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Vibrante y con una intensa vida nocturna así como culturalLiverpool, más allá de los Beatles

Recorremos y vivimos durante 48 horas la ciudad que vio nacer a la mítica banda. Pero no solo de música vive el hombre.

Liverpool juega con desventaja. Es una ciudad que no suele contemplarse como escapada a no ser que entre las pasiones de uno se cuenten los Beatles o un familiar haya hecho las maletas y buscado mejor suerte allí. Desmontamos tópicos y descubrimos que es un destino realmente moderno y con una oferta cultural y de ocio abrumadora. Programar un viaje a Liverpool es altamente recomendable. 

Sí, ha leído bien: brinda tanto en tan poco espacio que puede abrumar. Resulta tan sorprendente, atractiva y apetecible que uno llega a lamentar no haberla descubierto antes y formula el deseo de regresar pronto. Pero no siempre fue así. Para entender el momento actual, hay que echar un vistazo a su pasado.

La actividad portuaria ha marcado su esencia. Ha sido escenario clave de la revolución industrial, en lo bueno y en lo malo. De forma que cuando se vivió la época dorada del comercio marítimo, éste representaba el 40% de la economía del país y el 70% de la ciudad. Junto con las luces, las sombras. Y a las múltiples mercancías que circularon, es decir que entraron y salieron del puerto de Liverpool, hay que sumar las personas. El actual International Slavery Museum, enclavado en Albert Dock, da cuenta de ello.

El comienzo del siglo XIX vino marcado por una extrema desigualdad y pobreza. Los estibadores sufrieron en sus carnes los avances y nuevas localizaciones de la industria y la consiguiente desaparición de multitud de puestos de trabajo. Liverpool siempre ha sido conocida por ser de izquierdas y porque los movimientos sociales nunca permanecieron callados y se echaron a las calles, por ejemplo a la explanada de Lane Street. Con la llegada de los años 80, se hundió en una grave depresión y el mundo configuró la imagen de una ciudad con altos índices de delincuencia y sin futuro a la vista.

Hoy por hoy, la inseguridad y la atmósfera de desánimo ya no se palpan en el ambiente. Nada hay que temer y es conocido el buen carácter y hospitalidad de sus habitantes. Si bien, hay un antes y un después en torno a un año clave: 2008. Entonces fue declarada Capital Europea de la Cultura y se produjo el despegue para convertirse en la ciudad abierta y estimulante que es.

Gracias a la inversión económica y al desarrollo cultural, ha pasado a ser un lugar vibrante, con una activa vida universitaria y una oferta de bares, restaurantes, teatros y museos de primer nivel. De hecho, tras Londres, es la ciudad del Reino Unido con mayor número de museos y galerías de arte. Entre ellos, es de obligada visita, cómo no, la Tate Gallery.

Que exista una delegación en Liverpool no es casual. Y es que Henry Tate, fundador del emporio azucarero y coleccionista de arte, nació aquí. Como tampoco es casual que se sitúe en el puerto, en Albert Dock, que presume de lavado de cara, bonitos edificios de ladrillo, piedra y hierro, y que concentra a turistas y ciudadanos que pasean a orillas del río Mersey y disfrutan de unas privilegiadas vistas.

Muy cerca, en Pier Head, se encuentran tres edificios emblemáticos: Royal Liver Building coronado por el Liver Bird, pájaro emblema de la ciudad; Cunard Building y el Edificio del Puerto de Liverpool. Los tres son popularmente conocidos como ‘Las tres Gracias’.

Si damos la espalda al Río Mersey y dirigimos nuestros pasos hacia el centro, descubriremos el ayuntamiento y su entorno de oficinas y actividad empresarial. Conviene, además, acercarse hasta la zona de St. George’s Quarter, porque se encuentran los jardines de St. John y se levantan el World Museum, la Librería Central con una sala de lectura espectacular y unas bellas vistas desde su terraza, y Walker Art Gallery.

En cuanto a Liverpool One, en pleno corazón de la ciudad, es una gigantesca área comercial. Por suerte, a un paso, todavía se conservan lugares con otro ritmo y estilo, como The Blue Coat, que concentra alguna librería de segunda mano, galerías, tiendas así como un coqueto restaurante con terraza.

En cuanto a monumentos de carácter religioso, llama la atención la Catedral metropolitana, abierta al culto católico y construida entre 1962-1967 por Frederick Gibberd. También la Catedral anglicana, proyectada por Giles Gilbert Scott, diseñador además de la famosa cabina de teléfonos de Reino Unido. Las obras se iniciaron en 1904 y fueron concluidas en 1978. Sin pasar por alto, St. Lukes Church, que permanece destruida, como muestra de lo que aconteció durante los bombardeos de 1941, en la Segunda Guerra Mundial.

Y los Beatles, por supuesto. No, nos olvidamos de ellos. ¡Cómo hacerlo! Sabemos que se ame su música o se prefiera la de los Rolling Stones, la visita no puede pasar por alto calles como Matthew Street, animada y bulliciosa a cualquier hora. Allí se situaba el mítico local en cuyo escenario alcanzaron la fama la banda: The Cavern.

La primera vez que se subieron al escenario fue en 1961, concretamente el 21 de febrero, y no faltaron a la cita durante otras 292 noches. Ante tamaño éxito, local y mundial, la vista de multitud de productores de discográficas y artistas se volvió hacia esta ciudad. Por fin, había sonido más allá de Londres.

El club clausuró su actividad en marzo de 1973 ante las obras de construcción de la línea subterránea del tren y, en 1984, volvió a reconstruirse, utilizando incluso parte de los ladrillos, pero a unos metros de distancia. La suerte no acompañó al proyecto y, tras 18 meses, volvió a cerrar las puertas. Sería en 1991 cuando se reabriera y, en la actualidad, la programación en vivo sigue siendo atractiva y nutrida.

El que sí permanece en pie es el original The Grapes, el pub en el que los Beatles se reunían antes de cada concierto para tomar una pinta de cerveza. En cualquier caso, quienes adoren al mítico grupo, no deberían perderse su museo, en Albert Dock. Antes de abandonar Matthew Street, señalar que en el número ocho se encuentra la tienda de la icónica diseñadora Vivienne Westwood.

Como decimos, la música es parte esencial del entramado vital de esta ciudad. La lista de locales con actuaciones en vivo es interminable y conviene tener en cuenta la programación, por ejemplo, de The Philarmonic. Antes o después del concierto, un buen lugar para reunirse y tomar una cerveza es The Philarmonic Dining Rooms y si se prefiere un café, justo enfrente se encuentra 92º Coffee, en el cruce entre Hope y Hardman Street. Este coqueto local y tienda de café se ubica en la antigua Royal Liverpool School for the Blind, fundada en 1851. En el número 13 de Hardman, otra dirección a tener en cuenta es Fly in the loaf, con muy buen ambiente e ideal para cenar o tomar un copa.

Dada la actividad portuaria, nació el asentamiento de población China Town, cuya puerta, en Nelson Street, es la segunda más grande del mundo. Su oferta de restaurantes, cómo no, es interesante. Pero si se busca gastronomía japonesa, en la zona del ayuntamiento, Etsu Restaurant es un coqueto y exquisito establecimiento. La relación calidad-precio es sobresaliente.

En el mapamundi hostelero no falta tampoco la tradición española y en los últimos meses han llegado, para quedarse, locales como Neón Jamón, Roja o Lunya, con tienda delicatessen incluida. Para cerrar el capítulo gastronómico, dos últimas recomendaciones: Pen Factory y Host.

Nuestras 48 horas todavía no concluyen. Hay tiempo para conocer un área muy de moda: Baltic Triangle. Donde antes hubo naves industriales y fábricas, ahora hay inmensos e inquietos negocios de hostelería, diseño y producción artística.

Nos referimos a espacios de reciente apertura como Constellations, Unit 51 y Camp and Furnace. Este último con un célebre (y divertido) bingo que se celebra cada noche de jueves y el popular asado de los domingos. Que nadie espere lujo y sí dos amplísimos comedores, con mesas corridas y escenario incluido, sin mantel pero eso sí con una comida deliciosa y a muy buen precio.

En cuanto a hoteles, elegimos dos. The Hope Street Hotel, en el número 40 de la calle homónima y con oferta culinaria y de ocio en The London Carriage Works. Y a un paso de Matthew Street, Hard Days Night Hotel inspirado en los Beatles y con 110 habitaciones.

Las dimensiones geográficas y humanas de Liverpool, poco más de 465.000 habitantes, permiten descubrir el centro cómodamente y desear ir un poco más allá. A escasa distancia se encuentran interesantes rincones como Sefton Park y la animada calle Lark Lane, con galerías, tiendas, cafés y restaurantes deliciosos. Y en la playa de Crosby, hasta la que se puede llegar en tren, con parada en Waterloo, se levantan cien estatuas con forma humana. El título de la obra es Another Place y fueron realizadas por Anthony Gormley.

No cabe duda: Liverpool ocupa ya la lista de nuestros destinos favoritos.

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