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Kapingamarangi, desaparecer del mapa

Es el atolón más meridional de la Micronesia, es el lugar ideal para desaparecer del mapa.

¿A que se os ha pasado la idea por la cabeza más de una vez? Hartos de todo, soñamos con escapar a una isla paradisíaca y desaparecer del mapa. Adiós problemas.
Pues estamos de enhorabuena: el paraíso perdido existe. En Kapingamarangi, el atolón más meridional de la Micronesia, en el Océano Pacífico, sus habitantes (¡atención!) no necesitan nada y son felices.

En Kapingamarangi no hay radio convencional, ni televisión, ni cobertura móvil, ni por supuesto Internet. Debe ser el único lugar del planeta donde ni se ve ni se juega al fútbol. Tampoco hay lugar para el aburrimiento. Los kapingas son uno de los pueblos más amables, alegres y hospitalarios del planeta y entre ellos hay un gran espíritu comunal. Se consideran una gran familia, conviven en armonía y, al caer la tarde, disfrutan del ocio siempre compartido: juegan a las cartas, se reúnen bajo una palapa al atardecer para ver películas en DVD…

Estas gentes tienen poquísimo contacto con el mundo occidental. Ni nos necesitan ni les interesamos. Los kapingas llevan una economía de pura subsistencia: se dedican a la pesca y navegan en piraguas muy estrechas y alargadas con las que llegan a internarse hasta 2 millas mar adentro, y cultivan el taro, un tubérculo entre la patata y el boniato que es la base de su alimentación, la calabaza, el árbol de pan, bananas, limas y otras frutas tropicales. También tienen gallinas y cerdos y son, sobre todo, excelentes artesanos.

El atolón de Kapingamarangi tiene una superficie emergida de sólo 1,1 km², repartidos en 33 islotes, de los cuales sólo dos están habitados. En total viven allí 350 personas, según el último censo oficial, y ¡sorpresa! muchos de ellos tienen nombres y apellidos de origen hispano, como Rosario, Pedro, Teresa o Rodríguez.

Sucede que Kapingamarangi tiene un pasado español. El atolón fue avistada por primera vez en 1537 por el navegante segoviano Hernando de Grijalva y aunque actualmente pertenece al estado de Pohnpei, Estados Federados de la Micronesia, históricamente fue una de las Islas Carolinas, conocidas como la “Micronesia Española”.

Aparte de los nombres de sus habitantes, quedan pocos vestigios de su pasado español: la religión (un 50% de la población kapinga es católica) y los restos de una muralla a la que llaman “Spanish Wall”.

Llegar a Kapingamarangi no es fácil. Para empezar, la aventura al paraíso más natural e inaccesible comienza con una larga travesía aérea que atraviesa medio mundo hasta llegar a Pohnpei, donde se encuentra el aeropuerto más cercano a Kapingamarangi. Una vez allí es posible negociar un transporte con pequeñas embarcaciones de recreo, comerciales o pesqueras. La travesía de 420 millas náuticas requiere cuatro días de navegación, si el viento acompaña. Y cuando al fin se avistan las sugerentes líneas que forman sus costas, aun queda un último obstáculo antes de arribar: pasar con el barco por el único, zigzagueante y angosto paso oceánico que comunica el atolón con mar abierto.

Kapingamarangi, un paraíso ideal para desaparecer del mapa y al que ahora se puede llegar de la mano de TriNa.

Una respuesta a Kapingamarangi, desaparecer del mapa

  1. Pablo dijo:

    sin internet, 4 días de navegación para llegar, dos islotes con 350 personas…
    infierno o paraíso? :-)

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