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Un destino de la Unión Europea con mucho atractivo turísticoSofía ya no es la que era

Una escapada generosa de fin de semana basta para conocer la ciudad, pero nos quedaremos con ganas de más.

La capital búlgara ya no es la misma. Quienes hayan visitado este país hace unos años no creerán que se trata de aquel lugar gris y silencioso que conocieron. Se mantienen sus históricos edificios y el empedrado de sus calles, pero reina el color, el bullicio, la alegría… Sin entrar en pormenores, la apariencia del capitalismo es mucho más vistosa que la del comunismo.

Sofía tiene mucho que ver, pero sin cansarse, porque está todo junto. Y además abundan los bares, algo que los turistas, y más los españoles, agradecemos tener a mano.

El trazado de las calles es amplio y cuadriculado, con edificios grandotes, salpicados de restos romanos, iglesias medievales y casas otomanas.

No es ni mucho menos una capital agobiante: un millón trescientos mil habitantes, sin grandes atascos, salvo los inevitables de cuando queremos entrar o salir todos a la vez, y con muchos jardines de árboles imponentes. Llueve 125 días al año, y eso se nota.

El recorrido en Sofía

La capital de Bulgaria fue el sitio elegido por los tracios en el siglo VIII antes de Cristo. Allí se quedaron y fundaron Serdica, hasta que en el siglo I los romanos se la quitaron y la pusieron a punto, como a ellos les gustaba. «Serdica es mi Roma», escribió el emperador Constantino, que se sentía allí como en casa. De aquel pasado feliz conserva Sofía los restos, en pleno centro, sobre la estación de metro de igual nombre, con vestigios de ocho calles, una basílica paleocristiana, baños, viviendas…

Se recorren las maravillosas ruinas, en parte subterráneas, y se sigue el pasadizo para dirigirse a la fotogénica catedral de Alexander Nevsky, una especie de tarta de varios pisos, con cúpulas en turquesa y en oro, terminada en 1912. En ella todo es a lo grande. Conviene entrar también a la cripta, porque tiene una magnífica colección de iconos.

Otra cripta a la que hay que bajar es a la de la Iglesia Rusa, y no por su valor histórico, sino para ver cómo la gente escribe con letra de colegial sus peticiones y espera cola para entregar el papelito a san Nicolás.

Muy cerca está Santa Sofía, la más antigua iglesia cristiana, originariamente del siglo VI, esta sí realmente interesante. Como también lo es la rotonda de San Jorge, una construcción de ladrillo rojo, rodeada por edificios públicos y hoteles de lujo, que es anterior al siglo IV, construida por los romanos, y utilizada luego como mezquita. Hoy conserva frescos del X al XIV. Es preciosa.

Tiene Sofía iglesias hay para aburrir; el cristianismo ortodoxo está declarado como la religión tradicional del país, pero hay en activo una importante mezquita del XVI y una sinagoga en la que podrían caber 1300 fieles a la vez, si fueran.

Filiaciones religiosas aparte, la iglesia de Boyana, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, es una visita imprescindible. Y emocionante. Queda fuera de la ciudad. Al pequeño edificio, rodeado de jardines, se accede de diez en diez, sin mochilas ni cámaras. Tiene una parte de siglo XI y otra del XIII. De techo a suelo está llena de frescos magníficos, con más de 240 imágenes en total; las más modernas, de 1259. Por desgracia, quieren que las veamos en menos de treinta minutos. Boyana justifica por sí sola un viaje a Sofía.

De entre los museos hay uno necesario, el Arqueológico Nacional, no abrumador, con piezas notables. Toda esta capital está llena de jardines con gente que se tira a disfrutarlos en cuanto el cielo les da la menor oportunidad. Y muchos edificios ostentosos de finales del XIX y principios del XX. Aquí incluso la arquitectura comunista tiene gracia, como la Casa del Partido, de 1954; hoy es un edificio del Parlamento frente al que se concentran las protestas ciudadanas.

Y desde todas partes se ve la estatua de santa Sofía, que hay a quien le gusta.

Para todos los gustos

El atracón cultural no debe ser el único plato en Sofía. Esta capital tiene muchos otros atractivos turísticos. Por ejemplo, sus tabernas de cocina típica y buenos vinos del país o las frescas y baratas cervezas locales. Abundan los restaurantes internacionales, igual que las tiendas esas que vemos en cualquier capital europea, pero también las propias donde encontrar, por fin, algo diferente. Fuera del bulevar Vitosha, la mejor calle para mirar y dejarse ver, hay callecitas con almonedas, comercios alternativos y restaurantes acogedores para disfrutar sin prisas, como hacen ellos.

Si no hay más tiempo, bastará un fin de semana para abrir boca en Sofía, pero el viajero se quedará con ganas de seguir, seguro. Bulgaria está llena de atractivos: parques naturales, bosques verdes y tupidos, lagunas azules y ríos verdes, entretenidas carreteras de montaña, sorprendentes formaciones de areniscas y de piedra, pueblos de esos que la gente define como pintorescos… y un litoral típico con vistas al Mar Negro.

Cerca de Sofía, a menos de dos horas en coche, está el monasterio de Rila, otro patrimonio de la humanidad, enclavado en un parque nacional con 28 lagos, aunque los famosos son los Siete Lagos de Rila. El complejo espiritual fundado en el siglo X sigue teniendo mucho tirón no ya entre los creyentes, sino como lugar turístico, con alojamiento, tiendas, museo etnográfico y multitud de familias locales que van allí a pasar el día. Con ser un lugar fabuloso, lo mejor está en los alrededores.

Todo el país está lleno de monasterios medievales por descubrir. Lo ideal es recorrerlo en coche con calma. Y ya puestos, no hay que perderse Plovdiv, la antiquísima ciudad búlgara declarada Capital Europea de la Cultura 2019, que se ha puesto preciosa para la ocasión.

Sofía siempre fue hermosa, pero ahora está radiante.


Algunos datos sobre Sofía:

Viajar a Sofía es fácil. Compañías de bajo coste como Ryanair y Wizz Air nos dejan allí por muy poco dinero.

Es un país de la UE, seguro y amable, pero no está en la zona euro; la moneda local es el lev, que equivale últimamente a unos 50 céntimos de euro.

Hay metro, trolebuses y autobuses eficaces, pero si no se quiere perder tiempo, lo mejor es el taxi, muy barato y seguro.

Si vamos a movernos fuera de Sofía, lo mejor es alquilar un coche. Conducir por Bulgaria no tiene ningún problema. Las carreteras principales son autovías. Están avanzando mucho en la modernización de su red viaria, por lo que a veces hay cortes por obras. 

En Sofía todo resulta barato. Los restaurantes son estupendos y por unos 10 € se come fenomenal.

Antes de reservar alojamiento, conviene saber que los hoteles suelen tener más estrellas de las que merecen.

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