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El lugar donde nació el autor de ‘El último encuentro’Košice, la ciudad de Sándor Márai

La localidad más animada de Eslovaquia conserva un importante patrimonio histórico

Si el escritor Sándor Márai naciera ahora sería de Eslovaquia, pero Košice era de Hungría cuando él vino al mundo, en 1900. Las gentes de Košice se sienten de Košice antes que eslovacos, húngaros o checos. Este lugar ha cambiado de nacionalidad según ha decidido la historia, las guerras y los políticos, pero su vitalidad sigue siendo la misma.

El hombre universal que fue Sándor Márai siempre llevó en su corazón Košice, el hogar de su infancia, donde creció, escribió y amó.

Košice es la sonrisa de Eslovaquia, está llena de vida. La gente sale de casa con la llamada de un rayo de sol y también cuando las calles se pintan de nieve. Durante ese frío centroeuropeo, las animadas terrazas se recogen, pero cualquier pretexto es bueno para quedar en un cálido café o cenar en un acogedor restaurante. Hay un magnífico teatro que a veces programa obras del Márai dramaturgo, y dos universidades que nutren de gente joven esta ciudad dispuesta a no perderse nada de lo que ocurra de puertas afuera.

Imprescindible en un viaje a Eslovaquia

La segunda ciudad más poblada de Eslovaquia, no llega a los 250.000 habitantes. Es pequeña, pero no menor. Imprescindible en un viaje a Eslovaquia o como destino único, sin más pretextos.

El centro histórico es peatonal, con una vía incrustada que permanece solo como recuerdo de un ferrocarril minero que hizo próspera la zona y permitió que la rica burguesía del XIX levantara sus airosos palacios. La música clásica suena en las plazas marcando el ritmo a los chorros de las fuentes y cada sesenta minutos, durante uno entero, las campanas se ponen como locas, como si fuera una novedad, como si no pasara lo mismo que hace una hora y otra.

Del siglo XIV hay un catedral gótica, de nombre Santa Isabel, la más grande de Eslovaquia y la más oriental del mundo, que es para no perderse detalle. A su lado está la iglesia de San Miguel, más pequeña, pero más pura de estilo, construida tan solo en 20 años, de 1350 a 1370, una belleza. Hay varias sinagogas hermosísimas, abundan los ejemplos de arquitectura barroca y los casos notables de art noveau. Y un palacio neogótico con aire de cuento. Cada edificio es para detenerse porque aquí hubo una nobleza que no reparaba en gastos.

El escritor que declaró que «la burguesía es una forma de vida», y una clase a la que él pertenecía, pasaba su tiempo en cafés, disfrutaba de encontrarse con otros escritores, amaba el buen vino y también a su esposa, Lola, la mujer de Košice con la que compartió 60 años de su vida.

Cuando llegó el nazismo, Márai alzó su escritura en contra, y cuando aterrizó el comunismo, decidió marcharse. Nadie se metió con él, porque ya era famoso en todo el mundo, estaba en el podio a la misma altura que Stefan Zweig, pero su obra fue silenciada por el régimen: era un burgués. Sus libros dejaron de venderse, en los colegios no se habló más de él, en las enciclopedias a lo sumo una línea, como para un autor menor.

Márai y más

Hoy en cambio, Košice venera a su escritor. Allí continúa la casa donde nació, el hotel al que volvía mientras vivió en Budapest, la vivienda familiar de Lola, los lugares a los que hizo referencia en sus obras, el Márai Memorial House y las esculturas callejeras en su honor. También están las plazas, las flores, los cafés, las bicicletas, las fuentes, los elegantes comercios, las risas de los niños.

En su exilio sin fin, Sándor Márai siguió escribiendo novelas, artículos, poemas, teatro, y continuó disfrutando de la vida como un burgués. Viejo, viudo y lúcido, decidió morirse con premeditación y alevosía en 1989.

La alegre Košice continúa disfrutando de la vida a los pies de su hermosa catedral, la que Márai describió como un símbolo de esperanza y persistencia. No se equivocó.

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