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Funchal (Madeira), Navidades templadas

La capital de Madeira vive las fiestas entre la tradición y el lujo pausado.

Funchal, la capital de la isla de Madeira, es una ciudad tranquila de clima dulce, ideal para hacer un alto en el invierno. Y si es en periodo navideño, mejor. Porque Funchal vive las tradiciones como nadie.

El 23 de diciembre los madeirenses compran en el mercado los productos de la cena de Navidad. Los agricultores llegan a Funchal desde toda la isla, cargados de frutas tropicales, verduras, flores, dulces y bebidas tradicionales de la Navidad. El Mercado de los Labradores se queda pequeño, tal es el gentío, y las calles de los alrededores se cierran al tráfico para instalar más puestos multicolores. Es el día perfecto para una visita al mercado, para ver, probar y comprar: variedades desconocidas de maracuyá, el ‘bolo de miel’, un dulce típico navideño que se elabora con vino de Madeira, y la ‘poncha’, la bebida típica de la isla a base de aguardiente de caña, miel y zumo de limón. Por la tarde, en el mercado de pescado, se celebra un concierto de villancicos, se reúnen bandas de música y bailarines folclóricos. Parece como si todos los habitantes de la isla estuviesen concentrados en este lugar al mismo tiempo. Este día, el mercado y los bares de los alrededores permanecen abiertos toda la noche, una de las más largas del año en Funchal. El bar Cica, junto al mercado, vende ese día cientos y cientos de ‘sandes de carne vinha d’alhos’, un bocadillo delicioso de carne de cerdo adobada.

El 31 de diciembre, el legendario festival de fuegos artificiales da la bienvenida al año nuevo. El espectáculo desde lo alto de Funchal o desde el muelle es memorable. Este año, y a partir del 8 de diciembre, estará instalado el proyecto de iluminación diseñado por el arquitecto Paulo David, que incluirá motivos arquitectónicos de los edificios más emblemáticos de Portugal.

Y entre la Nochebuena y el Año Nuevo, no faltan planes para disfrutar de Funchal: subir en teleférico hasta lo alto de la ciudad y visitar el jardín botánico Monte Palace y sus colecciones de arte; descender vertiginosamente por las empinadas calles a bordo de un carro de cesto, el transporte que utilizaban antiguamente los señores de la isla, cuando desde lo alto avistaban la llegada de un barco cargado de mercancías y se apresuraban a bajar a los muelles para ser los primeros en hacer negocios; recorrer las callejas del barrio antiguo de Funchal, con sus peculiares puertas pintadas; salir de excursión en barco a avistar ballenas y delfines, o recorrer la isla de Madeira de cabo a rabo, caminando por sus levadas y admirando sus paisajes jurásicos o de la Guerra de las Galaxias.

Las laderas de Funchal aún conservan mansiones rodeadas de impresionantes jardines tropicales con árboles centenarios y flores exóticas. Muchas de las antiguas ‘quintas’, propiedad de las familias aristocráticas madeirenses, se han convertido en hoteles con encanto que guardan secretos e historias de sus antiguos ocupantes. Son lugares donde reina la paz y el tiempo parece haberse detenido, donde las buenas maneras, las tradiciones y el ‘art de la table’ se conservan intactos. Son auténticos palacios donde uno se deleita saboreando un ritmo lento y una forma de entender la vida de otra época, algo trasnochada, pero que en el fondo añoramos.

Para los amantes del golf, la Casa Velha do Palheiro es el lugar ideal donde alojarse, junto a un club de golf. La subida hasta allí desde Funchal es de vértigo. La Quinta Jardins do Lago es la simbiosis perfecta de tradición y servicio excelente. Con jardines de 26.000 m2, 500 especies de flores y plantas, huerto ecológico propio y hasta una enorme tortuga de las Galápagos deambulando por el jardín. Nos encanta también la Quinta da Casa Branca, un edificio moderno junto a la antigua casa familiar, donde las habitaciones desembocan en el jardín. Aquí hemos encontrado especies botánicas originarias de la India, del Himalaya, de Brasil, Sudáfrica y Hong Kong. Un paraíso para los amantes de la botánica y la jardinería.

Por último, dos buenas recomendaciones gastronómicas: Il Gallo d’Oro, con 1 estrella Michelin, y el restaurante Uva del hotel The Vine

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