, no hay duda. Pero su autenticidad y encanto aún van a durar bastantes años.

Nuestro recorrido hacia Santa Catalina
Dejamos atrás el casco histórico de Palma con sus imponentes iglesias y claustros y cruzamos el paseo del Born. Enfilamos por una de nuestras calles favoritas, Sant Feliu. La tienda Rialto Living merece una visita, especialmente para contemplar el palacio modernista donde se encuentra. En la planta alta descubrimos unas alfombras envejecidas en tonos aguamarina y turquesa deslavado que enseguida queremos llevarnos a casa.

En un callejón de Sant Feliu, algo parecido al de Puigcerdá de Madrid en versión Copenhague, descubrimos el local de Viveca. Esta tienda-estudio ocupa un antiguo garaje. Su propietario es el interiorista Íñigo Güell, artífice de La Fábrica y el Club Matador de Madrid. Sus hijas Carla y Camila nos confiesan estar encantadas con la mudanza a Palma, donde pueden dar rienda suelta a su pasión por el interiorismo, el paisajismo y la decoración y al mismo tiempo llevar una vida pausada. En este local todo nos gusta, hasta la bici desvencijada a la entrada. Seguimos adelante, cruzamos el Passeig Mallorca con su riera y atravesando la calle Argentina llegamos al barrio de Santa Catalina.

El mercado de Santa Catalina y el ritual del aperitivo
Lo dicho, este es el alma del barrio. Si en Madrid los mercados de San Miguel y San Antón son puro diseño, por Santa Catalina parece que no ha pasado el tiempo. Simplemente, se han añadido algunos puestos de picoteo junto a las pescaderías, las fruterías y los bares de toda la vida. El sábado a mediodía la gente cambia la barra de Can Frau, uno de los bares con más solera, por la acera al sol. Can Joan Frau es todo un referente en Palma. La gente se agolpa en la barra y los más afortunados encuentran sitio en las mesitas detrás de ella. Aquí todo lo que se sirve es casero y mallorquín, desde las cocas de verdura y empanadas, el frito mallorquín de sepia o de cordero, las berenjenas rellenas, hasta las sopas mallorquinas y la paella o el arroz seco.

Tomeu Martí, un chef que es todo un personaje, se instaló en el mercado hace un par de años. Si en su restaurante Arume despliega todo su saber, técnica e imaginación, especialmente por las noches cuando se marca dos menús degustación largos y entretenidísimos, aquí, en el mercado, sigue la tendencia de los stalls asiáticos: un puesto sencillo donde sólo se sirven sushi y dim-sum. Hablaremos de Tomeu, porque su cocina nos encanta y da para mucho.

Y si alguien no puede resistirse a la sobrasada, debe dirigirse sin tardanza al puesto de Ecoilla.

Además del picoteo en el mercado, un poco más arriba, en la calle Fábrica, está Patrón Lunares, otro clásico de Palma, con ambiente de cantina de pescadores y habaneras en directo los sábados.

De compras
Nos encanta la tienda Frida Watson: muebles nórdicos vintage de los años 50, 60 y 70, piezas retro escandinavas muy bien escogidas, accesorios, los clásicos relojes de pared de George Nelson, lámparas de Vitra o Gubi… Las alfombras de vinilo con diseños geométrico de la marca sueca Brita han sido todo un descubrimiento. Otra parada interesante es en las tiendas bconnectedmallorca: desde coloridos mongolfieros hechos a mano hasta cojines, cerámica, muebles y todo lo imaginable para la casa.

De copas
Sin duda, el hostal-bar-restaurante-sky bar Cuba es nuestro favorito. Aquí uno puede pasar las 24 horas del día: este lugar es hotel, es perfecto para un desayuno o un cocktail con vistas, para un concierto de música cubana y jazz o una sesión de dj’s de la casa….. you name it!

Habíamos dejado a unos cuarentañeros “tardeando” en Santa Catalina y nos los volvemos a encontrar bailando en Luna y en Kaelum. Estos sitios están hechos para bailar y desmelenarse. La música que suena es de los 60, 70, 80 y 90. Pues sí, es la que nos gusta, qué le vamos a hacer… Aquí la gente no va de nada, y eso también nos gusta.

Y seguimos paseando hasta llegar a los molinos de El Jonquet, desde donde nos asomamos al mar y al puerto de Palma. Decididamente, este es nuestro barrio.

Una respuesta a El barrio de Santa Catalina en Palma

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