El Hedonista El original y único desde 2011

“Creo que moriré de poesía”.Nicanor Parra

Menu abrir sidebar

Escapadas

Es una de las joyas de Centroeuropa.Una megalópolis llamada Brujas

La Trienal de Arte Contemporáneo y Arquitectura nos da una excusa para revisitar esta maravillosa ciudad belga.

Brujas recibe cada año la visita de cinco millones de turistas. ¿Qué ocurriría si un buen día, de repente, todos ellos decidieran instalarse permanentemente en esta pequeña ciudad belga?¿Habría recursos suficientes? ¿Dónde vivirían? ¿Qué echarían en falta? ¿Se comunicarían con sus vecinos? ¿Podría seguir siendo Brujas un lugar tranquilo? A todos estos interrogantes intentan responder a su manera los diecisiete artistas que participan en la Trienal de Arte Contemporáneo y Arquitectura que Brujas celebra hasta el próximo dieciocho de octubre. Una excusa perfecta para recorrer a pie esta bellísima urbe, Patrimonio de la Humanidad desde el año 2000 y una de las ciudades medievales mejor conservadas de Europa, y de paso conocer de primera mano cómo podría ser la vida en esas megaciudades superpobladas a las que parece abocarnos este siglo XXI.

La ruta por la Trienal tiene tres recorridos: norte, centro y sur. El primero de los recorridos, el sur, arranca nada más salir de la estación de tren, sin duda el mejor medio de transporte para llegar hasta Brujas. Un contenedor rojo convertido en oficina de inmigración por el artista belga Daniël Dewaele nos invita a rellenar una serie de formularios en los que se nos interroga sobre nuestras expectativas como nuevos ciudadanos de Brujas: ¿En qué idioma nos gustaría hablar? ¿Qué religión nos gustaría profesar? ¿Cómo nos gustaría desplazarnos, vivir u organizar nuestra vida económicamente? A partir de ahí, el resto de instalaciones pretende descubrirnos las ventajas e inconvenientes de vivir en una gran ciudad. Desde el empadronamiento hasta la búsqueda de vivienda, pasando por el ruido, el dinero o el ocio, cada obra es una reflexión sobre cómo nuestros sueños y ambiciones pueden encontrar cobijo o, por el contrario, problemas, decepciones, conflictos y dificultades en una ciudad con cinco millones de nuevos habitantes.

En el punto más oriental del recorrido, el japonés Tadashi Kawamoto ha instalado en los árboles del precioso jardín interior del Begijnhof de Brujas unas poéticas esculturas que sondean los límites entre el arte, la arquitectura y el medio natural. Las cabañas de madera de Kawamoto parece que hayan crecido de forma orgánica en este beguinaje, uno de los más populares de Flandes y una visita que nadie que viaje hasta Brujas debería dejar de hacer. Los beguinajes nacieron en el siglo XIII como refugio para mujeres que querían consagrar su vida a Dios sin retirarse del mundo. Se trata de comunidades formadas por casas, iglesias, dependencias y zonas verdes, construidas según los estilos arquitectónicos típicos de Flandes. Reconvertido actualmente en un magnífico convento benedictino en el que tan solo viven veinte monjas, el Beguinaje de Brujas data de 1245 y es uno de esos lugares en los que, afortunadamente, el tiempo se detuvo.

En Dud Sint-Jan, muy cerca del museo Arentshuis, nos sorprende una torre de alta tensión flotando en el canal. Se oye un zumbido eléctrico espectral, un chisporroteo, clics y ruidos chirriantes. Los descontrolados cables de alta tensión se balancean peligrosamente y vemos fogonazos en el agua mientras la corriente parece derramarse en los canales. Esta obra de HeHe, un colectivo formado por la británica Helen Evans y el alemán Heiko Hansen, cuestiona nuestra energía y el modo en que la generamos, una forma de contaminación y a la vez un elegante ejemplo de ingeniería. Mientras, en la calle Steenstraat, frente a la catedral de San Salvador, la iglesia más antigua de Brujas, el chino Song Dong ha edificado un jardín de roca con un paisaje montañoso construido a partir de escombros. Ventanas de edificios históricos chinos derribados y restos de barrios demolidos durante el crecimiento de una megalópolis contrastan con la magnifica fachada de esta catedral edificada en el siglo X.

La monumental plaza Grote Markt, el lugar desde el que cada día miles de turistas contemplan la impresionante torre del Campanario Belfort, del siglo XII, no podía permanecer ajena al recorrido de la Trienal. En el centro de la plaza, la alemana Vibeke Jensen ha situado una instalación que ha bautizado como 1:1 Connect: DiamondScope y que en realidad es un mirador para contemplar la torre. La obra es octogonal y esta construida con espejos como si fuera un gran diamante. Dentro uno observa todo lo que ocurre en la plaza fuera de la vista de los demás. Nosotros te recomendamos que después subas los 366 escalones de la torre para sentirte como los protagonistas de la estupenda película de Martin McDonagh Escondidos en Brujas, mientras disfrutas de las magníficas vistas, que en días claros alcanzan hasta el Mar del Norte. La otra plaza emblemática de Brujas, el Burg, centro geográfico y metafórico de la ciudad con edificios como el Ayuntamiento, el Palacio de Justicia, la Probostía y la Basílica de la Santa Sangre, es el lugar en el que luce, literalmente, una de las dos instalaciones lumínicas del británico Nathan Coley. La otra hay que buscarla en Binnenplein Belfort, el patio de la lonja municipal.

Cerca del Burg, el austriaco Rainer Ganahl reflexiona sobre el capitalismo con una réplica en miniatura de la Huis ter Beurze, el edificio de la bolsa de Brujas, totalmente hecha a base de chocolate. La obra se llama Uber Capitalism, en una clara alusión a la popular red de transporte Uber, que según Ganahl convierte a una persona en una empresa. Aunque varios lo han intentado ya, esta escultura es algo difícil de comer. Si quieres probar chocolate belga del bueno mejor pásate por The Chocolate Line en Simon Stevinplein 19, una de las tres chocolaterías que aparecen en la Guía Michelin, y derrítete de gusto con cualquiera de las delicias del chocolatero Dominique Persoone. Las tiene con coca cola, jengibre, curri, wasabi, sake, tabasco, cebolla frita, té, laurel, hojas de tabaco, espárragos, lavanda, cilantro, tequila, sal Maldón o explosivos peta-zetas.

Algo alejada del centro, en Sasplein, se encuentra la típica casa gótica de ladrillo flamenca que el norteamericano Romy Achituv ha arrojado al agua de los aparentemente tranquilos canales de Brujas. En determinados momentos del día una tormenta estalla, creando una catarata que sacude la casa justo en el único punto de Brujas donde las aguas del canal encuentran una salida hacia el mar. También sobre el agua, en este caso la del canal que atraviesa Carmersbrug, flota la plataforma Canal Swimmer’s Club de los artistas japoneses del Atelier Bow-Wow. Una instalación que ha recuperado los canales para el baño, con el regocijo de muchos habitantes de Brujas y con el disgusto de los vecinos de este hasta ahora tranquilo barrio.

Las instalaciones sonoras de (O+A) en el centro histórico y tres exposiciones interiores con inquietantes y visionarios planes urbanísticos para las mengaurbes del futuro completan esta Trienal de Brujas que la ciudad ha conseguido ensamblar perfectamente en su monumental paisaje urbano. Si después de tanto paseo el gusanillo del hambre se abre paso en tu interior, no te resistas a una cena en el restaurante Het Zwaantje (El cisne en flamenco) en Gentpoortvest 70, a quince minutos a pie del centro. Su premiadísimo menú a base de chocolate es tan original como sorprendente. Sin duda, el mejor broche para esta visita.

Una respuesta a Una megalópolis llamada Brujas

  1. cortijera dijo:

    Muy bien redactado. Da la impresión que al mismo tiempo que estás leyendo, te trasladas por las calles de Brujas. Enhorabuena.

Escapadas

Todo esto
y mucho más
en Escapadas
+