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El broche de oro tras una visita a la isla principal de Malta, La ValetaIslas de Gozo y Comino, Malta

Todos tenemos ganas de zambullirnos en estas aguas. Pero mejor cuando se haya marchado todo el mundo.

Si “el cielo puede esperar”, Gozo y Comino también pueden hacerlo. Salvo si eres un veinteañero con ganas de juerga y de practicar inglés, o un submarinista al que se le echa la noche encima entre pecios, te recomendamos esperar. A partir de septiembre, la pequeña Gozo y la minúscula Comino recuperan su ritmo y su alma. Ambas son el broche perfecto a un viaje a la isla principal de Malta, La Valeta, una joya desde el punto de vista histórico, cultural y arquitectónico.

Todos tenemos dos caras, o varias. Hasta el idílico Caribe se convierte en un tormento en época de huracanes. A estas tranquilas islas maltesas con personalidad propia, las avalanchas les llegan en forma de turistas durante los meses de julio y agosto. Reservémosles unos días a comienzos de otoño o en primavera, o incluso en noviembre, cuando el verano se alarga cálidamente en esta región del Mediterráneo, y entonces nos mostrarán su mejor perfil.

Hemos tenido ocasión de comprobar, y en esto coinciden oriundos y extranjeros residentes, que Gozo y Comino resultan mucho más interesantes por lo que ocultan que por lo que muestran a primera vista. Aunque pueden alardear de paisajes tan espectaculares como la famosísima y archifotografiada Ventana Azul en Gozo, reciente escenario de la película “Juego de Tronos”, o la Laguna Azul en Comino, donde se zambullía Madonna en “Barridos por la marea”, de Guy Ritchie, lo cierto es que para ahondar en sus tesoros escondidos, es aconsejable recorrerlas con calma, a diferentes horas del día y de la noche, adaptarse a su ritmo y dejarse llevar. Si uno logra sentir estas islas, Gozo y Comino sabrán recompensarle.

Gozo
Con sus escuetos catorce kilómetros de largo por siete de ancho, Gozo es lo que debió de ser Malta hace veinte o treinta años. La gente aún deja las llaves de casa colgando de la cerradura (por fuera, se entiende). No nos extrañaría nada que esta pequeña isla, si logran triunfar el sentido común y el buen gusto, acabase convertida en refugio de artistas, remanso de paz de gente que va en busca de una vida más “humana” y auténtica.

A sólo 20 minutos en ferry de Malta-La Valeta, la vida, el tiempo, parecen detenerse nada más desembarcar. Se nos había olvidado la parsimonia con la que puede transcurrir un día, ¡y vive Dios que este ritmo nos sienta bien! Hasta hace poco, todavía se circulaba en burrito por las calles de los pueblos y aún hoy, la principal actividad festiva de los lugareños consiste en ir a comprar pasteles tras la misa dominical, o sentarse a la fresca por la noche alrededor de la plaza del pueblo, a charlar con los vecinos. En Gozo la gente sigue estando estrechamente vinculada a su comunidad. Siendo como son profundamente católicos (que no se nos ocurra hacer topless en las playas), más que la Navidad o la Pascua, los habitantes de Gozo celebran por todo lo alto la fiesta de su pueblo. La devoción que sienten los andaluces por su Cristo o su Virgen particulares no son nada comparado con la pasión que levantan en Nadur San Pedro y San Pablo, patronos de esta localidad, o San Jorge en Rabat, o Santa María del Carmelo en Xlendi. Nos llama la atención el orgullo “nacionalista” de cada vecino y cómo cada pueblo rivaliza con el de al lado: cada uno quiere tener la iglesia más alta, con la cúpula de mayores dimensiones, los fuegos artificiales más espectaculares y las calles mejor engalanadas. Las rivalidades, en forma de chascarrillos, llegan incluso al punto de desear “que te cases con uno de Xlendi, nunca con uno de Nadur”. Teniendo en cuenta que la población de Gozo es de unos 37.000 habitantes, la endogamia está garantizada.

A principios de junio nos encontramos la plaza de Nadur, y las del resto de los pueblos de la isla, totalmente levantadas, con obreros y albañiles, nacionales y emigrantes africanos, haciendo turnos de 24 horas para terminar a tiempo las obras de acondicionamiento. Las celebraciones que rinden culto al santo patrono comienzan una semana antes de la festividad. Entonces el pueblo se llena de gente, la banda de música local recorre las calles, los feligreses llaman a las puertas de las casas y todos, religiosamente, aportan su aguinaldo para el sostenimiento de su parroquia (nos hemos enterado de que en Gozo hay aun más curas que en Malta); en los tejados y fachadas de las casas ondean grandes banderas, algunas extranjeras que delatan la proveniencia de sus moradores, emigrantes en Australia, Canadá o Estados Unidos. Aunque hoy el paro en Malta está por debajo de un envidiable 6%, esta ha sido tradicionalmente tierra de emigración.

Qué ver en Gozo
De visita obligada en Gozo es el Templo de Ggantija, la estructura autoportante más antigua del mundo. Este patrimonio de la Unesco incluye dos templos megalíticos que datan del 3.600-3.200 AC, anteriores a Stonehenge en Inglaterra. El templo del sur, el más antiguo, se cree estuvo dedicado a una diosa y en él se congregan hoy sectas que celebran rituales con chamanes, sesiones de percusión y cánticos en honor a la madre naturaleza. Son interesantes también las Salinas de Qbajjar, especialmente por el paisaje de mar y rocas calizas que las rodean y las tonalidades tan diferentes que adoptan según la luz. Con 350 años de historia, su explotación hoy es meramente anecdótica, pero ahí está ese señor bajo la sombrilla vendiendo saquitos de sal marina, rica en minerales.

Comino
Comino es ese pedrusco que dejamos a estribor cuando navegamos de Malta a Gozo: una isla minúscula pelada y casi deshabitada, coronada por una Torre que en la película de El Conde de Montecristo hacía las veces de Château d’If. Al margen de los turistas que se alojan en verano en los dos hoteles de la isla y en el camping, en Comino residen permanentemente solo cuatro personas (dos señoras de unos 80 años y dos hermanos, de unos 50, que se quedaron aquí cuando el resto de la familia emigró a Australia). Uno de ellos, conocido como “el rey de Comino”, parece que se ocupa de que todo en la isla esté en orden.

Aquí el plan es rodear la isla en barco, nadar en la Laguna Azul, bucear, explorar las cuevas (también la del Conde de Montecristo, con su playita en penumbra al fondo), y sobre todo hacer submarinismo, una de las actividades estrella de estas islas, que con sus casi 30 metros de visibilidad en profundidad son de las más apetecidas del Mediterráneo. Hace poco, la Marina hundió un viejo buque a 10 metros de profundidad para facilitar la práctica a los submarinistas novatos, y por la zona hay muchos barcos hundidos durante la 2ª Guerra Mundial: a falta de corales, pecios.

Actividades en Gozo y Comino
Aquí, ya lo decíamos, las cosas funcionan como antes, la gente tiene tiempo y te lo dedica generosamente, y es fácil hacer amigos. Son ellos los que nos guían por la isla y nos descubren y comparten con nosotros sus rincones favoritos. Todo un lujo.

Simone Bottai, un joven italiano de la Toscana que trabaja para Gozo Adventures, llegó hace más de un año a Malta con la idea de pasar una semana de vacaciones y se quedó. “Gozo te pone a prueba durante un mes. Si la superas, te quedas y eres feliz”. Intuimos que la cosa va de desprenderse de lo superfluo, y “si eres capaz de hacerlo, entonces, amigo, aquí te quedas tan tranquilo a vivir para siempre”. Nuestra recomendación es ponerse en sus manos durante un par de días quizá; a partir de ahí, uno se siente como pez en el agua y luego el resto ya va rodado.

Gozo Adventures organiza excursiones en kayak, salidas de snorkeling, rutas de senderismo, escalada, escapadas en bici, ecotours, y lo que ellos llaman “activity days”: jornadas diseñadas para descubrir las islas, que combinan varias actividades en un día. Por ejemplo, puedes salir de buena mañana a navegar por Comino, antes de que lleguen los barcos piratas cargados de turistas hasta arriba de gintonics, y después pasar la tarde recorriendo la costa este de Gozo en bici. Con ellos pasamos una mañana buceando en la cala alargada y estrecha de Mgarr ix-Xini, escenario durante cinco meses del rodaje de “By the Sea”, la película aún sin estrenar de Brad Pitt y Angelina Jolie.

“La excursión en kayak al atardecer, entre las 6 y las 8.30 en verano, desde la bahía de Dwejra hasta la Ventana Azul, es una experiencia irrepetible. Llevo en esta isla más de un año, y cada día es diferente”. La Ventana Azul es un impresionante arco de piedra de una altura de 20 metros. Cualquier día de estos se quiebra y adiós Ventana Azul. Pero no importa: el transcurso del tiempo y la labor incansable del viento y las olas construirán otra. El lugar es impactante, tanto desde las alturas como desde abajo, una piscina natural cristalina y escondida rodeada de acantilados a la que accedemos vadeando. Por un estrecho canal se accede a mar abierto. Simone nos propone salir a bucear por la noche (“en una noche oscura, consigues ver las estrellas dentro del agua. Es un espectáculo”), o a caminar al atardecer en Comino, desde la torre de Santa María hasta la bahía del mismo nombre, y hacer acampada libre en el bosquecillo detrás de la playa. “Dos veces al año, antes y después del verano, se celebra en Comino la ‘cleaning party’: la ONG Why Not de Malta reúne a voluntarios: piragüistas, buzos, escaladores, a veces llegamos a ser varios cientos de personas, y durante tres días nos dedicamos a limpiar la isla. Por la noche hay jam sessions. Dejamos la isla como la patena”.

Simone conoce cada cueva y cada acantilado de las islas, sabe cuál es el lugar ideal para sentarse con una Cisk, la riquísima cerveza local, a contemplar el atardecer en cualquier época del año, nos habla de la que él considera la verdadera cueva donde Calypso retuvo tantos años a Ulises, muy cerca de Ramla Bay, a la que solo se puede acceder si el campesino propietario de las tierras te permite la entrada y que nada tiene que ver con la “cueva oficial”. Y de otro lugar especial para contemplar la salida de la luna llena: un lugar salvaje entre Sannat y Xlendi, en los acantilados de Sanap en Munxar. Otro de sus lugares favoritos para cenar frente a la puesta de sol: la plaza de Zebbug, en lo alto de la colina, en la terraza del centro parroquial orientada al oeste, donde sirven (palabra de italiano toscano) una buenísima pizza. Y hay más rincones secretos, como uno en San Blas, pero hemos prometido no desvelarlos. Habrá que ir en persona, en compañía de un isleño, (valen también los importados). En fin, pura naturaleza, puros momentos sencillos llenos de belleza. Como dice Simone: “Gozo is tiny but with a big heart”.

Dónde dormir y comer
Otro de nuestros grandes descubrimientos en Gozo son Patti y Giuseppe Piazzi, los adorables propietarios del hotel Thirtysevengozo, la dirección más hedonista de toda Malta, sin duda alguna. Ganas nos entran de comprar una ruinita en esa misma calle, arreglarla, y tenerlos para siempre de vecinos. Ellos también han compartido con Elhedonista sus rincones favoritos en Gozo.

Si por cualquier motivo no podemos alojarnos en Thirtysevengozo, podemos probar otro hotel tipo guesthouse en Nadur, el Quaint Boutique Hotel. De esta localidad es Jonathan, nuestro skipper de Joyride Watersports y a él le debemos el haber podido confraternizar con los habitantes de Nadur. Una de las mejores pizzas que hemos probado nunca nos la sirvieron en el bar Rabbok. Por cierto que las raciones en Gozo y Malta son pantagruélicas. Después de la pizza, cruzamos al otro lado de la plaza principal para seguir dándole a la Cisk en el bar de Giova, el Gebuba.

Compras
¿Tiendas recomendables en Gozo? Felizmente, ninguna. Gozo es una cura de desintoxicación consumista. Tan solo nos llevamos varios botes de tomates secados al viento del norte, el que no es húmedo, que saben delicioso con el queso de cabra o de oveja de la isla acompañados de alcaparras, además del extraordinario tomate concentrado de Gozo, el más natural y exquisito del mundo. Si no facturas maleta, mejor comprarlo en el aeropuerto, porque aunque es denso y sólido, no líquido, te lo confiscan los de la seguridad.

Malta, Gozo y Comino en el cine
Casi todos los habitantes de Gozo han aparecido como extras en las grandes producciones que se han rodado en Malta: el Conde de Montecristo, Troya, Juego de Tronos, Agora de Amenabar, Gladiator, la aun sin estrenar By the Sea, con Brad y Angelina… La gente está tan orgullosa de su trabajo que te cuenta mil y una anécdotas de los rodajes y cotilleos de las fiestas que se celebran al finalizarlos. Malta es el Hollywood del Mediterráneo. Ahora están un poco dolidos con Croacia, que les hace la competencia y ha conseguido llevarse hasta allí la segunda parte de Juego de Tronos.

Wifi y enchufes
Aunque conviene desconectar de internet de vez en cuando, en Malta y Gozo no te lo ponen fácil: el wifi gratuito está en todas partes. Aunque no sea más que para mandar fotos espectaculares a los amigos, lo agradecemos mucho. Los enchufes son como los británicos, de tres clavijas, pero ahora están adaptados al formato de Europa continental.

El idioma maltés
En Malta se hablan dos lenguas oficiales: el maltés y el inglés. El maltés es una lengua semítica, la única que se escribe en abecedario latino, y mezcla el árabe con algunas palabras de inglés e italiano. Parece que los árabes entienden mejor a los malteses que viceversa. Y curiosamente esa mezcla de lenguas hace que los malteses gesticulen con las manos, a veces como los italianos y a veces como los habitantes del norte de África.

La mejor forma de volar a Malta es con Vueling, con salidas desde Madrid, Barcelona y Roma.

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