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Es un lago situado a casi 4.000 metros de altura, entre Perú y BoliviaUna vuelta por el lago Titicaca

Te proponemos un paseo por las tranquilas aguas del gran lago, entre Perú y Bolivia.

Es un lago situado a casi 4.000 metros de altura y más grande que toda la comunidad de Madrid. Pero lo más extraordinario está en su interior.

Perú y Bolivia se reparten el lago Titicaca a partes casi iguales. Hay más de 25 ríos alimentándolo, pero sus aguas parecen no inmutarse, planas como un espejo. En sus alrededores han vivido seres humanos desde que nuestra especie tomó la decisión de abandonar el nomadismo, porque es un buen sitio para quedarse, cultivar casi cualquier cosa y alimentar al ganado. El gran masa de agua hace que la temperatura, aunque sea fría por las noches, no baje tanto como cabría esperar a tal altura.

Alrededor del lago se vive bien, por eso atrae la mayor cantidad de población y genera la actividad económica más intensa de los Andes. Pero lo verdaderamente interesante del Titicaca no es la gente que se ha establecido en sus orillas, sino la que vive lago adentro. Existen 87 islas, a cual más rara. Y merece la pena visitar las que buenamente se pueda.

Una opción es alojarse en los hoteles de Puno y desde allí hacer excursiones: hoy a una isla, mañana a otra… Esta gran ciudad que mira al lago no parece un lugar especialmente bonito, ni con demasiados atractivos. Pero eso es solo a primera vista. Cuando uno persevera encuentra por doquier bares animadísimos hasta altas horas de la noche. Puno, además, tiene una gran universidad, o sea, que la marcha nocturna está asegurada. Y cuenta también con una celebración que la Unesco ha declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad, donde la devoción a la Virgen de la Candelaria, que es muchísima, corre al mismo nivel que el alcohol.

Otra opción es alojarse en las islas. No se pueden esperar grandes lujos materiales, pero sí muchos y muy intensos de los otros: unos cielos impresionantemente azules, aguas claras, silencio, naturaleza, millones de estrellas y la extraordinaria experiencia de convivir con los nativos practicando un turismo justo y sostenible.

Las islas de tierra firme
Es posible que alguna parezca habitada por turistas en vez de por nativos, pero eso será solo un momentito. Enseguida saldrá el barco y los visitantes desaparecerán para siempre. En compensación, hay muchas otras islas en las que tendremos la sensación de ser los descubridores.

Merece la pena visitar  la bellísima Taquile, que pertenció al imperio incaico, con restos arqueológicos muy interesantes. Su población habla quechua y vive de la pesca (aquí se pueden degustar las más exquisitas truchas del mundo). La gente de esta isla se viste a todo color. Los hombres llevan gorros diferentes según sean solteros, viudos o casados, y las novias tejen para sus futuros maridos unos fajines con los símbolos de todo lo que desean para su matrimonio.

Los increíbles uros
Muchas son las islas alucinantes del lago Titicaca, pero las más sorprendentes son las 87 creadas artificialmente, donde viven unas 1.200 personas. Sus primeros habitantes fueron los uros,  que se las ingeniaron construyendo su propio suelo sobre el agua para huir de los incas y los collas, gente muy agresiva, y después de los españoles, que los cazaban para llevarlos como esclavos a las minas.

En las islas de los uros se cobra una entrada justa que se distribuye comunitariamente. Su peculiaridad es que están hechas de totora, una hierba acuática, y su suelo debe reconstruirse constantemente, porque el fondo se va pudriendo, claro. También las casas son de totora, las embarcaciones son de totora, los muebles son de totora y comen totora: los brotes tiernos son nutritivos, y tienen propiedades antidiarreicas y antipiréticas, algo muy útil cuando no te queda otra que beber agua del lago.

Esto no es un teatro sino su forma real de vida. En cada una de estas islas pueden vivir varias familias, pero si riñen entre ellos, se divide en dos y punto. Y si una isla se queda pequeña, se puede construir otra al lado.

La  Cochamama, la madre lago, provee de lo esencial a los uros. El Gobierno también: tienen médico, escuela, ayuntamiento, supermercado… Y si no es suficiente, los turistas aportan lo que falta: hay alojamiento para ellos. La experiencia de dormir en el lago y conocer el modo de vida de los uros resulta inolvidable.

¿Cuánto tiempo será posible alojarse en una isla de totora? No mucho. Los uros que prosperan van a tierra firme. Hay que conocer su forma de vida antes de que todos decidan abandonar las islas flotantes.

Algunas direcciones:

Alojamientos para los más hedonistas:

Titilaka, un tranquilo hotel a 35 km de Puno, que organiza excursiones a todos los sitios de interés, incluido el complejo arqueológico de Sillustani.

Amantica lodge, un lugar en Amantaní, una isla sobre el lago Titicaca, para hacerse una idea de cómo se vive rodeado de agua, pero en plan lujo.

Un buen sitio:

Casa Andina, en la misma ciudad de Puno, es un hotel agradable y correcto. Lo mejor, su ubicación y su magnífica cocina.

Inmersión con los uros: 

Si se desea algo auténtico, la isla de Hananpacha ofrece todo lo necesario.

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