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Escapadas

En el Roque de los Muchachos está el observatorio más grande del mundoViaje a las estrellas

Visita al observatorio canario de la isla de La Palma

Cada isla canaria es muy diferente de las otras y La Palma tiene un poco de cada una. A pocos kilómetros de los bosques húmedos de laurisilva, en los que hay una eterna y lluviosa primavera, están los campos negros con corteza de cenizas, desiertos como la luna. No muy lejos del nivel cero del océano azul que rodea el archipiélago se eleva el Roque de los Muchachos, a 2426 metros de altura sobre el nivel del mar, donde nieva en invierno y hace siempre un frío que pela en cuanto se oculta el sol.

En La Palma los almendros florecen en enero y la vendimia se entretiene desde agosto hasta noviembre, porque la uva no se da la misma prisa en un pueblo que en el de al lado. La costa surge atiborrada de esas hierbas gigantescas que son las plataneras, y el interior está repleto de pinos canarios, árboles prodigiosos, capaces de reponerse hasta de los incendios. Los microclimas parecen haber nacido aquí, porque en la isla se pasa del subtropical húmedo al subalpino en menos de un rato.

Visión celestial

La Palma es enterita reserva de la biosfera, si miramos para abajo, y si miramos para arriba, algo parecido: el único lugar del mundo con una Ley del Cielo, nacida de una hermosa reunión en la isla, en 2007, que redactó la Declaración Mundial en Defensa del Cielo Nocturno y el Derecho a Observar las Estrellas. Desde 1988 tiene una Oficina Técnica para la protección de la Calidad del Cielo, dedicada a evitar la contaminación lumínica, la radioeléctrica y la atmosférica, y a desviar las rutas aéreas para que no le pasen aviones por encima de su trozo de bóveda celeste.

Esta isla es especial por su orografía. Dos de los cuatro centros del Instituto de Astrofísica de Canarias están en La Palma: el Centro de Astrofísica y el Observatorio del Roque de los Muchachos. En Tenerife hay puntos más altos desde los que observar el universo, pero con contaminación lumínica por el desarrollo turístico. En La Palma, de noche, no se ve ni torta, salvo las estrellas. Disfruta, además, de una atmósfera de flujo laminar, que a los legos se nos explica como si el agua estuviera absolutamente quieta, plana, sin turbulencias ni ondas. La luminosidad y la limpieza de su cielo no tiene igual, así que científicos de todo el mundo se disputan la observación en esta isla a la que llaman bonita, pero se quedan cortos.

El observatorio de La Palma

La subida al observatorio de La Palma es un mareo de curvas, con rampas de hasta el 15 %. Se disfruta por el amarillo de los codesos y las retamas, el azul de los tajinastes y el violeta de los pensamientos. Al lado está el Parque Nacional de la Caldera de Taburiente, que es un cráter gigantesco de hace dos millones de años. A veces desde la altura no se ve el mar, pero sí el mar de nubes.

Al llegar a la cima no hay un observatorio, sino 17.

Cuando empieza a declinar el sol, comienza el día para los astrónomos. Las cúpulas de los observatorios se abren, los telescopios giran como transformers, los científicos observan. Algunos, pocos, vienen a diario; otros, la mayoría, han esperado hasta seis meses para conseguir una o dos noches de observación. Después les quedan tres o cuatro meses para analizar los datos y publicarlos. Aquí hay cerca de 60 instituciones de todo el mundo trabajando, representantes de 28 países.

Se trabaja todas las noches del año en el observatorio de La Palma, y la jornada termina hacia las seis de la mañana, cuando la luz solar impide a los científicos continuar. Los astrónomos duermen y se levantan para desayunar hacia las tres de la tarde. Vienen aquí por las excelentes condiciones de los cielos, pero también por los telescopios. Este es un parque científico lleno de desafíos tecnológicos. Los astrofísicos piden a los equipos técnicos lo que necesitan y los ingenieros estudian qué pueden hacer para satisfacerlos. Multitud de empresas investigan para desarrollar maquinaria compleja, componentes sofisticados, alta tecnología que permite el avance en todos los campos, y que muchas veces también se aplica en otros sectores, como en las cocinas vitrocerámicas.

En el Roque de los Muchachos hay telescopios de todo tipo. Llaman la atención los abiertos, los MAGIC, que detectan los escurridizos rayos gamma, y el telescopio más grande del mundo, el Grantecan, que es español, con 36 espejos hexagonales ensamblados y pulidos de manera tan precisa que forman uno solo de 10,4 m de diámetro. La mayoría de las instalaciones se deben a acuerdos internacionales entre entidades científicas que colaboran para afrontar el gran desafío tecnológico de comprender el universo.

¿Hay alguien ahí?

De eso se trata. De saber de dónde venimos, hacia dónde vamos y de cuál puede ser nuestra suerte.

Juan Carlos Pérez Arencibia, administrador del Observatorio del Roque de Los Muchachos, cree inminente encontrar vida en otros lugares del universo, aunque sea un enigma saber de qué tipo. Este doctor en Física, científico brillante, hombre cercano y locuaz, describe con pasión las nebulosas planetarias, el remanente de una supernova, las espirales y los exoplanetas, las explosiones de rayos gamma, el nacimiento de estrellas y galaxias, la detección de elementos químicos inmediatamente posteriores al Big Bang… y todas esas cosas que ocurren sin que nos enteremos, pero que tanto nos afectan o podrían hacerlo, como que el universo se expande de forma acelerada…

El observatorio de La Palma se puede visitar, y se debe. Porque lo pagamos todos, pero también porque esto sí queremos seguir pagándolo. Sin investigación no hay progreso, el camino del conocimiento es la clave para el avance de la humanidad. En el pasado año acudieron 9000 personas a ver sus instalaciones, y para 2018 habrá un centro de visitantes que facilite la recepción y centralice la información.

Nosotros lo hemos disfrutado gracias a A. Lange & Söhne, la marca alemana de relojes de lujo y precisión, que patrocina, entre otras instituciones, el Museo de Física y Matemáticas de Dresde. Sin su mecenazgo, no habríamos podido mirar de cerca a los ojos de la Luna, las lunas de Júpiter ni los anillos de Saturno.

Pérez Arencibia nos da un consejo antes de que nos arranquen del telescopio: «Hay que salir de aquí cuanto antes». ¿Del observatorio? «No, de la Tierra». Esperemos que esté hablando en periodos de tiempo del universo.

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