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Visitamos la ciudad marroquí con motivo del Festival de Músicas Sagradas del MundoFez, evocadora y fascinante

Es una de las cuatro ciudadades imperiales de Marruecos. Su medina, por sí sola, merece una visita.

Su brillante pasado, el respeto por el patrimonio material, su carácter aristocrático, el buen gusto en los interiores, la delicadeza de los perfumes y el encanto de la música contribuyen a la innegable fascinación que Fez ejerce en el viajero.

La ciudad de Fez ha estado siempre considerada como centro espiritual y cultural de Marruecos. Sus Universidades albergaron a los sabios más importantes de la edad de oro en África del Norte. Actualmente un gran número de alumnos marroquíes vienen aquí para estudiar árabe y la religión musulmana. Durante años fue capital del reino y es una de las cuatro ciudadades imperiales. Su medina es uno de los mayores emplazamientos medievales que existen en el mundo, clasificada patrimonio mundial de la Humanidad por la UNESCO, ha sabido conservar toda su autenticidad desde hace más de 1.200 años.

Fez-el-Bali, la ciudad antigua, encierra en sus callejuelas 185 mezquitas, varias madrazas (universidades coránicas) y magníficos palacios.
La madraza El-Attarine, construida en 1325, es una de las maravillas de Fez. Una decoración extremadamente fina (mármol esculpido y caligrafiado, arcos en madera de cedro, mosaicos, arabescos) y un patio central con una fuente donde los estudiantes hacían sus abluciones antes de comenzar a orar nos hace respirar un silencio que habla del paso por este recinto de multitud de pensadores.

La armonía de sus colores
El visitante no debería dejar de conocer la tenería Chouwara en el barrio de los curtidores. Esta tenería se compone de varias fosas llenas de diferentes tintes donde se trabajan las pieles para la producción artesanal del cuero. La vista panorámica recuerda las paletas de los pintores. Los colores los extraen siempre de productos naturales: el rojo de la amapola, el amarillo del azafrán, el marrón de la piel de la granada, el azul del índigo, el negro del kahal, el naranja de la henna y el verde de la menta. Nos ofrecieron un ramito de hierbabuena para disimular el fuerte olor pero no hizo demasiada falta porque la atención se concentra en esa imagen tan peculiar que más bien parece pertenecer al pasado. Por un momento el tiempo se detiene y nos vemos viajando a otra época a través de la historia.

La organización gremial de los zocos
El zoco Tillis es famoso por sus alfombras, el barrio Nejjarine por su ebanistería y los latoneros están en la plaza Es-Seffarine. Visitamos un telar donde se tejían pañuelos hechos en seda vegetal. Según el sabio y diplomático de principios del siglo XVI León el Africano “estas tiendas no tenían rival en todo el mundo”. Resulta fascinante admirar cómo estos artesanos consiguen crear objetos de calidad con aparente facilidad, fruto de siglos de experiencia transmitida de padres a hijos y de generación en generación. En una tienda que trabajan el metal pudimos entender la diferencia entre latón, plomo, o alpaca y plata. El abuelo ejercía de guía explicando el trabajo de su nieto que sin patrón físico pero aprendido en la memoria labraba un plato con un cincel y una aguja. El pequeño martillo tenía la huella en la madera del paso de los siglos.
Uno de los más conocidos, el Zoco Attarine, está especializado en la venta de productos de la medicina tradicional. Se vende khol, agua de rosas, henna o aceite de argán. También especias. Allí compramos Ras El Hanout que significa “lo mejor de la tienda”, una mezcla de especias procedentes de Marruecos, del Oriente o del África subsahariana que sirve para aderezar cualquier plato de carne.

Los Riads
Un millar de palacios se ocultan en el laberinto de las callejuelas de la medina. La forma más exquisita de apreciar el arte de vivir fasí es visitar en uno de los riads. De muros para dentro se organiza la vida. Antes de entrar nada hace presentir lo que espera detrás de la puerta. Un patio con una fuente central da paso a diferentes estancias decoradas con un gusto exquisito y a un jardín lleno de flores y plantas que cubren todas las paredes.

La sutileza de su cocina
En pleno corazón de la medina nos encontramos con el Riad Arabesque. En su restaurante al aire libre nos obsequiaron con los mejores platos de la cocina marroquí. Su gastronomía combina lo dulce y lo salado con sabiduría, utilizando todo tipo de condimentos: comino, cilantro, pimentón, canela…
Una atención cálida donde no falta ningún detalle, nuestra mesa decorada con pétalos de rosas nos da la talla de un pueblo que quiere agasajar al visitante y que presume, con motivo, de ser buen anfitrión.

El Hotel Les Merinides está situado en una colina a las afueras de Fez. Desde su gran terraza puedes detenerte a observar la medina entera. Sus hermosas vistas alcanzan todo su esplendor al caer la tarde cuando empiezan a encenderse las luces de la ciudad. Desde ese inmenso palco la imagen de quietud y serenidad contrasta con la alegría vivida en el interior de la medina por la mañana.
Llega la noche y nos preparamos para asisitir a la inauguración del El Festival de Músicas Sagradas del Mundo. 

Este evento ofrece un amplio abanico de cantos y músicas espirituales y pretende transmitir el espíritu de Fez que pone en valor el intercambio de las civilizaciones y el choque de culturas entre pueblos y orígenes tan dispares como los beduinos del desierto, los comerciantes judíos, los cristianos o los musulmanes. Nacida de la mezcla de varias civilizaciones, Fez ha heredado la nobleza árabe, la elegancia andaluza, el ingenio judío y la tenacidad bereber.

El Festival de Músicas Sagradas del Mundo organizado por la Fundación Espírtu de Fez, favorece la comunicación y el acercamiento entre todos los pueblos. Así Fez celebra un África que ha influido en la mayor parte de la música popular occidental. La música negra está hoy presente en todas las músicas del mundo: el blues, el gospel, el soul, el rithm&blues, el jazz o el rap.

Desde su creación en 1994, invitados internacionales acuden cada año a este fantástico evento que se desarrolla en lugares históricos de la ciudad tan diferentes como Bab Al Makina, Place Boujloud o el Museo Batha. En anteriores ediciones han participado artistas tan relevantes en el mundo occidental como Ben Harper, Joan Baez, Patti Smith, Youssou N´Dour, Johnny Clegg, Bjork o Paco de Lucía.

Bajo el lema “Fez, reflejo de África”, asistimos a la inauguración de la 21ª edición del festival. Nos encantó la puesta en escena. Espectacular la proyección sobre una de las puertas más antiguas de la medina llamada Bab Al Makina de imágenes tan diferentes como una fortaleza, un campo beduino, una mezquita… Este gran lienzo se convirtió a lo largo de la noche en agua, desierto, arena… una sucesión de paisajes musicales que fueron el escenario de grandes artistas tradicionales marroquís como Driss al Maloumi, Ballaké Sissoko y Les Koras de Bamako de Mali, o Los Niños de Doudou N´diayne Rose y la danza Simb de los Leones de Senegal. La representación española este año corrió a cargo de Diego el Cigala. Este festival se ha consolidado como uno de los más importantes eventos de las músicas del mundo, y fue reconocido en 2001 por la ONU por el importante papel que desempeña en la promoción del diálogo de culturas y religiones.

Si vas a Fez por primera vez, te sorprenderá la riqueza de su brillante pasado, pero si además vas en esta época del año podrás asistir a este encuentro de música que nos habla de la memoria africana y que nos traslada los recuerdos de una ciudad, cruce de civilizaciones, que evoca el pasado en el momento presente.

2 respuestas a Fez, evocadora y fascinante

  1. GABRIELA dijo:

    ¡Qué delicia de ciudad y de recorrido, ciertamente fascinante y evocador! Gracias por hacernos revivir esta maravillosa ciudad.

  2. María Nájera dijo:

    Qué buenos recuerdos!

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