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A menos de una hora de BadajozEl mercadillo de Estremoz

Cada sábado, día de mercado, esta pequeña ciudad alentejana es una fiesta.

Bajo estas tierras alentejanas que abarcan Estremoz, Borba y Vila Viçosa yace una riquísima veta de mármol. Aquí, a este precioso material sin pulir con el que se construyen calles, aceras, palacios, plazas y fuentes, lo llaman “pedra”. Simple y humildemente, piedra. Si los alentejanos fuesen italianos, este mármol blanco sería tanto o más famoso que el de Carrara. Algo parecido a lo que nos pasa en España con el aceite de oliva, que la gloria se la llevan otros.

A Estremoz hay que ir en sábado, día de mercado y de mercadillo. En la amplia plaza de Rossio los aldeanos instalan de buena mañana tenderetes rebosantes de tomates maduros, meloncitos dulces del tamaño de la palma de la mano, ramilletes de hierbas aromáticas y digestivas, olorosos quesos de oveja alentejana. Mucha gente de Badajoz, a menos de una hora de camino, se acerca a este mercado los sábados a hacer la compra. Por todas partes se oye hablar español, con acento extremeño o del sur.

El mercado es también punto de encuentro de anticuarios, brocanters y chamarileros. Rebuscando podemos encontrar verdaderos tesoros: porcelana, cerámica, relojes antiguos, piezas sueltas de vajillas, cristalería y cubertería de plata. Y sin rebuscar demasiado nos toparemos también con esos personajes ajenos a la era moderna. Como ocurre con las viejas payesas de Ibiza, aquí también hay señoras que visten igual que hace cien años.

El sábado por la mañana todo gira alrededor de la gran explanada de Rossio. A la hora del aperitivo, cuando los aldeanos ya van recogiendo, lugares como Águias d’Ouro, bajo una de las casas más originales de Estremoz, de estilo modernista, o el bar de Rossio, se llenan de animación. También, cómo no, nuestro restaurante favorito de todo el Alentejo, que es a la vez terraza, bar, tienda de productos gourmet y bodega: la Mercearia Gadanha ha sabido darle una vuelta perfecta a la cocina tradicional alentejana.

La zona alta de Estremoz es la antigua ciudad fortificada, rodeada por la muralla medieval del siglo XIII. Por empinadas y laberínticas callejuelas llegamos al castillo cuya torre de mármol blanco, la Torre das Três Coroas, de 28 metros de altura, es una de las más impresionantes de Portugal. El castillo y palacio de Dona Isabel es hoy la Pousada de Estremoz. En un día soleado (y Alentejo es una de las regiones con más horas de sol de Europa), son imprescindibles las gafas de sol: esta ciudad de mármol y encalada es realmente deslumbrante.

Para pasar la noche nos retiramos al campo. A media hora de Estremoz está el mágico hotel Torre de Palma.

Imágenes de Maurizio Cristofolini.

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