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“Para viajar lejos, no hay mejor nave que un libro”. Emily Dickinson

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Escapadas

Las expediciones nocturnas para perseguir y dar caza a las auroras boreales suelen durar unas 4 ó 5 horasNoruegos del Norte

Los noruegos del norte habitan en torno al círculo polar ártico, el paralelo 66°33′ al norte del ecuador. Últimamente, esa línea imaginaria se ha puesto muy de moda. Quién no ha oído hablar de las auroras boreales.

Los noruegos del norte tienen un lío tremendo con el día y la noche. Lo mismo salen a esquiar a las cinco de la tarde después de cenar, en plena oscuridad invernal y a 20º bajo cero, que se ponen a dar una mano de pintura a la fachada pasada la medianoche, a pleno sol en verano. Están tan convencidos de que el mal tiempo no existe que la dura climatología ártica no les afecta. Se ponen la ropa adecuada, y tan campantes. Son mega-ricos (quinto país del mundo en renta per cápita), pero el petróleo y el gas, su principal fuente de riqueza junto con la pesca, no se les han subido a la cabeza. Son gente descomplicada y afable. En cuanto se juntan más de dos, algo inusual a veces pues el norte de Noruega es una de las regiones con menor densidad de población de Europa, no paran de charlar y reír amigablemente. Observándoles, nos entran ganas de aprender esta extraña lengua germánica, llena de vocales con palitos y sombreritos que se pronuncian raro: æ, ø, å. Otra de sus peculiaridades: sus casas no tienen persianas. Ya…, me dirán, ¡tampoco las tienen las de los holandeses! Cierto; pero en el norte de Noruega tiene más mérito porque en verano, el sol no se oculta en toda la noche. Como buenos protestantes/evangélicos luteranos, consideran que nada tienen que ocultar de puertas adentro y así viven de cara a la galería sin que a ningún vecino le dé por husmear, fisgar o cotillear. Raro, ¿no?

Los noruegos del norte habitan en torno al círculo polar ártico, el paralelo 66°33′ al norte del ecuador. Últimamente, esa línea imaginaria se ha puesto muy de moda. Quién no ha oído hablar de las auroras boreales … Instagram es el “culpable” de que todos queramos viajar al norte de Noruega para ser testigos de esa espectacular danza de luces de vivos colores que se deslizan en el firmamento. Pero…, ¡ay! No es fácil que se den las circunstancias idóneas para que el aire se ilumine como por arte de magia, aunque Instagram pretenda hacernos creer que basta con darle a un botón.

Los cazadores de auroras boreales

Si el objetivo número uno de nuestro viaje a la Noruega Ártica es observar una aurora boreal, haremos bien en seguirle la pista a un guía experto. Los “northern lights hunters”, cazadores de auroras boreales, son guías experimentados con un profundo conocimiento del Ártico y del dónde, cuándo y cómo observar este fenómeno. Para evitar frustraciones, haremos bien en consultar la previsión del tiempo antes de emprender viaje. Un buen anticiclón que garantice un cielo raso es condición sine qua non para que empiece el espectáculo. Las expediciones nocturnas para perseguir y dar caza a las auroras boreales suelen durar unas 4 o 5 horas.

Las esquiadoras nocturnas

Viajar al círculo polar ártico noruego es lo más parecido a emprender una expedición. Si en lugar de ir al norte viajásemos hacia el sur desde el ecuador, a esta misma latitud (66°33′) nos encontraríamos en plena Antártida, continente helado e inhabitable. Lo que hace habitable el norte de Noruega es la famosa corriente del golfo, ese flujo de agua cálida que se desplaza desde México hasta el Atlántico norte e impide que este territorio esté permanentemente congelado y el mar salpicado de icebergs. De hecho, suele hacer más calor en la costa del norte de Noruega que en la región de Oslo, al sur. Aunque lo de “calor” es un decir, porque en los días más fríos del invierno, la temperatura puede descender aquí a menos 30º.

A nuestra llegada a Mosjoen, en la zona costera de Helgeland, nos esperan Merethe Kvandal y Anita Sommerset. Saben que hemos hecho un largo viaje para llegar hasta aquí y parecen decididas a sumergirnos de inmediato en el estilo de vida nórdico. ¿Qué tal una excursión nocturna con raquetas de nieve para estirar las piernas? La furgoneta de Naturlige Helgeland nos traslada a la montaña que rodea Mosjoen, de 814 metros de altura. Como todas las montañas de la región de Helgeland en particular y del norte de Noruega en general, estas formaciones suben a pico desde el nivel del mar, creando un paisaje espectacular.

En nuestra primera noche ártica recorremos un espacio en blanco bañado por una inmensa luna naranja, bajita en el horizonte, que proyecta nuestras largas sombras sobre la nieve. Es realmente un paisaje precioso, poético. Esta noche, la potente luna le gana el pulso a la aurora boreal, que se esfuerza por desplegar sus colores y no lo consigue. Solo llegamos a atisbar un ligero tembleque verdoso en el firmamento… Otro día será…..

Caminar con raquetas de nieve en mitad de la noche, aprovechando la luz de la luna o con ayuda de una linterna de casco; talar unas ramas de un pino cercano para hacer una hoguera en la nieve y preparar un buen café a la intemperie; practicar ski-cross por uno de los senderos iluminados que rodean Mosjoen; lanzarse en picado trampolín abajo (Noruega es campeona olímpica por equipos en saltos de esquí)…, todo esto forma parte de la vida cotidiana de los noruegos del norte. Y los niños participan en la aventura, curtiéndose desde pequeñitos.

Los amigos de las águilas pescadoras

Desde Nesna, muy cerca de Mosjoen, la empresa de aventura Visitnesna organiza salidas en zodiac para avistar águilas pescadoras. Kristian Sivertsen y su socio Hans Petter Sorensen, fotógrafo local, son expertos en estas aves rapaces, hasta el punto de que estos bichos salvajes se les acercan y prácticamente les comen de la mano, algo realmente inquietante si tenemos en cuenta que estas aves alcanzan una envergadura de más de dos metros, de punta a punta de las alas. Hace unos años, esta especie estaba en peligro de extinción y se prohibió su caza. Hoy, la población se ha recuperado e incluso se han llevado varias parejas a Escocia para su repoblación. En la región se encuentran también ejemplares de búho real.

Con Visitnesna se pueden realizar expediciones en zodiac a las islas vecinas de Lovund y Traena, una isla un poco más alejada donde ya se practicaba la pesca hace 10.000 años. También organizan salidas con voluntarios para recoger la basura que genera principalmente la industria pesquera local (redes y mallas no biodegradables, plásticos, etc).

Por si no hallasen suficiente paz y tranquilidad en esta pequeña población de unos 1.000 habitantes, Kristian y Hans Petter nos confiesan que los fines de semana se escapan con familia y amigos a cualquier cabaña perdida en la costa de Helgeland, donde pescan, cazan y viven como lo hacían sus ancestros. No es raro que los noruegos del norte busquen adentrarse aún más en la vida salvaje en su tiempo libre, prescindiendo alegremente de luz artificial y agua corriente. Espacio no les falta, pues Helgeland cuenta con decenas de miles de islas, islotes, escolleras y arrecifes de coral (sí, han leído bien), estos últimos los responsables de la proliferación de centenares de playas de arena blanquísima y agua turquesa que nada tienen que envidiar a las del Caribe…, salvo por la temperatura. Pero, ¿quién dijo frío?

El profesor de historia y geografía

A Henry Johnsen podríamos estar escuchándole durante horas. Geólogo, viajero, gran conocedor de la civilización vikinga, es el responsable de la empresa de gestión de destinos y aventuras árticas Stella Polaris en Bodo. Nos citamos con él en la luminosa biblioteca pública de esta pequeña ciudad. Por la tarde, en el momento de la pleamar, Henry nos guiará hasta Saltstraumen, el torbellino de agua más potente del mundo, a dos horas en motora de la ciudad.

Saltstraumen es un punto a la entrada de un fiordo por donde se cuelan de golpe, cuando sube la marea, 400 millones de metros cúbicos de agua. Este punto, de tres kilómetros de largo y 150 metros de ancho hace las veces de gran colador capaz de engullir la inmensa masa de agua que llega del mar y expulsarla a borbotones hacia el fiordo, formando remolinos que pueden alcanzar los diez metros de anchura por cinco metros de profundidad. Stella Polaris organiza salidas en RIBs (zodiacs de quilla rígida), equipados con motores de 250 caballos que alcanzan una velocidad de 40 nudos y permiten asomarse de forma segura a este gigantesco desagüe que parece querer engullirnos. Realmente impresiona. Cuentan que quien decide acabar con su vida lanzándose a las aguas turbulentas, desaparece para siempre jamás.

La isla de Lovund como modelo social y económico

Antes de dedicarse a la política, nuestros alcaldes deberían hacer un cursillo en Lovund para aprender cómo se gestiona una comunidad. Aunque la verdad es que en esta pequeña isla ni hay alcalde, ni concejales, ni falta que les hace. Como bien dice Sivert Olaisen, director del encantador hotel boutique Lovund y la persona más cool del mundo, “en la isla no hay policía, lo cual no significa que no se respete la ley.” Y así, aunque nadie controle ni multe, todo el mundo se pone religiosamente el cinturón.

Lovund es una micro-historia de éxito social y económico, un ejemplo de convivencia, oportunidades de empleo y calidad de vida en una pequeña comunidad de 500 habitantes, la más joven de Noruega con una media de edad de 30 años. Mientras otras islas ven como va descendiendo su población, el número de habitantes de Lovund aumenta de año en año. Hay sitio y trabajo para todos; hay guarderías para los 60 niños y niñas de la isla y escuela para los 80 colegiales; los jóvenes salen fuera a estudiar pero regresan a su isla para trabajar y formar una familia. Como hizo Steinar, el tío de Sivert, en los años 70, que se graduó como profesor y decidió regresar a casa, montar una escuela y comenzar un negocio de cría de salmón que hoy exporta nada menos que 14 millones de raciones de salmón al año a Mercadona. La empresa da empleo a unas 250 personas, entre puestos de trabajo en la planta de Lovund y en alta mar, donde se encuentran las piscifactorías. El mundo del salmón y todo lo que lo rodea atrae a jóvenes profesionales, biólogos, chefs, expertos en medio ambiente y cuidados fitosanitarios, gerentes y jefes de ventas. En esta pequeña isla hay representadas unas quince nacionalidades diferentes, hay un médico y un helicóptero a mano por si hay que trasladar urgentemente a alguien a un hospital en tierra firme. Hay además una divertida colonia de frailecillos que llegan puntualmente a la isla en primavera para emparejarse y montar su nido exactamente en el mismo hueco que ocuparon años anteriores en la roca montañosa que corona la isla de Lovund.

GUÍA PRÁCTICA

– Cómo llegar

Norwegian (https://www.norwegian.com/es/) vuela a Oslo y desde allí a Trondheim. La compañía local Wideroe (https://www.wideroe.no/en) realiza el trayecto desde Trondheim hasta el aeropuerto de Mosjoen. En total, tres vuelos y nueve horas de viaje.

– Cómo desplazarse

Noruega es el paraíso de los vuelos cortos. Hay aeropuertos STOL (Short Take-off and Landing) hasta en los municipios más remotos, para que ningún noruego se sienta abandonado. Los pequeños aparatos de Wideroe son capaces de aterrizar y despegar en pistas de menos de 800 metros, en zonas montañosas y costeras complicadas. El interesante museo de la aviación de Bodo cuenta la historia de la aviación en Noruega: primero, con la intervención de los alemanes durante la ocupación del país en la 2ª Guerra Mundial y más tarde durante la Guerra Fría y la ubicación en Bodo de la base aérea más septentrional de la OTAN.

El barco es también un medio habitual de transporte en el norte de Noruega y llega hasta islas minúsculas de solo 50 habitantes. Sí, sale caro no dejar desasistida a esta población tan dispersa y tan alejada de los núcleos urbanos, pero los noruegos del norte no están dispuestos a que su gobierno les diga dónde tienen que vivir. Y para nosotros turistas es todo un lujo disponer de esta magnífica red de transportes que nos traslada hasta los rincones más vírgenes y remotos del círculo polar ártico.

El tren Nordland Railway cubre el trayecto desde Trondheim hasta Bodo y fue elegido por Lonely Planet como uno de los viajes en tren más bonitos del mundo. Dispone de coches-cama, vagón para familias y un compartimento especial para que los niños puedan jugar y entretenerse. A veces puede sufrir algún retraso, pero siempre se le puede echar la culpa al alce que se ha cruzado en la vía….

En invierno puede ser complicado circular por carretera. Es aconsejable ponerse en manos de un conductor local: es impresionante cómo conducen sobre placas de hielo sin derrapar ni un centímetro.

Para trayectos cortos, el trineo es ideal. El paseo por la decimonónica calle de Sjøgata, en Mosjoen, es encantador.

– Dónde dormir

En Mosjoen, en el hotel Fru Haugans, el más antiguo del norte de Noruega, construido en 1794. Tiene también un anexo nuevo. Sus dueños, Ellen & Sverre Løvold Strand, son muy simpáticos, la cocina es estupenda y hasta tiene un pequeño museo con recuerdos de la primera dueña, pariente lejana de Ellen.

En Lovund, en el encantador hotel boutique Lovund. La prueba de que no hay turistas extranjeros en esta isla es que su web, de momento, solo está en noruego. Se duerme y se come de maravilla en este pequeño hotel gastronómico. Además del salmón, el rey de la cocina y de la isla de Lovund, sirven otros pescados salvajes que captura en el mar un pescador de la isla vecina. Sirven también un vino embotellado especialmente para ellos y en verano tendrán la primera producción de cerveza local propia, elaborada en Bodo.

En el parque nacional de Saltfjellet, junto al apeadero de tren de Lonsdal, el hotel Saltfjellet tiene el encanto de un antiguo refugio de montaña. Fue construido en los años 40 y es el lugar perfecto para disfrutar de las actividades al aire libre que hacen felices a los noruegos: cross-country ski, paseos con raquetas de nieve, rafting, bicicleta de montaña, senderismo por glaciares, montañismo, caza, pesca… Esta es además tierra de samis (https://elhedonista.es/pasiones/el-hedonista-elige/el-pueblo-sami-los-indigenas-del-norte-79200/), los pastores de renos considerados el último pueblo indígena europeo.

En Bodo, buen punto de partida y llegada para recorrer la región de Helgeland, el hotel Scandic Havet (https://www.scandichotels.com/hotels/norway/bodo/scandic-havet) es una muy buena opción. Las vistas sobre el puerto y el mar son magníficas; el desayuno, extraordinario, y la cocina, capitaneada por un chef gallego y otro malagueño, deliciosa. Por cierto que los españoles dicen sentirse muy a gusto viviendo y trabajando aquí.

Aunque Noruega no es miembro de la Unión Europea, pertenece al espacio Schengen, que nos garantiza la libre circulación de personas. Todo el mundo habla inglés perfectamente. Su moneda es la corona noruega. Se puede pagar con tarjeta de crédito en todas partes. El país es uno de los más seguros del mundo. La ballena es un plato que se sirve en muchos restaurantes, aunque nosotros no la hemos querido probar, porque nos da penita.

Nuestro consejo si viajamos en invierno al círculo polar ártico: ir acompañados de un guía local. Es la mejor manera de conocer a fondo la región y convivir con la gente. Si estamos dispuestos a amoldarnos al modo de vida de los noruegos del norte y hacer caso omiso de la climatología, nuestro viaje al norte de Noruega habrá sido toda una lección de vida.

DIRECCIONES ÚTILES

visitnorway.es https://www.visitnorway.es/

nordnorge.en https://nordnorge.com/en

visithelgeland.com https://visithelgeland.com/en/welcome

norwegian.com https://www.norwegian.com/es/

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