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La visita a la ciudad sagrada debe planificarse con tiempoMachu Picchu, el viaje soñado

Entre septiembre y noviembre es buen momento para ir al Machu Picchu, un destino que figura en el ‘top ten’ de los imprescindibles. Y con razón.

Los viajes importantes se planifican con tiempo, pero el viaje al Machu Picchu se prepara casi desde la infancia: cuando uno ve por primera vez imágenes de este impresionante lugar sueña con que algún día irá allí. Y los sueños en ocasiones se cumplen.

El escenario no puede ser más espectacular. A casi 2.500 metros sobre el nivel del mar, se levantan, todavía más, las características montañas del Machu Picchu, esbeltas, picudas y repletas de vegetación. La mirada sube hacia las cimas de la cordillera central de los Andes y baja hacia el profundo cañón por donde corre como loco el río Urubamba.

Un lugar muy bien elegido. ¿Para qué? Da lo mismo. Ya fuera una ciudadela militar, un palacio, un santuario o todo a la vez, este es un sitio especial, de esos que la naturaleza nos ofrece pocas veces y en los que se entiende que alguien, antes que nosotros, haya querido quedarse. También el viajero que se sienta tranquilo a pasear sus ojos por aquí y por allá siente que podría permanecer sin hacer otra cosa que maravillarse hoy, mañana, pasado…

Si no hubiera más que paisaje en Machu Picchu sería igualmente una de esas siete maravillas que crecen cada año. Pero a la belleza exagerada de su naturaleza hay que sumar la de la historia. Los restos del poblado inca del siglo XV son un prodigio de la ingeniería y la arquitectura. El aprovechamiento del agua, los sistemas de drenaje, el emplazamiento de los cultivos, la prevención antisísmica, la cimentación, los guiños a la astronomía siguen hoy asombrando a los eruditos que estudian el yacimiento. A los legos les fascinará intuir la cantidad de curro necesaria para domesticar de esa manera la montaña, y también las piedras gigantescas que parecen acopladas para no separarse jamás.

Todos queremos ir

Algunos viajan desde la otra punta del planeta, llegan al Machu Picchu, lo ven y se vuelven su casa. Perú está abarrotado de lugares hermosos, pero si solo hay tiempo para una visita, el Machu Picchu basta para causar conmoción, como las pirámides en Egipto o el Partenón en Atenas.

Machu Picchu figura en todos los top ten de los lugares que hay que visitar. Eso significa que mucha gente está dispuesta a no perdérselo. Y sí, hay horas punta como en el metro.

La visita por cuenta propia está prohibida. La única manera de llegar es andando o en tren, y una vez en Aguas Calientes, a los pies de las montañas, solo se puede acceder al yacimiento en autobús.

La ruta a pie de 43 Km por el Camino Inca se hace en dos días, obligatoriamente con guía. Muchas agencias ofrecen alternativas más largas, con diferentes recorridos y distintos precios. En cualquier caso es imprescindible estar en forma y tener unos buenos pulmones.

Para el resto la mejor opción es el tren hasta Machu Picchu Pueblo, también llamado Aguas Calientes, atravesando el Valle Sagrado, desde Ollantaytambo. Peru Rail oferta otros puntos de partida y distintos tipos de trenes, todos agradables, los más lujosos bajo el nombre de Hiram Bingham, como era de suponer.

Planificar la ruta
Entre septiembre y noviembre es buen momento para ir; también a partir de marzo, una vez que pasen las lluvias más intensas, aunque el paisaje húmedo y boscoso del Machu Picchu exprime las nubes en cualquier mes del año.

Lo ideal es alojarse en Aguas Calientes al menos dos noches, y tomar los autobuses que suben constantemente al recinto. Como ocurre siempre, un guía que explique lo más importante nos hará ver mucho más de lo que parece. Allí encontraremos la posibilidad de contratar a alguno, pero mejor si lo hacemos previamente. Es necesario reservar con antelación para hacer el camino a pie, para ir en tren, para entrar al yacimiento, para todo.

El amanecer tiene muchos fans, pero no se ve porque cuando el sol consigue empezar a pintar las piedras ya lleva horas iluminando, interceptado por las montañas; además, hay muchísimos días con niebla, y también puede que cientos de turistas nos tapen el espectáculo. Las mejores horas son a partir de las doce o la una del mediodía y hasta que cierran, a las cinco de la tarde.

Hay que tomárselo con calma, pasar allí el día, recorrerlo todo, sentarse a mirar, disfrutar, sonreír… y soñar con que algún día volveremos.

3 respuestas a Machu Picchu, el viaje soñado

  1. gabriela dijo:

    ¡Maravilloso artículo!¡Gracias!

  2. feli dijo:

    como siempre me encanta como lo cuentas, la verdad, es un lugar maravilloso para el que no lo conozca todavia

  3. Pingback: Playas de Perú. El verano es ahora - El Hedonista - El Hedonista

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