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Centro Gaudí, ruta del Modernismo y el vermut de RofesReus: Gaudí, el modernismo y el vermut

Cuna de Gaudí y del famoso vermut, Reus conserva edificios modernistas de su época de esplendor.

Si en Reus no hay una sola obra de Gaudí y el famoso vermut ya nos lo tomamos en Madrid, para qué, dirán algunos, visitar Reus. Pues porque, paradójicamente, al arquitecto universal nacido en 1852 se le conoce y entiende mejor desde su ciudad natal. Y en ningún otro lugar sabe mejor el vermut de Rofes, pioneros desde 1890, que en su antigua fábrica de Reus. Por lo demás, aunque Gaudí no tuviera el detalle de construir una casa, un parque o una iglesia en su lugar de origen, sí lo hizo Lluís Domènech i Montaner, arquitecto de dos obras imprescindibles del modernismo catalán: la Fundación Pere Mata y casa Navàs.

Antoni Gaudí y el Centro Gaudí de Reus
Hasta que no hemos visitado el Centro Gaudí de Reus no hemos entendido lo de la columna de doble giro ni cómo diablos se sostienen esos arcos altísimos y estilizados, sin contrafuertes, de la Sagrada Familia de Barcelona.

Gaudí fue un niño y adolescente de salud frágil que pasó horas y horas en la masía familiar del Baix Camp, observando detenidamente la naturaleza. Ella le inspiró y ella dio origen a las formas no solo estéticas, sino mecánicas y funcionales de sus elementos arquitectónicos, tan perfectos como la propia naturaleza. Para hacernos una idea de su genialidad: Gaudí es uno de los pocos arquitectos en toda la historia de la humanidad que se inventó una columna nueva, la columna de doble giro, partiendo de la observación de un tallo. Lo mismo le inspiraba la vaina de una acacia en su caída trazando una figura helicoidal que un bosque donde la luz se filtra y canaliza como por un embudo invertido, creando un ambiente místico.

En el Centro Gaudí de Reus entendemos por qué el arco catenario de Gaudí, estilizado hasta su máxima expresión y que llega a alcanzar en la Sagrada Familia alturas de entre 45 y 60 metros, no necesita contrafuertes, a diferencia del arco romano o el gótico. Esa fue otra de las grandes contribuciones de Gaudí a la arquitectura: minimizó al máximo las tensiones horizontales distribuyendo las fuerzas hacia abajo, eliminando así las pesadas construcciones laterales, los contrafuertes, de las catedrales antiguas. Y observamos también a través de maquetas y videos cómo el interior de la Sagrada Familia reproduce en piedra el bosque en una geometría continuada de formas naturalistas: la nave central es una gran arboleda con troncos principales, secundarios, terciarios, con ramas, ramificaciones, bifurcaciones y follaje por donde penetra la luz. Las columnas, desde su soterramiento hasta la copa, son árboles de piedra con su cepellón y sus raíces que soportan las cargas del edificio. Piedra y naturaleza comparten una misma geometría.

La Ruta Gaudí recorre los lugares más emblemáticos de la infancia y juventud del arquitecto. En el Centro Gaudí, ingenios y maquetas interactivas nos ayudan a descubrir y profundizar en las formas gaudinianas y a jugar con el espacio y organizar la luz, el aire y el agua. Además se pueden admirar y tocar reproducciones de las torres de la Sagrada Familia, las chimeneas de la Pedrera y de la Casa Batlló, la cúpula del Palau Güell y pasear por la galería de columnas del Parque Güell.

El modernismo
Tras Barcelona, Reus es la ciudad modernista más importante de Cataluña. La Ruta del Modernismo incluye 26 edificios construidos entre finales del siglo XIX y principios del XX. Especialmente interesantes son las obras de Lluís Domènech i Montaner:

El Instituto Pere Mata es un centro psiquiátrico construido entre 1897 y 1912, cuyos espacios están distribuidos según el sexo, la enfermedad y la categoría social de los internos. Cada pabellón tiene su propio jardín. De hecho, el Instituto Pere Mata es más que un hospital psiquiátrico, es una pequeña ciudad con una superficie aproximada de 20 hectáreas en la que Domènech i Montaner aplicó novedosos conceptos de urbanismo, planificación de espacios, ornamentación y materiales. Domènech diseñó también todo el interior incluido el mobiliario. El pabellón más interesante es el “Pabellón de los distinguidos”, por su riqueza ornamental. La planta baja consta de un salón o sala de música, donde se organizaban conciertos los fines de semana, un comedor y una sala de juegos. Es evidente el horror vacui tan típico del modernismo: la decoración cerámica ocupa todas las paredes y espacios.

La Casa Navàs es un precioso edificio de fachada escultórica construido entre 1901 y 1908 por encargo de un industrial del textil reusense, quien ubicó aquí su vivienda e instaló su comercio a pie de calle. La tienda de la Casa Navàs, Sucesores de Joaquim Navas, es la de toda la vida. Para conocer el interior de la vivienda es imprescindible reservar la visita con antelación. Además de Casa Navàs, son muy interesantes las fachadas de casa Rull y casa Gasull.

El restaurante vermut Rofes
También en materia de vermú hemos querido ir al origen. Rofes, pionero del vermut de Reus desde 1890, sigue ocupando el mismo espacio de la bodega original, con sus tinas de madera con capacidad de hasta 50.000 litros, la vieja caldera que suministraba el agua caliente para elaborar las infusiones del vermut, la zona del taller que hoy es una terraza, ideal para tomar el aperitivo con buen tiempo, los antiguos despachos en la primera planta hoy convertidos en comedores privados donde aun se guardan documentos comerciales y objetos curiosos de la época… El restaurante a pie de calle conserva el suelo original, los grandes ventanales y el estilo art decó de la época. Los cinco hermanos, sucesores del fundador, siguen involucrados en el negocio familiar, con Salvador y MªDolors al frente.

La fórmula del vermut Rofes, transmitida en la familia de generación en generación, es por supuesto secreta. Hay tantos vermuts como fórmulas posibles, que combinan el vino con flores, hierbas, frutas aromáticas y ajenjo. El de Rofes es delicioso y se sirve en vaso clásico de cristal grueso, con un cubito de hielo y una rodaja de naranja. Lo acompañan con boquerones en vinagre y aceitunas o bravas: más clásico, imposible. El vermut es una institución tan arraigada en Reus que la hora del aperitivo se llama aquí “la hora del vermut”. Y para tomar el vermut de Rofes hay que venir a Reus, porque la producción es muy limitada y salvo algunas botellas que se distribuyen en Alemania y Bélgica, todo se queda en la proximidad.

Además del mejor vermut, en Rofes sirven buenísima cocina casera y mediterránea. Hay carta de tapeo para compartir, con platillos tan apetecibles como los mejillones de roca a la plancha, la sepia de Cambrils con all i oli, los calamares a la brasa con romesco, la tosta de foie fresco, las patatitas de Olot rellenas con salsa picante, la ensaladilla de gambas, el pan de coca de cristal con jamón de Guijuelo, los chips de alcachofa… El menú diario a mediodía congrega a muchos reusenses y es necesario reservar. Por 15,50€ (IVA incluido) se puede elegir entre cinco primeros platos (deliciosas en temporada las judías pochas a la marinera con almejas o el arroz cremoso de alcachofas y bacalao), cinco segundos (un lomo de merluza al horno con piquillos, la típica butifarra de Alforja con patatas fritas caseras…) y postre, más bebidas. La bodega es especialmente interesante porque incluye cavas y vinos de pequeños productores de la comarca, del Montsant, del Penedés, del Priorat, difíciles de encontrar fuera de aquí. Cada fin de semana se organizan actividades en torno al vermut.

Reus, Paris, Londres
Hace muchos años, los coches de Reus llevaban una pegatina que sin ningún complejo anunciaba: “Reus, Paris, Londres”. Los de fuera nos preguntábamos qué tendrían en común estas tres ciudades, y cómo la pequeña ciudad tarraconense se atrevía a compararse con las dos grandes urbes europeas. Sin ser ni Londres ni Paris, obviamente, Reus tuvo sin embargo su época de esplendor, estrechamente vinculada al comercio. Fue mercado de referencia para fijar el precio mundial del alcohol para destilados y licores, por ejemplo. Y el mercado internacional de los frutos secos, avellana principalmente, y el de la aceituna, miraban a Reus como referente. De aquella época le queda a Reus un comercio excelente que gira en torno al carrer de Monterols. Y un dicho: déjate llevar por el “Tomb de Ravals” (la zona del casco antiguo) y verás el espíritu del “Reus, París, Londres” de la época dorada.

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