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Vuelo a Chiang Mai sin detenerse en BangkokTailandia, plan B

También en la turística Tailandia hay destinos alternativos que permiten disfrutar sin competencia de su increíble belleza

Hay una Tailandia tranquila, sin turistas, donde la naturaleza nos abraza nada más poner un pie en la calle, con lugares Patrimonio de la Humanidad que casi nadie visita y a la que se puede volar directamente sin entretenerse en Bangkok. No se trata de despreciar la capital mundial del placer, sino de elegir unas vacaciones de plan B.

El turismo es la principal industria mundial. Los países con atractivos viven gracias a él, y los que no los tienen se apresuran a lavarse la cara para ver si también pueden ser los elegidos. Tailandia es el tercer país del mundo en número de visitantes extranjeros y en muchas zonas el turista tiene que defender a codazos que ahora le toca a él hacerse la foto en el famoso marco incomparable. Pero no pasa nada. Los de Teruel, los de Jaén… no dirían que España aventaja a Tailandia en invasión turística y, sin embargo, somos el segundo país del mundo en recepción de guiris. Es decir, existen lugares llenos de belleza y de tranquilidad en todas partes. Y no está bien comparar, pero la Tailandia no invadida se parece bastante al paraíso.

Chiang Mai

En este país, que tiene aproximadamente la extensión de España, hay 70 millones de habitantes; teniendo en cuenta que el 28 % del territorio es selva, no se puede hablar de ciudades pequeñas, pero Chiang Mai mantiene un tamaño razonable y su superpoblación es principalmente de templos: unos trescientos.

La ciudad vieja está protegida por un recinto amurallado donde se concentra lo más interesante, aunque toda Tailandia es tan diferente de nuestro mundo conocido que en cualquier esquina habrá algo que nos llamará la atención. Callejear, ver sus negocios, su forma de vida es una parte importante de cualquier viaje, pero en la colorida Asia resulta muy divertido. Y por cierto, aquí no hay que perderse el mercado Warorot, sin turistas ni souvenirs, solo con productos locales para locales. Costará salir.

Intramuros hay unos cuarenta templos. Es verdad que, como pasa con las iglesias, los edificios religiosos de los budistas tienen características comunes y un atracón puede llevarnos a pensar que visto uno vistos todos, pero no es cierto. Para empezar, Buda es muy alegre. La estatua de un ser sonriente, generalmente dorado y con tendencia al sobrepeso no se parece en nada a la de quien agoniza torturado en una cruz. Los templos budistas tienen mucha vidilla, siempre hay fieles que llevan lo que pueden, ofrendas que incluyen plátanos, billetes, batidos de vainilla… Cosas prácticas que vendrán bien a los monjes vestidos de naranja, porque en este país monje puede ser cualquiera. De hecho, la inmensa mayoría de los hombres hacen una especie de mili que consiste en pasar como mínimo tres meses en un monasterio estudiando los preceptos budistas, pegándose unos madrugones de muerte y… ¡cumpliendo 227 mandamientos!

En el siglo XIII Chiang Mai fue un lugar clave para la difusión del budismo, así que tiene templos de mucho valor histórico y de muchos años. Hay que hacerse con una guía de Tailandia, caminar o delegar en un tuk-tuk o un songthaew y seleccionar los mejores templos. Wat Chedi Luang es uno de ellos, del XIV, con una bellísima pagoda de ladrillo. Estos centros son complejos con varias dependencias, más o menos alejadas unas de otras. El Wat Phra Singh, del siglo XIV, tiene un edificio para Buda, otro para las asambleas, uno aparte para los monjes, una biblioteca, jardines… El Wat Phan Tao es interesante también porque está hecho de teca, esa madera elegante sacada de los árboles que todavía nacen en este país.

Chiang Mai tiene aeropuerto y se puede llegar directamente con Qatar Airways. Fuera del recinto histórico, la ciudad es como otras ciudades modernas: con bullicio, tráfico, tiendas, hoteles y restaurantes de diseño (y de magnífica gastronomía tailandesa). Pero ese no era el plan.

Adiós a la ciudad

En los alrededores Chiang Mai hay más templos, claro, como el de la montaña Doi Shutep, que está muy animado, y también bosques, arrozales, lugares para hacer senderismo, plantaciones de té, lagos, ríos, cascadas… Y selva por todas partes. La jungla del norte de Tailandia es un bosque tropical cálido y tupido, donde no llueve, salvo en temporada.

Por aquí se puede hacer eso que se llama ecoturismo o incluso practicar un nivel más especializado: turismo antropológico, la última moda, porque hay tribus y pueblos donde se vive como antes. Así lo hacen los lisu, una etnia de origen chino que podemos encontrar a tan solo hora de Chiang Mai. Son gentes que practican el animismo y que pueden adivinar el futuro clavando agujas en huesecillos de pollo, una variante más elaborada que la de los posos del café y con la misma precisión.

Las casas de teca de Lampang

La provincia de al lado de Chang Mai es Lampang. Para recorrer la ciudad, se ofrecen coches de caballos a los turistas, pero eso es algo que, salvo que se tenga interés en ejercer como tales, nunca hay que hacer. Es mucho mejor pasear sus calles y pararse en sus hermosos templos de estilo birmano y en unas casas espectaculares de madera de teca.

Lampang tenía muchos de estos árboles y fue un punto de exportación importante. Parece que se valía de elefantes para transportar los troncos hasta el río. Hoy, como unos y otros ya no abundan tanto como antiguamente, han creado un Centro de Conservación del Elefante Tailandés, donde estos animales viven, como muchos tailandeses, del turismo.

Shukothai, el mejor postre

De Lampang a Sukhothai hay una carretera que se disfruta porque atraviesa dos parques nacionales que asombran por los kilómetros y kilómetros de masa verde.

La provincia de Sukhothai simboliza la creación de la identidad de Tailandia. Con el mismo nombre, se estableció una próspera ciudad-estado en el siglo XIV que en los libros de historia se llama la edad de «la felicidad de Tailandia». En esa época, Sukhothai era la capital del reino de Siam, que era como se llamaba Tailandia antes de ser Tailandia. El arte y la arquitectura de esta época fue tan importante y único que tiene nombre propio, es el estilo Sukhothai.

Lo que queda de aquella ciudad es un inmenso parque con restos de templos, monasterios, monumentos, reservorios de agua, sistemas hidráulicos, trazados de caminos, inscripciones en piedra… Podemos recorrer todas las estructuras adivinando la morfología urbana como si no hubiera pasado el tiempo.

Antes o después de Sukhothai habrá que pasar al menos medio día en Si Satchanalai. No se puede creer que un lugar así, Patrimonio de la Humanidad para la Unesco desde 1991, esté ahí para nosotros solos. La inmensa área que fuera el centro espiritual del reino de Siam durante los siglos XIII y XIV está rodeada de un diseño paisajístico que se ha conservado como fue en su origen.

En el mundo hay lugares de tanta belleza que nos cuesta respirar y hasta se nos saltan las lágrimas. No pasa a menudo, pero pasa. Si encima no hay nadie alrededor, no se puede ser más feliz. Esto puede ocurrir en los tres sitios históricos de la provincia: Sukhothai, Si Satchanalai y Kamphaeng Phet.

El escritor y viajero Lawrence Osborne ha rebautizado Bangkok con el nombre de Hedonópolis, pero después de Sukhothai, la capital puede esperar. Es un plan C.

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Ana Cañizal

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