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Escapadas

Un recorrido inédito por la ciudad del ArnoFlorencia. Tesoros escondidos

La Fundación Palazzo Strozzi nos invita a conocer el prestigio del pasado y la grandeza del presente de la capital toscana.

La cita es en Florencia. La Fundación Palazzo Strozzi ha convocado a un escogido grupo de cinco medios digitales europeos, Elhedonista entre ellos, para mostrarnos algunos tesoros escondidos de la ciudad, desconocidos para el gran público. Lo que en principio, ateniéndonos al programa, parecía un popurrí de lugares sin hilo conductor, resultó ser toda una lección de vida.

¿Qué tienen en común, aparte de encontrarse todos en la capital de la Toscana, el Instituto degli Innocenti y el gabinete de un banquero y comerciante ginebrino, un cementerio protestante y el artista de origen chino Ai Weiwei? Repasemos nuestro itinerario y veamos qué descubrimos….

Palazzo Strozzi
Parece una herejía: de la imponente fachada en piedra de este austero palazzo renacentista cuelgan veintidós botes salvavidas color naranja chillón. Se trata de la obra Reframe (Replanteamiento), de Ai Weiwei, uno de los artistas contemporáneos más aplaudidos e influyentes, conocido también por su activismo político. La Fundación Palazzo Strozzi, institución público-privada para el fomento del arte moderno y contemporáneo, ha organizado la mayor muestra retrospectiva dedicada a Ai Weiwei, comisionada por el propio director general de la Fundación, Arturo Galansino. Las obras del artista chino, algunas creadas ex profeso para el Palazzo Strozzi, invaden todos los espacios, desde la fachada hasta el piano nobile, pasando por el patio.

Reframe es una llamada a la toma de conciencia sobre la migración y los refugiados. Los frágiles botes hinchables que cuelgan de la fachada y a los que se agarran los refugiados en alta mar evocan la situación y el ánimo de estas personas en su búsqueda de un lugar donde asentarse, dentro de un entorno extraño para ellos como es Europa. Entre las obras expuestas, Ai Weiwei reinterpreta el Renacimiento italiano a través de cuatro figuras históricas representativas de Florencia y que en su día fueron privadas de su libertad por su oposición al poder, como de hecho le ocurrió a Ai Weiwei en su país de origen. Son cuatro retratos realizados con piezas de LEGO: Dante, máximo exponente de la literatura italiana en el exilio; Filippo Strozzi, expulsado por los Medici de su propia ciudad durante veinte años, por estar su padre enfrentado a Cósimo, y que a su regreso construyó el Palazzo Strozzi contribuyendo al desarrollo social y económico de Florencia; Girolamo Savonarola, figura controvertida, ejecutado por su oposición a los Medici y al Papa Borgia; y Galileo Galilei, juzgado y condenado por la Inquisición por defender la independencia de la ciencia frente a la interpretación teológica del universo.

La exposición en el Palazzo Strozzi es una ocasión única para ver el trabajo de Ai Weiwei. Se clausura el 22 de enero.

Gabinete científico-literario Vieusseux
Fundado en 1819 por Jean Pierre Vieusseux, comerciante suizo de Ginebra, el gabinete desempeñó un importante papel en la Florencia decimonónica, vinculando la cultura italiana a la de otros países europeos y convirtiéndose en punto de referencia del Risorgimento italiano. El gabinete comenzó como sala de lectura, donde florentinos y visitantes extranjeros consultaban publicaciones y gacetas editadas en Europa dentro de un entorno que invitaba a la conversación y al intercambio de ideas. Junto a la sala de lectura se construyó una biblioteca para albergar las últimas publicaciones en italiano, francés e inglés. Florencia era ya entonces destino favoritos de las élites internacionales, entre las que se encontraban grandes escritores y pensadores como Schopenhauer, Stendhal, Dostoievski, Mark Twain, Emile Zola, Rudyard Kipling, Aldous Huxley o D.H. Lawrence, que frecuentaban regularmente el gabinete Vieusseux a su paso por la ciudad. Hoy, el Instituto intenta recuperar y conservar los libros dañados durante las graves inundaciones de 1966, es un referente para el estudio del Romanticismo y el siglo XIX y organiza reuniones, conferencias y exposiciones para mantener vivo el espíritu ilustrado de su fundador.

El cementerio Porta a Pinti o Cementerio de los Ingleses
El encuentro con Julia Bolton Holloway, una anciana ataviada con ropajes de monja, grueso jersey de lana y pañoleta descuidadamente anudada en la nuca, es la confirmación de cuán equivocada puede ser una primera impresión. Julia Bolton Holloway custodia el cementerio de los ingleses, propiedad de la Iglesia Evangélica Reformada Suiza. Nos recibe a la entrada con aire risueño y despistado, y nada más verla nos preguntamos, escépticos, para qué nos habrán traído hasta aquí. En cuanto empieza a hablar y a narrar la historia del cementerio y de los personajes enterrados bajo las lápidas, en un inglés exquisito y melódico que transmite pasión por el legado que ella guarda, nos damos cuenta de que estamos ante un personaje excepcional.

Julia Bolton Holloway, inglesa de nacimiento, es doctora en Literatura por la Universidad de California, Berkeley; ha publicado varios libros, ha impartido clases en la Universidad de Princeton y en Boulder en Colorado, donde fue directora de Estudios Medievales, y es madre de tres hijos. Se prejubiló para ingresar en un convento anglicano y hoy es una ermitaña católica residente en Florencia, donde además de custodiar el cementerio de los ingleses, dirige una biblioteca políglota ecuménica. Julia Bolton Holloway ha dedicado parte de sus publicaciones a la vida y obra de la poetisa Elizabeth Barrett Browning, prominente escritora victoriana que vivió en Italia y luchó por la abolición de la esclavitud e influyó en la reforma de la legislación sobre trabajo infantil y que está enterrada, junto a otros abolicionistas, en este cementerio. Aquí descansan nobles, artistas, poetas, masones, siervos y esclavos de origen americano, británico, ruso y escandinavo bajo lápidas con inscripciones en hebreo, en griego, en letras cirílicas y góticas: son personas ecuménicas de todas nacionalidades que los cementerios católicos no quisieron acoger. Cuando en 1827, las autoridades vendieron este terreno sobre una pequeña colina para su uso como camposanto, el clero más reaccionario se mostró indignado, organizando asaltos durante los que se llegaron incluso a destruir tumbas recién excavadas. Cada lápida guarda una historia que, en labios de Julia Bolton Holloway, nos resulta fascinante.

El Instituto degli Innocenti
La visita al Instituto degli Innocenti te devuelve la fe en el ser humano. Este antiguo Hospital de Inocentes se creó en el siglo XV. Fue la primera institución en el mundo que se ocupó de cuidar a la infancia. La población en Italia había aumentado considerablemente durante los siglos XIII y XIV, especialmente en las ciudades, y con ello también el fenómeno del abandono de niños y niñas, muy común desde la antigüedad. En el siglo XV, Florencia construyó un hospital, diseñado por Brunelleschi, dedicado exclusivamente al cuidado de niños abandonados y separado de los enfermos y peregrinos, que tenían sus propios hospitales y albergues. Mercaderes y burgueses florentinos acostumbraban a contribuir económicamente al mantenimiento de estos centros de acogida. Con la llegada en 1445 del primer recién nacido abandonado, una niña, los Inocentes comenzaron su obra caritativa. En 1484 ya eran mil los niños y niñas atendidos en el hospital. En cuanto llegaba un bebé a la casa, las enfermeras le sometían a un examen para dictaminar su estado de salud. Se anotaba el sexo del bebé, las prendas que portaba, las pertenencias que se encontraban en la pila de agua bendita donde las familias depositaban a los hijos que no podían atender, y se registraba meticulosamente cualquier señal o signo distintivo que pudiera en un futuro identificar al niño en caso de que sus padres volviesen un día a recogerlo. Invariablemente, los bebés portaban una medallita partida en dos, un pequeño objeto partido por la mitad.., cualquier miniatura servía de “documento de identidad”: media moneda, medio anillo, la mitad de un broche o de una estampa, una cruz pequeñita, cuentas de un rosario, botones, cintas…. Las otras mitades permanecían en poder de las familias, de modo que estas, una vez superados quizá los tiempos de penuria, podían regresar a por sus hijos, identificarlos debidamente y llevárselos consigo de vuelta a casa. En el hospital vivían las amas de cría, las nodrizas, encargadas de alimentar a los bebés. Transcurridos los primeros meses, los bebés se entregaban a las campesinas que se encargaban de seguir amamantándolos. Tras el periodo de lactancia, los niños regresaban al Hospital de los Inocentes, aunque algunos permanecían con las familias de acogida o eran adoptados por parejas sin hijos. Cuando alcanzaban una cierta edad y eran aptos para trabajar, los chicos iban a aprender un oficio en el taller de algun artesano y las chicas eran enviadas a servir en casas de familias acomodadas, con el fin de adquirir una dote con su salario y poder casarse en el futuro.

El Ospedale degli Innocenti, con el famoso pórtico de Brunelleschi (1419) y su fachada, es una de las primeras obras de arte de la arquitectura renacentista. El Instituto degli Innocenti dio origen a Unicef, el Fondo Internacional de Naciones Unidas para la Infancia, institución cuyo Centro de Investigación internacional comparte sede con el Instituto. Aquí se encuentra también el nuevo Museo degli Innocenti, proyectado por el estudio de arquitectura Ipostudio e inaugurado en junio de 2016, y que visitamos con el conservador jefe, Stefano Filipponi. Además de fascinarnos el trabajo de rehabilitación arquitectónica, el museo contiene obras de enorme interés, tanto desde el punto de vista artístico (los putti de Andrea della Robbia son una verdadera joya), como histórico: el archivo con los registros y biografías de cada niño y niña acogidos, y los archivos fotográficos y en video excepcionales, con testimonios recientes de personas ya mayores que pasaron su infancia en este centro de acogida. Especialmente interesante es el archivo que contiene los objetos identificativos que acompañaban a los bebés abandonados y que se guardaban celosamente con el fin de poder reconstruir su identidad. La visita a la Fundación y Museo degli Innocenti es emocionante.

Villa La Pietra
No hay lugar más bello en el mundo para estudiar que esta villa renacentista, hoy sede de la NYU Florence. La Universidad de Nueva York ha tenido la suerte de que su antiguo propietario, Lord Acton, la cediese en herencia a esta universidad. Los jardines renacentistas de La Pietra, que reflejan el gusto de la nutrida comunidad anglo-americana que residió en Florencia a finales del XIX, son unos de los más conocidos y maravillosos de Italia. Se pueden visitar previa cita. La villa principal, las casas de campo y otras dependencias que forman hoy parte del campus están diseminadas por unos terrenos genuinamente toscanos, salpicados de pino mediterráneo, cipreses y olivos. El lugar es paradisiaco.

Villa La Pietra atesora más de 6000 objetos de arte: frescos italianos, tapices flamencos, esculturas policromadas renacentistas, porcelana china, mobiliario barroco… Pero su mayor encanto, sin duda, es el lugar, el suave paisaje toscano, cuya belleza se ve enaltecida más, si cabe, por la arquitectura de las villas florentinas. Esto es lo que durante tantos siglos ha atraído hasta Florencia a poetas, escritores, pensadores y hoy en día a todos nosotros: un paisaje, el arte y la obra del hombre.

Estas cinco joyas escondidas representan el prestigio del pasado y la grandeza del presente de la ciudad de Florencia. Se ha escrito mucho sobre los extranjeros que han visitado Florencia durante el siglo XIX y han residido un tiempo en la ciudad. Algunos estuvieron de paso, otros se asentaron hasta el fin de sus días. Los suizos formaron un grupo homogéneo dedicado principalmente al comercio y otras actividades económicas. Prudentes y tenaces, se integraron en la ciudad prácticamente desde su llegada. Los británicos, una vez superada su insularidad, reconocieron a Florencia como el corazón de Italia y la amaron por sus artistas, el encanto de sus paisajes campestres y la hospitalidad reservada que les brindó. Restauraron antiguos palazzi y villas y disfrutaron de una vida social refinada, italianizada. El estudio alimentó su amor por Italia: Dante y Miguel Ángel, Savonarola y el nuevo movimiento protestante enfrentado a Roma…, los británicos participaron e incluso llegaron a promover el despertar de las conciencias y los valores de una civilización. Los americanos, ruidosos y llamativos, captaron la atención de los florentinos y las clases medias adoptaron algunas de sus costumbres. Los rusos, príncipes excéntricos, pasaron por la tranquila ciudad como un torbellino, alimentaron las páginas de cotilleo durante un breve tiempo y luego desaparecieron. Pero también ellos dejaron atrás la evidencia de un amor sincero por el luminoso Sur. Los italianos “regresaron” a Florencia como a su casa común, la cuna de una civilización que fue la única alma posible para su Risorgimento. Muchos encontraron aquí, bajo el discreto gobierno del Gran Ducado, tolerancia civilizada para sus convicciones y respiro frente a la persecución. ¿Y los florentinos? Aunque la sociedad cosmopolita prefería mantenerse al margen, las influencias fueron numerosas. Se extendió rápido un sentimiento de tolerancia hacia un mundo diferente. –Luigi Santini.

Y terminamos con otra joya, esta vez más conocida: el nuevo Museo dell’Opera del Duomo. La entrada histórica a este museo contiene una inscripción: “Por aquí pasaron Miguel Ángel y Brunelleschi”. Este pasillo abovedado es la entrada original a las oficinas y talleres para las obras del Duomo. En 1432 Filippo Brunelleschi dirigió desde aquí las obras de construcción de la catedral de Santa Maria del Fiore, cuatro años antes de terminar la cúpula. Migue Ángel esculpió su David en este mismo lugar. Durante los siglos XVII a XIX, el espacio sirvió de almacén y a partir de 1891 se convirtió en museo. El nuevo proyecto museístico es obra de Timothy Verdon y Adolfo Natalini es el responsable del proyecto arquitectónico. Alberga la colección más importante del mundo de escultura medieval y renacentista florentina, con obras de Donatello, Miguel Ángel, Andrea Pisano y Luca della Robbia. Reúne las obras realizadas a lo largo de los siglos para los monumentos de la catedral de Florencia y hoy presenta por fin más de doscientas obras restauradas, entre ellas la Magdalena y los profetas de Donatello y una Piedad de Miguel Ángel inacabada -que el propio maestro, desanimado, intentó destruir a martillazos, así como obras nunca vistas, como estatuas del siglo XIV y fragmentos de la fachada medieval. En el centro del museo se encuentra la espectacular Sala de la antigua Fachada, que en uno de sus lados cuenta con un modelo colosal, realizado en resina y polvo de mármol a escala 1:1, de la antigua fachada de la catedral. También se expone la célebre Puerta Norte del baptisterio de Florencia. Es muy interesante la Galería de la Cúpula de Brunelleschi, con maquetas de madera del siglo XV. Desde la terraza al aire libre en la tercera planta se disfruta de unas vistas imponentes sobre la cúpula, entre los tejados de las casas vecinas.

Una entrada única de 15€ permite la entrada al Museo, además de al baptisterio, el campanario de Giotto, la cúpula de Brunelleschi y la cripta de Santa Reparata.

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