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Una propiedad en el circuito e villas palladianas patrimonio de la UNESCOVilla Fracanzan, así vivían los nobles

La vivienda, en el Véneto italiano, se conserva tal como era en el siglo XVIII

Hay herederos que dilapidan el patrimonio recibido y hay herederos que ponen todo su empeño en conservarlo. Por más que muramos de envidia ante unos y otros, debemos reconocer que los segundos son dignos de elogio. Y no solo porque preservan bienes de gran valor histórico, sino porque permiten al resto de los mortales maravillarnos viendo cómo vivían los nobles.

La Villa Fracanzan está en una de las regiones más hermosas y ricas de Italia, el Véneto. Su paisaje verde, con cipreses clavados por todas partes, compite en belleza con una impresionante arquitectura. Es lo que tiene estar cerca de Venecia y ser cuna del arquitecto Palladio.

La villa que nos ocupa está sobre una propiedad familiar que se ha ido heredando desde 1316, cuando los Fracanzan compraron los terrenos y los edificios a un obispo. La familia, después de siglos de poderío político y económico, decidió construir una villa apropiada a su nivel. El encargado del proyecto fue el arquitecto Francesco Muttoni, un estudioso de Palladio que acababa de viajar a Roma y volvía cargado de inspiración hacia 1700. Así le salió de bien la impresionante casa en la que todo el mundo puede entrar cualquier domingo entre abril y octubre. Y si tienen la suerte de ser invitados por Bottega Veneta, como nos ha pasado en El Hedonista, puede que la visita sea guiada por su actuales propietarios: la condesa heredera, Francesca Piovene, y su marido Nicoló Giusti, un señor muy dispuesto a hacer chascarrillos sobre la historia de la propiedad.

El estilo de Villa Fracanzan tiene algo de Palladio y también algo de barroco, porque fue construida hacia 1713. Los planos originales se conservan en Washington, en la Biblioteca del Congreso. Esta villa veneciana, típica del siglo XVIII, fue el centro de un complejo de edificios que ya existían y otros que se completaron en la época. La casa está rodeada de jardines, también diseñados por Muttoni, huertos, estanques y árboles monumentales. Después de construir la villa, hubo que comprar aún más terreno para «ampliar el impacto visual», dice el señor Giusti. Desde el pórtico de altísimas columnas, nada más pasar una claraboya de impacto, no se ve el fin de la propiedad.

De puertas adentro

El interior de Villa Fracanzan es una sucesión de salones con unos techos que provocan tortícolis. Hay estancias y más estancias, comedores, dormitorios, bibliotecas, sala de billar, sala de tertulias, sala de recepción, sala de música, sala de planchado… Y lo mejor es que se conserva con todo el mobiliario y los utensilios cotidianos, como si sus usuarios acabaran de salir por la puerta… hace tres siglos.

La cocina mantiene sus paredes ahumadas, de las que cuelgan el mayor número de sartenes y cazuelas de cobre jamás reunidas. Y está todo, cada cacharro que pueda necesitarse para dar de comer a cientos de invitados.

Una pila de mármol rojo de Verona, por cuyos caños salía en otro tiempo agua de un manantial próximo, es una de tantas joyas de la familia. Está datada en 1500 y gustó tanto a Napoleón que intentó llevársela al Louvre. Después de cortarla en tres trozos, seguía pesando tanto que tuvo que abandonarla en el jardín.

Porque Napoleón durmió aquí con sus tropas en 1866. Tal vez en una cama con baldaquino, de las muchas que hay en la villa, perfectamente preparadas, y quizá usó un lujoso baño de madera… noble, claro.

En Villa Fracanzan murió en 1796 Elisabetta Caminer, una intelectual veneciana, periodista, escritora, impresora, naturalista, rica y amiga de la familia, que tenía aquí la sede de un famoso salón literario.

La casa tiene esas cosas que gustaban tanto en una época, como una colección de animales disecados, que si bien hoy nos dan mal rollo, son tan didácticos como el resto de la propiedad, un auténtico museo con mobiliario, vajillas, lámparas, enseres, piezas de arte, colecciones… Por eso aquí vienen escolares, además de turistas, para ver hoy la atmósfera de hace trescientos años. Y también, si usted tiene pasta, puede alquilarlo para algún episodio fuera de lo normal, como una boda de postín, aunque tenga en cuenta la decepción que sufrirá cuando llegue la hora de irse y aceptar que esta villa nunca será suya.

Tractores de colores

De los edificios de alrededor destaca un pórtico monumental con doce arcos, son talleres donde se guardan herramientas de granjeros, carpinteros, herreros… con sus útiles perfectamente conservados.

Y frente a este lugar, un campo donde crecen los tractores antiguos, capricho del dueño. Su esposa comenta que una vez vio un tractor abandonado que le recordó a su infancia, quiso comprarlo al propietario, pero este se lo regaló para quitárselo de en medio. A partir de ahí comenzó su afán coleccionista y ya va por 42.

En fin, que esta gente es de la que no tira nada, por suerte para nosotros. Claro, ellos juegan con ventaja, porque sitio no les falta.

Villa Fracanzan Piovene. Orgiano. Italia. Tel.:0039 335 8221 426. Mail: f.piovene@tiscali.it

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