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La Rioja, en otoño (y siempre)

No importa el medio de transporte para conocer o redescubrir La Rioja. Su paisaje, viñedos, sierras, ríos y caminos, ahora, en otoño, están más bellos si cabe.

Viñedos, bosques y arboledas. Sierras y campos, que ahora descansan tras la siembra y la recogida. El otoño es ese momento en el que La Rioja se viste de rojo, naranja y ocre. El espectáculo visual es tal que se queda grabado para siempre en la memoria. 

Con frecuencia nos quedamos con los tópicos. Simplificamos regiones, comarcas y ciudades en dos ó tres aspectos conocidos. Sí, La Rioja es Logroño, es vino, son los pinchos de sus afamadas calles Laurel y San Juan. Es eso y mucho más. Esta tierra es, además, una maravilla natural.

Está dibujada por multitud de sierras: Cantabria, Demanda, Cameros, Cebollera… ¡y no son las únicas! Lo refrescan, riegan y enriquecen las aguas de ríos como el Ebro, el Iregua, el Najerilla, el Leza o el Oja, entre otros.

Flanqueada por Burgos, Soria, Zaragoza, Navarra y Álava, queremos explorarla en bicicleta y también a pie, por las sendas y caminos, también el que lleva a Santiago de Compostela, que la recorren de aquí allá.

Deseamos conocerla en coche, en moto… sobre ruedas, pero sin prisa, deteniendo la marcha en cualquier rincón inspirador. Antes de que llegue el invierno y su desnudez, el campo presume de vivos tonos ocres, naranjas, rojos, verdes… La belleza es indiscutible. Por algo, quienes viven en esta tierra -y quienes la aman desde cualquier lugar- esperan que el paisaje cultural del vino y el viñedo de La Rioja y La Rioja Alavesa sean declarados patrimonio mundial por la Unesco. Lo sabremos a finales de este año.

Hay más opciones para admirar La Rioja. A vista de pájaro, volando en globo con la empresa Arcoiris. Y que el miedo no sea un freno porque la experiencia es altamente recomendable. La cita es temprano, cuando el cielo está en calma, y el punto de partida dependerá de la idoneidad del viento. Puede ser desde un campo de cereal, en Ollaurí y, lentamente, con suavidad, sin darnos cuenta, ya estamos arriba (muy arriba).

Se contemplan los viñedos de la zona de Haro y municipios como San Vicente de la Sonsierra, Anguciana, Cihuri, Sajazarra… Sorprende el silencio apenas roto por el quemador que permite ascender un poco más para, quizás, coincidir con una corriente e ir más rápido. O más lento. Abajo la vida continúa: los perros ladran madrugadores, los corzos corren asustados… Es cuestión de una hora que pasa, precisamente, volando.

Así, sin darnos cuenta, transcurre otra visita más a esta tierra rica y generosa. Aunque la hemos paseado, pedaleado y recorrido en diferentes vehículos, lo bueno es que quedan cosas pendientes… Así que, ¡hasta la próxima, nos vemos en La Rioja!

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