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Todo el mundo ha querido conquistarla, pero ni siquiera los turistas lo han conseguidoMalta, la más deseada

Malta es un destino turístico fabuloso para los amantes del arte y la historia, pero también para los enamorados de las playas.

Todos conocemos Malta, aunque no lo sepamos. El archipiélago es el escenario habitual de tantas películas, series de televisión, anuncios y videoclips que es seguro que alguno habremos visto.

Gladiator, El conde de Montecristo, Troya, Ágora, El expreso de medianoche, El Código da Vinci, Byron, Juego de Tronos… Malta lleva más de 50 años alquilándose a los mejores productores porque es en sí misma un escenario de película. Por eso este pequeño archipiélago está a la última en estrenos y no tiene salas de proyección deficitarias, porque quien más quien menos ha trabajado de extra y acude para verse a sí mismo o criticar el papel que ha hecho su vecino, y comentar, de paso, que sí, que Angelina Jolie, vista al natural está aún más delgada que como se ve en pantalla.

Por el contrario, Malta gana se mire como se mire. El archipiélago está formado por cinco islas, unos islotes y unas cuantas rocas. Malta, Gozo y Comino son las únicas habitadas. Para hacernos una idea, la superficie total viene a ser como la mitad de la Comunidad de Madrid, aproximadamente, pero podemos asegurar que cunde muchísimo.

El litoral maltés es espectacular, perfecto para hacer todo eso que se hace en las buenas playas: tostarse vuelta y vuelta, nadar, navegar y maravillarse con sus acantilados rocosos y sus aguas de millones de colores. En esto Malta podría parecerse a otras bellas islas que salpican el mundo, pero lo verdaderamente diferenciador no es su naturaleza, sino su historia.

Poder de seducción

Malta ha sido objeto de deseo desde la antigüedad. Conserva una necrópolis de hace 5.000 años y templos neolíticos anteriores a Stonehenge y a las pirámides de Egipto. Ser una isla y estar en medio del ajetreado Mediterráneo es lo que tiene: fenicios, cartagineses, romanos, árabes, normandos y cualquiera que haya pasado por allí han querido conquistarla. Malta cuenta con ciudades amuralladas, fortificaciones y vestigios de las muchas culturas aposentadas primero por las bravas y después con cariño.

En 1565, nuestro Carlos V regaló las islas a los caballeros de la orden de San Juan, un cuerpo de origen benéfico y hospitalario que derivó en una legión de soldados nobles con mucho poder. Ellos fundaron La Valeta, capital de Malta, primera ciudad moderna de Europa, con un trazado de calles en cuadrícula y un eficaz sistema de alcantarillado diseñado por ingenieros y arquitectos, de ahí que suela decirse que es una ciudad creada «por caballeros para caballeros».

Que Malta sea especialmente bella se debe a que, durante siglos, sus gobernantes no solo tuvieron principios caballerescos, sino que además fueron nobles. Por eso pudieron dedicarse a embellecer la isla, cada uno con más ahínco que su predecesor.

Y debió de ser aún más hermosa. En el XVIII llegaron los franceses, luego los ingleses, los italianos, las guerras mundiales… y mucho de su esplendor quedó hecho añicos. Pero así todo, la capital maltesa conserva un buen número de edificios y fortificaciones intactos, y un puerto impresionante donde se comprende que todos hayan querido recalar.

En tan pequeña capital abruma la cantidad de visitas obligadas, como el suntuoso palacio del Gran Maestre del siglo XVI o la concatedral de San Juan, de la misma época, y un montón de interesantes museos. Hay que acercarse a Upper Baraka Garden para tener una vista de las tres ciudades: Senglea, Vittoriosa y Cospicua, que se despliegan a nuestros pies, en forma de U, en torno a ese puerto utilizado ya por los fenicios.

Si no se quiere recalar en cada uno de los 320 monumentos declarados, justifica el viaje a Malta el solo placer de pasear por sus calles estrechas y detenerse en las airosas plazas de esta ciudad Patrimonio de la Humanidad, o admirar su nuevo parlamento, obra de Renzo Piano, tan bien integrado en la estética y la historia de este país tan especial.

Planes para todos

La Valeta será Capital Europea de la Cultura en 2018, y cuesta imaginar qué más va a programar para entonces, cuando ahora ya tiene la agenda repleta de todo tipo de espectáculos, certámenes, muestras, festivales, competiciones, semanas teatrales, eventos deportivos, carnavales… Pero la isla tiene mucho más. Y todo está cerca.

Marsaxlokk es un pueblo pesquero donde la gente repinta sus barcos y vende el pescado del día; Mosta tiene una iglesia espectacular dedicada a Santa María de la Asunción, cuya cúpula es la cuarta más grande del mundo, algo que los malteses se ufanan en recalcar. Y luego está la fascinante Mdina, también conocida como Rabat, una ciudad amurallada habitada desde hace 4.000 años, con vestigios romanos, arquitectura medieval y palacios barrocos. Hay que ir a disfrutar de cada edificio de dorada piedra, de su puertas evocadoras y sus inmaculadas calles. Una belleza que corta la respiración.

Malta, la más deseada a lo largo de la historia, no ha perdido capacidad de seducción. Una población total de poco más de 400.000 habitantes está capacitada para recibir anualmente a un millón y medio de visitantes. El turismo es la principal fuente de ingresos de los malteses, y nadie mejor que ellos para ofrecer a cada uno justo lo que necesita.

El archipiélago maltés es un destino ideal para amantes de la cultura, pero también tiene lugares mágicos para los aficionados al dolce far niente. Su oferta es fabulosa para los deportistas y amantes de la aventura, para gente que disfruta con ver y dejarse ver en los garitos de moda, para los gastrónomos (y tragones: ¡en Malta las raciones son gigantescas!), para los que prefieren el silencio y para los que buscan el bullicio. Un lugar donde los que viajan con niños, los que se mueven de a dos y los que van solos por el mundo no van a sentirse extraños.

¿Quieres ir?

Si planificas un viaje a Malta, Vueling tiene vuelos directos desde Barcelona: 6 frecuencias semanales en julio, 7 en agosto, 4 en septiembre y 4 en octubre. Desde Madrid: 2 frecuencias semanales en julio, agosto, septiembre y octubre. Desde Roma (Fiumicino): 4 frecuencias semanales en julio, 7 en agosto, 4 en septiembre y 4 en octubre. Los precios por trayecto: dede 40 y 50 euros.

Todo el año es bueno para ir, porque las temperaturas no suelen bajar de los 15 grados y el sol hace acto de presencia casi 365 días al año. Cada mes, los malteses encuentran un pretexto para festejar algo. Si elegimos mayo, ya es posible bañarse sin ningún escalofrío; y cuando llega septiembre, Malta se pone deliciosa, con poca gente, temperaturas agradables y aguas cálidas.

En Malta todo el mundo habla inglés (es el segundo idioma oficial después del maltés), pero en estos sitios que viven principalmente del turismo todo el mundo chapurrea algunas palabras en italiano o español. Conocer las islas es fácil, porque todo está cerca y sería un sitio fabuloso para alquilar un coche, si no fuera porque hay un problema para quienes conducimos por el otro lado: los malteses circulan por la izquierda. La velocidad máxima en el país es de 65 km/h, quizá para que este lugar de 27 Km de longitud y menos de 200 Km de circunvalación costera se haga más largo, o también porque en Malta, por decirlo eufemísticamente, las normas básicas de circulación se interpretan muy libremente. A cambio, los taxis son baratos y hay un servicio de autobuses que lleva a todas partes.

LA SELECCIÓN DE EL HEDONISTA

Hoteles: Hotel Casa Ellul, céntrico, en un edificio del siglo XIX, remodelado con buen gusto. Hotel Palazzo Prince d’Orange, en un palacio barroco del siglo XVII, con magníficas vistas desde la terraza.

Cafés: Café Cordina, de 1837. Un clásico para tomar café, pasteles y helados artesanales.

Restaurantes: Don Berto, en Vittoriosa, una de las tres ciudades más antiguas de Malta, con vistas al puerto, sitio familiar con raciones gigantescas.

Excursiones: Pasar medio día en Palazzo Parisio, un palacio del siglo XIX que se puede visitar, con magníficos jardines y un agradable restaurante. 

Muy agradable: El paseo por Marsaxlokk, villa pesquera con barcos repintados y mercado, con lugares para comer buen pescado. Y Kalkara, un pequeño pueblecito al lado de las tres ciudades, lleno de niños y gentes locales bañándose. 

Un capricho: Visitar Mdina montados en segway.

Imprescindible: Un par de días, al menos, en Gozo, la isla vecina y una visita a Comino. 

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