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Escapadas

A 20 km de La Rochelle, cerca de Nantes y BurdeosIsla de Ré. Un coup de coeur

Su microclima, único en el Atlántico, permite recorrer la isla en bicicleta y disfrutar al aire libre desde abril hasta octubre.

La Isla de Ré ha sido un auténtico flechazo. Quizá seamos poco objetivos, pero ¡qué más da! Cualquiera que cruce el puente que separa la Isla de Ré del continente, junto a la ciudad de La Rochelle, caerá rendido ante el encanto y la autenticidad de la isla.

En nuestro viaje a la Isla de Ré se han confabulado la luminosidad del Atlántico, el perfume de la madreselva y el jazmín, el mar en calma, la gente risueña y hospitalaria, los campos de amapolas y los viñedos… ¿El secreto de la vida apacible en la Isla de Ré? Su microclima, único en el Atlántico, que permite recorrer la isla en bicicleta y disfrutar al aire libre desde abril hasta octubre.

Durante nuestra estancia en la Isla de Ré -que habríamos alargado sine die-, hemos comprobado que los lugares acariciados por la luz respiran felicidad y entusiasmo. En este trocito soleado de la Francia Atlántica optimista donde no cala el mensaje del miedo de Marine Le Pen, hay tantos días de sol al año como en la Costa Azul en el Mediterráneo.

Un entorno protegido
El 80% de la superficie de la Isla de Ré, de 30km de largo por 5km de ancho, está protegido. Los espacios naturales y agrícolas ocupan prácticamente toda la isla. Al cruzar el puente desde el continente se paga una ecotasa que va destinada íntegramente a la protección del medio ambiente y del litoral. Cien kilómetros de carriles bici serpentean la isla y como no hay cuestas, pedalear es un placer. En bici podemos rodear las salinas al norte, llegar hasta cualquier punto de los 20km de dunas que protegen la costa de forma natural, observar la pesca a pie en la zona intermareal (ese terreno que según esté la marea alta o baja, se cubre o no de agua) y aparcar sin problemas en el puerto o en la plaza de cualquiera de los diez pueblos pintorescos que salpican la Isla de Ré.

Los pueblos más bonitos de Francia
Lo confesamos: estamos perdidamente enamorados de La Flotte, uno de los pueblos más bonitos de Francia y uno de los más antiguos de la isla. Bueno… y también de Saint Martin de Ré, patrimonio de la Unesco con su ciudadela amurallada, y de Le Bois Plage en Ré, una de las estaciones balnearias más antiguas. Ars en Ré es otro de los pueblos más bonitos de Francia: está rodeado por el mar, las salinas y los campos de cultivo y las viñas, y en su centro destaca un original campanario en forma de cono pintado en negro y blanco.

Va a resultar que somos unos promiscuos, porque también nos encandila Les Portes de Ré, el pueblo situado en la otra punta de la isla, un lugar de lo más tranquilo donde según sople el viento te bañas en sus playas que dan a mar abierto o en las protegidas calas que asoman a una pequeña bahía. La Couarde sur Mer y Rivedoux Plage, son ideales para practicar vela, kite, windsurf y SUP.

En todos estos pueblecitos nos llama la atención el mimo con el que los vecinos cuidan de su entorno: pintan las contraventanas de madera en tonos verdosos y azulados pochos donde ningún color desentona, ninguno grita. Al pie de la pared de sus casas preparan huequecillos por donde se cuelan las raíces de los gladiolos, los alhelíes, las siemprevivas, las lavandas… Uno se pierde hechizado entre callejuelas y cul-de-sac, a cada cual más bonito. Y la tranquilidad, ese bien tan escaso: aquí todo el mundo pasea, conversa bajito.

Las playas kilométricas de arena blanca
En la Isla de Ré hay playas para todos los gustos: las que desaparecen con marea alta, kilométricas playas de arena blanca protegidas de los vientos por dunas bordeadas de pinos y tamarindos, calas en pequeñas bahías rocosas, la magnífica playa de la Concha de las Ballenas en el norte, a la que se accede atravesando un bosque, las encantadoras calas de Trousse Chemise. Playas para familias, para surfistas, para aficionados al kite… En la Isla de Ré hay de todo, incluso playas semi-vacías en pleno agosto.

El mercado medieval de La Flotte
¿Hay algo más francés que hacer un picnic? La palabra nos llega en su versión inglesa, pero fueron los franceses, en el XVII, quienes inventaron el “piquenique” (pique de “picotear” y niquer de “pequeñez”).

El mercado medieval de La Flotte es el lugar perfecto para conocer a los productores de la zona y llevarse una cestita para el picnic: pan de pueblo, tapenades exquisitas que preparan Blandine y Marie Laure, de Grains de Soleil, con alcachofa, con cilantro, con albahaca, con berenjena… Su empresa elabora artesanalmente sal y flor de sal de la isla y exporta a todo el mundo.

Otro puesto ineludible es, cómo no, Au Bon Saucisson. Aquí el único problema es decidirse por uno de los salchichones, tal es la variedad de recetas que preparan. Ya que estamos en Ré, nos decantamos por el salchichón al Pineau des Charentes, el vino típico de la región que se toma como aperitivo. Muy, muy rico.

Es una lástima que no podamos llevarnos unas patatitas de la isla, las famosas Pommes de Terre Primeur AOP de l’Ile de Ré, tan pequeñitas, tan dulces, que ahora están en plena temporada pero que se acaban rápido. No tenemos dónde cocerlas. Lo que sí metemos en nuestra cesta del picnic son los albaricoques y las fresitas de bosque Mara de Bois (nada que ver con el insípido fresón).

El puerto de Saint Martin de Ré
Sea cual sea nuestro “campo base” en la isla, por Saint Martin de Ré pasaremos varias veces al día: para desayunar en su puerto de buena mañana (si es posible coincidiendo con marea alta, que a nuestra fotógrafa María de Sagarra le impresiona mucho ver los barcos varados en mitad del puerto). A esa hora y en ese lugar se respira ese aire de relajada felicidad y civismo que hace que adoremos Francia. A Saint Martin iremos también de tiendas por las callejuelas que suben a la iglesia. Y a cenar marisco en un jardín.

El aperitivo con un buen Pineau des Charentes
Si cada maestrillo tiene su librillo, en Francia cada pueblecillo tiene su vinillo. Y en esta región lo que se impone a la hora del aperitivo es el pineau, un vino dulce a base de dos tercios de vino, que puede ser blanco elaborado con uva Ugni-Blanc, o tinto de uva Merlot, Cabernet Franc y Sauvignon, y un tercio de…. eau de vie de cognac.

Parece ser que el pineau, como a veces ocurre con las genialidades, surgió gracias a una metedura de pata: hacia 1590, un viticultor dejó caer torpemente mosto de uva en una barrica de aguardiente de cognac. Enfadado, el hombre arrinconó la barrica al fondo de su bodega. Al cabo de los años, con ocasión de una vendimia abundante, tuvo que recurrir a todas las barricas disponibles. Al vaciar la barrica con la mezcla “equivocada”, descubrió que se había producido una increíble metamorfosis: había nacido el primer pineau, un líquido límpido, afrutado. Al cabo de cuatro siglos, el pineau se sigue tomando como aperitivo y como digestivo. Y con foie está también buenísimo.

En la bodega cooperativa UniRé, el joven enólogo “maître de chai” (maestro bodeguero) Etienne Blanchon nos imparte una lección magistral sobre el proceso de destilado para obtener el aguardiente con el que luego se elaborarán el cognac y el pineau. Sí, lo desconocíamos, pero resulta que estamos aquí en la región de apelación de origen Cognac.

Las ostras
Hasta ahora no habíamos hablado de las ostras, una de las grandes fuentes de riqueza tradicionales, junto con la sal, la agricultura y el vino, de la Isla de Ré. ¿Por qué? Porque no somos unos fanáticos de estos moluscos bivalvos. Pero ¡oh, sorpresa!, resulta que las spéciales que cultiva Brigitte Berthelot en la granja ostreícola L’Huitrière en Ars en Ré nos han encantado. Y además Brigitte transmite tal pasión por su oficio que produce un efecto contagioso.

Brigitte está orgullosísima de que en su familia, originaria de la Isla de Ré desde los tiempos de Luis XIV, el oficio se transmite de madres a hijas desde 1987, y no de padres a hijos como manda la tradición. Y también está orgullosísima de su distribuidor auto-servicio, el tercero que existe en Francia y que permite comprar ostras a cualquier hora del día o de la noche, todos los días del año.

Lo cierto es que jamás imaginamos que un bicho tan aburrido como la ostra pudiese despertarnos tanto interés. Para empezar, no teníamos ni idea de que este animal prehistórico convivió con los dinosaurios hace 135 millones de años. Tampoco sabíamos que la ostra necesita tres años para alcanzar un tamaño comestible y que durante ese tiempo hay que trajinarla entre 30 y 50 veces. Ni que la ostra plana francesa, que ya se consumía en la época romana, ha sido sustituida por la japonesa, resistente al virus que acabó con toda la población de ostras en 1970 y que se ha aclimatado y se reproduce divinamente en estas aguas del Atlántico.

De forma natural, la ostra se incrusta en la roca y lo hace una sola vez en su vida. En los viveros de ostras se utilizan hoy tubos compactos. La ostra tiene hijitos, uno o dos, que a su vez se incrustan a la madre. Cuando han crecido hay que separarlos y entonces las ostras bebés y las ostras mamás, que tienen uno, dos y hasta tres años y ya no se van a adherir más a ningún objeto o bicho viviente, se colocan en sacos. Las más pequeñas se llevan mar adentro, donde no les afectan las mareas. Las ostras mayores se colocan en los viveros más cercanos a la costa, donde viven al ritmo de las mareas: cada día las mecen dos bajamares y dos pleamares. Algunas tienen el privilegio de asentarse en zonas ricas en alimentos y se convertirán con el tiempo en ostras gorditas y grasas, las más apreciadas, las spéciales.

Los viveros de ostras de Brigitte están en la mejor zona del Atlántico, la llamada de “captura natural”, el ecosistema perfecto para el cultivo de las ostras, por temperatura, mareas y nutrientes. La Huitrière de Ré es además el único vivero de la isla de Ré que al encontrarse en la parte más estrecha de la isla, coge agua del mar a la izquierda y a la derecha, algo muy importante sobre todo en periodo navideño, cuando el trajín es máximo y se necesitan grandes cantidades de agua para lavar y mantener las ostras cerca, en grandes viveros naturales, listas para expedir a toda Francia.

Guía práctica de la Isla de Ré

Dónde dormir
En Saint Martin de Ré, el Hotel la Jetée es un establecimiento muy agradable y familiar, junto al puerto. Tiene una corrala interior encantadora y el desayuno está preparado con mucho cariño.

También en Saint Martin, el exquisito Hôtel de Toiras, un clásico de Relais&Chateaux, y la maravillosa Villa Clarisse, también con el sello Relais&Chateaux. Su jardin interior y su piscina son imbatibles.

Le Corps de Garde es una bonita Maison d’Hôte en Saint Martin.

Nos encanta Le Bois Flottais, un pequeño hotel con spa en Les Bois Plage.

Dónde comer y cenar
Seguimos en Saint Martin: Coté Jardin, Le Bistrot du Marin y Les Embruns.

Y para cenar elegimos el encantador O Parloir, un restaurante con cocina mediterráneo-thai que es a la vez una galería de arte. Cenar en su jardín es una delicia.

Otro de nuestros lugares favoritos es La Cabane de la Patache al borde del mar, al norte de la isla.

De compras
Además de la flor de sal, las patatas, el vino y las ostras, en Le Bateau Phare encontramos cuchillos maravillosos y objetos marinos. Nos encantan las mermeladas de Les Papas Confituriers elaboradas con muy poco azúcar. En L’Ilot Createurs, en la islita dentro del puerto de Saint Martin, venden creaciones de artistas y artesanos locales, todo hecho a mano .

En la Flotte está nuestra tienda favorita en 7 rue du Marché: ropa, lámparas, telas y otros objetos de decoración

El mejor helado
Si vamos a estar pocos días en la Isla de Ré, recomendamos probar al menos un sabor cada día en la heladería artesanal La Martinière. Son realmente buenísimos.

Talasoterapia
Gracias a su larga fachada atlántica y a la extraordinaria calidad del agua marina de la Isla de Ré, la talasoterapia se ha desarrollado aquí de forma natural. Los tratamientos que ofrecen los tres centros de la isla son excelente para la piel, las articulaciones, los músculos y el metabolismo.

Visitas imprescindibles
El Faro de las Ballenas, que data de 1854 y con sus 257 escalones es uno de los más altos de Europa, y la abadía des Châteliers, del siglo XII y fundada por monjes cistercienses. Actualmente está en restauración.

Alquiler de bicis y deportes náuticos
En las oficinas de turismo de cada pueblo nos proporcionan un mapa de los carriles bici y nos facilitan información práctica sobre cualquier deporte que se puede practicar en la isla.

Cómo llegar
Air Nostrum es la primera aerolínea por número de operaciones en las rutas de Madrid con ciudades francesas. La conexión directa con Nantes a través de Air Nostrum dispone de ocho frecuencias semanales. El vuelo tiene una duración de una hora y 35 minutos.

Información en las webs
Isladere.es
locations-ile-re.com
Destination ile de re

Para quien desee conocer más a fondo los vinos, el cognac y el pineau de la Isla de Ré

De las 600 hectáreas de viñedos que hay en la Isla de Ré y que pertenecen a la apelación de origen Cognac, 300 son de la variedad Ugni-Blanc, destinada a la producción de este licor: son vinos de baja graduación que se prestan a la elaboración de aguardientes de gran calidad, muy estables y que evolucionan ganando riqueza aromática.

La destilado se realiza tras la vendimia a mediados de noviembre y se trabaja durante un mes sin parar, haciendo turnos. Los 7 días de la semana y las 24 horas del día, para no interrumpir el calor necesario en el proceso de destilación. Para que el aguardiente se considere cognac se exige una doble destilación, primero en un gran alambique de cobre del que se obtiene un primer producto con una graduación de 30º y después en un alambique más pequeño, para la segunda destilación. Se obtiene así el coeur de chauffe que con el tiempo en barrica de roble francés se convertirá en cognac.

Una vez el aguardiente sale de la destilería, se traslada a la bodega, donde permanecerá en barrica y envejecerá hasta convertirse en cognac. El roble francés, cuya madera estará más o menos tostada, completará con el tiempo la paleta aromática del aguardiente, añadiendo notas de madera, vainilla, especias, café…

La madera de roble, al ser porosa, permite que entre una pequeña cantidad de oxígeno, lo que permite el envejecimiento del aguardiente. Si al salir del alambique el líquido es totalmente transparente, la oxidación le da una coloración ámbar, dorada. Al cabo de un año en barrica, el aguardiente es menos agresivo, los alcoholes mas fuertes se han evaporado y solo quedan los más suaves. Se requiere un envejecimiento mínimo de dos años para calificar este eau de vie como cognac. A la parte de alcohol que se evapora, los franceses le llaman poéticamente la part des anges, la parte de los angeles.

El mismo aguardiente que sale de la destilería se utiliza para elaborar el pineau. Se mezclan en la cuba 2/3 de mosto y 1/3 de eau de vie. La graduación es de 17,5º. Exactamente a ese grado de alcohol las levaduras no pueden realizar la fermentación, no pueden transformar el azúcar en alcohol. Y por eso el azúcar del mosto permanece y hace que el pineau sea un aperitivo dulce. Una vez mezclado el mosto con el aguardiente, toca esperar. El tiempo hace su trabajo y crea la asociación perfecta. Al cabo de tres años en barrica obtenemos el pineau blanco, dos años para el tinto. Si hablamos de un vieux pineau blanc, serán como mínimo cinco años.

Conclusión: nos hemos quedado sin conocer a los famosos burritos con pantalones típicos de la isla, de modo que no nos va a quedar más remedio que volver pronto.

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