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El pequeño país europeo está lleno de encantoEslovenia, amor a primera vista

Un viaje por los lugares menos transitados de la República de #sLOVEnia

Haga la prueba: diga a sus amigos que va a viajar a Eslovenia. Ocho de cada diez le preguntarán dónde está eso, uno lo confundirá con Eslovaquia y otro sabrá de qué país se trata. Suponiendo que sus amigos sean normales, diez de cada diez no tendrán ni idea de por dónde cae.

Y sin embargo Eslovenia es un país que nos pilla muy cerca, que pertenece a la Unión Europea y que cuenta con un montón de lugares maravillosos para visitar. Muchos europeos ya lo saben. De manera que, dependiendo de las fechas, puede llegar a concentrar bastantes turistas en sus puntos más populares, como el lago de cuento Bled o el castillo con leyenda de Predjama. Pero hay destinos alternativos, solitarios e igual de sorprendentes.

Eslovenia es un país pequeño que cunde muchísimo. Su superficie viene a ser como el doble de La Rioja, pero sembrada de altas montañas. En su territorio se encuentran los Alpes julianos, que hacen frotarse las manos a todo senderista que se precie. La oferta de no parar es abundante, pero también la de dolce far niente, con sus aguas termales y su gastronomía deliciosa.

Por su larga historia, Eslovenia tiene un buen patrimonio cultural y artístico, que ha procurado conservar, y también por eso mismo cuenta con el museo Kobarid, dedicado a la I Guerra Mundial, en la misma zona donde se celebró la terrible batalla que inspiró a Hemingway (sí, también estuvo aquí) su Adiós a las armas. Por suerte, no es este un museo de sufrir, sino didáctico y con la clara exposición final de que la guerra no sirvió para nada. Como suele ocurrir.

Por todo esto y más, cada año, Eslovenia recibe a más turistas que población tiene, poco más de dos millones. Se entiende su éxito.

Mar azul
La costa es pequeña, exactamente 46,6 km de litoral encajados entre Italia y Croacia, y aunque sus playas están bien para refrescarse, no son el mayor atractivo de Eslovenia, por más que gusten a los italianos. Pero ahí se puede empezar el recorrido alternativo en una preciosa ciudad costera: Piran, el lugar donde nació el músico Giuseppe Tartini en 1692. Da gusto caminar por sus estrechas callecitas que desembocan en una plaza airosa donde siempre juega algún niño, deambular por el faro, subir sin aliento hasta la iglesia de San Jorge o recorrer sus murallas medievales. Piran tiene el mismo aire que su vecina de enfrente, Venecia, con palacios y casas blasonadas. También mira al Adriático de brillante azul, pero lo hace con calma, sin aglomeraciones, desde sus agradables terrazas de bares y restaurantes con escaleras de acceso directo al mar.

Dominante verde
La mitad de la superficie de Eslovenia está cubierta de bosques y dos tercios tienen protección especial. Hay árboles de 700 años, de más de 10 metros de diámetro y hasta 60 metros de altura. Impresionantes. Este país cuenta con 44 parques naturales, 52 reservas, 3 parques regionales y uno nacional, el parque de Triglav, un área de 839 km² que conserva toda la belleza virgen de los Alpes, rocas escarpadas, aguas salvajes, florecillas alpinas… Aquí se recupera la esperanza. Hacer un viaje a Eslovenia en el que solo se visitara este parque sería plenamente justificable: lo merece.

El Parque Nacional de Triglav está perfectamente señalizado, con magníficos puntos de información, clasificaciones por niveles de dificultad, fabulosos mapas. No hay manera de perderse. En sus confines se pueden realizar numerosas rutas, alojarse en construcciones de arquitectura típica, visitar iglesias históricas, practicar esquí, alpinismo, bicicleta, parapente, kayak y todo tipo de deportes adrenalínicos, y también hacer simplemente lo que más gusta a los hedonistas: pasear. Es fácil envidiar a Eslovenia porque ha sabido como nadie hacer compatible el turismo con el respeto al medioambiente. Los eslovenos valoran y cuidan su herencia natural.

En este país, que se jacta de tener la mejor agua del mundo, o casi, abundan los ríos alocados, gargantas, cañones, cascadas y un montón de lagos de espejo, de esos que siempre salen bien en la foto.

Hay lobos, linces, venados, zorros, peces y aves que vaya usted a saber cómo se llaman… Eslovenia es, además, el país de Europa con más osos pardos, ¡hasta los exportan! Durante la guerra de Bosnia y Serbia, no solo acogieron refugiados humanos, sino también osunos. Hoy tienen unos 600 ejemplares y permiten cazar un número determinado al año para mantener estable su población.

Las cuevas
Se podría decir que es la especialidad del país. Hay 10.270 grutas subterráneas catalogadas, de las que solo 200 han sido exploradas y 22 de ellas se pueden visitar. La región del Karst es reserva de la biosfera y lugar de referencia mundial para los estudios sobre las formaciones kársticas. El Carso, según denominación eslovena, comprende una inmensa zona de galerías subterráneas, con estalactitas, estalagmitas y esas cosas que a los geólogos les parecen explicables y que al resto de los mortales nos resultan milagrosas.

En esta región hay unas cuevas tan famosas que cada media hora entran 700 personas a visitarlas. No es que estén apretados, porque tienen 23 km de recorrido interior que les permiten no amontonarse. A día de hoy, 30 millones de turistas de todo el mundo han pasado ya por Postojna y salido muy contentos. Pero nuestras preferidas son menos populares: las cuevas de Škocjan, en la lista de patrimonio de la Unesco. Además de los elementos típicos de toda gruta de prestigio, contienen en su interior el cañón subterráneo más grande del mundo por el que circula atolondrado el río Reka en completa oscuridad. El sitio es sobrecogedor. Dicen que Dante se inspiró en este lugar para crear su infierno en La Divina Comedia. Ojalá sea así el castigo, porque esta cueva es tan increíblemente bella que no apetece salir.

Liubliana, la capital
No se puede ir a Eslovenia sin visitar Liubliana, su encantadora capital. Seguro que habrá mucha gente por el centro, es lo que pasa en las ciudades pequeñas, pero después de la soledad del Triglav dará gusto darse un baño de multitudes. La diferencia con otras urbes es que en esta se oyen los pájaros: el tráfico está prohibido. Peatones, ciclistas, patinadores y patinetistas se mueven por sus alegres calles, entran en las bonitas tiendas y cruzan una y otra vez sobre los puentes del río de los siete nombres.

Hay mucho que ver y mucho que disfrutar. Iglesias, museos, palacios, paseos en barco por el río, músicos callejeros, abundante oferta cultural y también mercados al aire libre, con frutas y verduras de aspecto tan apetecible como su precio.

Gastronomía
Si le gusta comer, este es su sitio. Eslovenia se independizó de Yugoslavia en 1991, está rodeada por Croacia, Italia, Austria y Hungría. Más cocina de fusión, imposible, pero mejorada por sus ingredientes naturales y de reconocida producción ecológica. Puede que le hayan contado que lo mejor es una salchicha típica, que está muy buena, y tal y tal. Vale para unas prisas, pero olvídese, aquí va a encontrar restaurantes con cartas sorprendentes y esmeradas elaboraciones. Hay que disfrutarlos.

Eslovenia se jacta sin complejos de sus vinos de calidad, elaborados con el saber de más de mil años de tradición, de sus aceites de oliva, de su miel, de sus cervezas, de sus fabulosos quesos y hasta de su buen jamón. Se lo puede permitir.

Un viaje sencillo
Desde nuestro país no hay vuelos directos a Ljubliana, pero sí compañías de bajo coste con transbordo en Londres, París o Bruselas. Una opción fácil es tomar un avión a Venecia y ahí pedir un servicio de transporte de bajo coste que funciona muy bien en Eslovenia, GoOpti.

Se puede ir en coche, echándole tiempo, desde España, porque sus carreteras son buenas y seguras. Por algo es zona de paso y vía de comunicación comercial entre los Alpes y el Adriático. O alquilarlo desde algún país cercano, porque es la mejor opción cuando se desea recorrer el país al propio aire, pero, ojo, hay que sacar una pegatina para sus autopistas de peaje. Eslovenia está a 250 km de Venecia y a 130 de Zagreb.

Es un país del espacio Schengen, o sea, que se puede acceder con el DNI, sin más. Y está en la zona euro, es decir, que no hay más que pagar con la tarjeta o con el presupuesto en metálico que tengamos previsto.

Hay seguridad, buena sanidad y esas cosas que se plantean los viajeros más prudentes. En el índice de desarrollo humano, que mide la salud, la escolarización y el nivel de vida, Eslovenia está un puesto por encima de España y con un desempleo que para nosotros quisiéramos: 8%.

A la mayoría de los españoles nos sorprende que los eslovenos puedan entender el esloveno. Por suerte, hablan inglés, italiano, alemán…. y tratarán de entenderle incluso aunque no hable más que español. Son así.

¿Cuándo ir?

En dos palabras: cuando quiera. Hay actividades de invierno, de otoño, de primavera y de verano. Prácticamente todo está abierto los doce meses del año, incluido el relajado turismo de spas. Tiene limitaciones de temporada su popular pesca con mosca, una actividad que cuenta con adeptos apasionados.

El alojamiento no es problema. Se encuentran buenos hoteles en las ciudades, y también magníficos cámpines, granjas ecológicas, casas rurales, pensiones… En verano conviene reservar con antelación, porque los austriacos y alemanes suelen ser más previsores que nosotros.

Eslovenia es un destino bellísimo. De su nombre han hecho un eslogan turístico que se ajusta por completo a la realidad: #sLOVEnia. Es un amor a primera vista, pero no una aventura de verano; cuando uno sale del país, se da cuenta de que se ha enamorado de verdad.

2 respuestas a Eslovenia, amor a primera vista

  1. YOMISMO dijo:

    Preciosísimo post!!!
    Dan ganas de buscar billete YA.
    Gracias.

  2. gabriela dijo:

    Yo tampoco sabía todo lo que cuenta Ana Cañizal. ¡Iría ya mismo! Genial artículo.

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