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“Todos los que parecen estúpidos, lo son y, además también lo son la mitad de los que no lo parecen.”. Francisco de Quevedo

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La navegación entre Luxor y Asuán es el broche de oro a nuestro viaje a EgiptoNour el Nil, el Nilo en versión original

Es la excepción que confirma la regla: a este crucero hedonista sí nos apuntamos. Navegamos a vela, en silencio y disfrutando del lujo de lo esencial.

Y abandonamos Luxor para embarcarnos en un crucero por el Nilo. No un crucero cualquiera, no, sino el único que ofrece una navegación hedonista acorde con nuestros principios de respetar la calma y vivir una experiencia auténtica dentro del lujo de lo esencial. Navegar río arriba de Luxor a Asuán a bordo de uno de los cuatro veleros – dahabiyyas, de Nour el Nil es remontar el pasado, viajar lento sin prisas, a la antigua usanza. No vamos “de crucero”. Este es un viaje magnífico, una experiencia única que todos deseamos vivir, aunque solo sea una vez en la vida. Eléonore, Enrique y Mamdouh han sabido reinterpretar las tradicionales dahabiyyas como a nosotros nos gusta. Hay otras formas de navegar por el Nilo, pero ninguna como a bordo de Nour el Nil. Que el precio no sea un obstáculo.

Es difícil explicar la sensación al deslizarnos por las aguas de este río, el más largo del mundo. Aunque vamos a contracorriente y el río baja con fuerza desde la presa de Asuán hasta la desembocadura del Nilo en el delta junto a Alejandría, el viento dominante llega del norte, del Mediterráneo, y nos impulsa suavemente, entrando por popa, en dirección a Sudán. Estamos navegando por un río mítico y lleno de historia: a lo largo del recorrido encontraremos tumbas de nobles, templos del antiguo Egipto camuflados entre la vegetación de este gran oasis y que podremos visitar en soledad. Las escenas nos remontan a cinco mil años atrás, nada parece haber cambiado desde entonces.

A bordo de Nour el Nil la navegación es placentera. En cubierta, siete lámparas de araña iluminan la noche. Durante el día, las horas transcurren plácidamente y el paisaje se desplaza a la altura de nuestra mirada. Nos reclinamos en los sofás a ras de suelo, a babor y a estribor, salpicados de mullidos cojines. Tenemos tiempo para observar, leer, dormitar, tomar un té o tomar el sol, delicioso en esta época del año. Difícil imaginar una navegación más placentera.

Son seis días de navegación entre Luxor y Asuán, sorteando los bancos de arena para no encallar. El desayuno se sirve a proa, bajo el suave sol de la mañana. En todo momento nos atiende la tripulación más atenta, encantadora y sonriente que podamos imaginar. Nos sirven un platillo tras otro: tortilla, huevos revueltos o pasados por agua, tortitas con miel, tomates, tostadas… Para beber, zumo de mango, té y café.

Tras el desayuno, saltamos a tierra y nos lanzamos a la aventura. Quién sabe si hoy descubriremos un grandioso templo que permaneció oculto bajo la arena durante siglos. Quizá nos topemos con una cantera de los tiempos de los faraones, de donde se extraía la pieza única para esculpir un obelisco. Podemos traspasar los límites del oasis y adentrarnos en el desierto infinito, nadar en el río (sí, ya no hay cocodrilos en el Nilo), visitar una granja y compartir un té con los campesinos al borde del río, tumbarnos a tomar el sol en popa, fumar una shisha al atardecer…. Un día podemos dedicarlo a explorar las orillas del Nilo por nuestra cuenta: al timón de la pequeña faluca que nos sirve de embarcación auxiliar nos detenemos en algun punto en la orilla y nos damos un chapuzón en el Nilo. Nunca debemos intentar nadar a contracorriente, hasta Michael Phelps tendría dificultades para avanzar. Después podemos explorar los alrededores o fondear en una isla o junto a una playita para dar un largo paseo, contemplar los campos y huertas y toparnos con algún campesino a lomos de su burro. De regreso a nuestra dahabiyya, si permanecemos en completo silencio, lograremos acercarnos a alguna garza o con suerte a un ibis negro sagrado. Es probable que nos topemos también con un búfalo de agua, el equivalente a nuestros bueyes, mientras chapotea en el río imitando a un hipopótamo.

Haremos también parada en Edfu para visitar el templo de Horus, perfectamente conservado, uno de los más extraordinarios de Egipto. Y lo haremos con nuestro guía particular, un licenciado en Arqueología y Egiptología por la Universidad de El Cairo, que nos mostrará la historia de Egipto mientras recorremos Horus y los templos de Esna y Horemheb, las tumbas de los nobles en El Kab, las canteras faraónicas de Silsileh y finalmente Kom Ombo. Los turistas han abandonado Egipto, ya lo dijimos desde Luxor. Pero están regresando y no podemos perder la oportunidad de tener por unos días todas estas maravillas solo para nuestros ojos.

De vuelta a nuestra embarcación, el almuerzo y la cena se sirven en la mesa en el centro de la cubierta…, en vajilla de Limoges! Por algo Eléonore es francesa y pasa su tiempo entre Luxor y Paris. La cocina egipcia es sencilla: ensalada, pollo o pescado, acompañados de arroz aromático y fruta. Las cenas son más copiosas y elaboradas. A bordo se sirve también cerveza y vino. Si refresca por la noche, y en invierno puede ocurrir, podemos pasar al salón interior y continuar allí la velada.

Nour el Nil dispone de cuatro veleros: Assouan y Malouka, con 8 camarotes y capacidad para 16 personas, y El Nil y Meroe, con 10 camarotes cada uno y capacidad para 20 personas. Todos igualmente bonitos. Los camarotes son relativamente pequeños, blancos y luminosos, con camas grandes y confortables y telas antimosquito. Hay camarotes standard y otros más amplios y con vistas panorámicas. Pero en realidad la vida a bordo transcurre en cubierta, así que los metros cuadrados del camarote son lo de menos.

Ningún otro crucero por el Nilo te lleva a visitar tantos lugares y tan diversos como Nour el Nil. Estos pequeños veleros, dahabiyyas, pueden fondear en lugares a los que los grandes cruceros de lujo no se acercarían, porque quedarían varados en la arena. Las dahabiyyas de Nour el Nil son auténticos veleros, ni siquiera disponen de motor auxiliar, de ahí que la navegación sea tan relajante. Aunque eso significa también que Nour el Nil solo navega en una dirección, de Luxor a Asuán, aprovechando el viento dominante del norte. Si el viento está en calma, algo que no ocurre con frecuencia, un pequeño remolcador nos prestará ayuda hasta que el viento vuelva a soplar e hinche las velas magníficas de Nour el Nil para continuar deslizándonos hacia el sur en una navegación silenciosa. Una operación que también forma parte del encanto y la aventura.

Los veleros de Nour el Nil están listos para partir en Esna, cerca de Luxor. Zarpan los lunes y el sábado por la mañana se desembarca en Asuán. Algunos pasajeros regresarán a El Cairo, otros continuarán adentrándose en territorio nubio, hacia Abu Simbel. La mejor época para navegar por el Nilo es de septiembre a mayo, cuando la temperatura es perfecta tanto de día como de noche.

Aquí nos quedaríamos, contemplando el cielo rojo reflejado en las aguas del Nilo al atardecer, las palmeras meciéndose suavemente en la orilla mientras las garzas se posan en frágil equilibrio sobre los juncos y cae el silencio sobre el Nilo. Nada perturba la paz y la magia del lugar.

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