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Estreno

Un filme brillante en lo formal, pero impersonal, previsible y vacío de misterio.Amenábar conciencia pero asusta poco con ‘Regresión’

La última película del director español es un thriller sobre los peligros del fanatismo religioso.

En las antípodas de Woody Allen, un director factoría que produce una película por año, Alejandro Amenábar es de esa clase de realizadores que prefieren tomarse las cosas con calma. Seis años separan Ágora de Regresión, su nuevo y esperadísimo filme. Y, pese a sus notables diferencias, ambos títulos tienen mucho más en común de lo que pudiera parecer: al margen de tramas, épocas históricas y adscripciones a géneros cinematográficos distintos, los dos no pretenden sino mostrarnos la locura colectiva en la que puede desembocar el fanatismo religioso y sus dramáticas consecuencias. Regresión, como Ágora, no es una mala película. Está rodada con oficio, sabiduría y sabe crear la atmósfera tenebrosa que su argumento precisa. Pero también como Ágora, decepcionará a quienes esperen encontrarse con el Amenábar de Tesis, Abre los ojos o Los otros. Regresión es un thriller, pero ni asusta ni conmueve ni sorprende ni provoca otra reacción que algún pequeño susto de vez en cuando. Es cine de impecable factura, pero vacío. Sin alma, sin nervio y sin nada que apele a nuestros instintos más primarios.

Amenábar parece estar más interesado en denunciar el fanatismo y sus secuelas que en hacernos pasar miedo o que su película sea simplemente misteriosa. Y eso no sería una mala cosa si su denuncia nos helara la sangre o, al menos, nos encendiera por dentro. El problema es que el desenlace se barrunta a mitad de la proyección y lo que ocurre en la pantalla, aunque de indudable interés, está narrado con excesiva frialdad. El director español ha convertido las localizaciones de Canadá en las que realmente se rodó Regresión en la Minnesota de los años noventa. La cinta, basada en hechos reales, sigue los pasos a un policía que investiga los abusos sexuales que, al parecer, un padre ha infringido a su hija. El acusado no recuerda nada, pero todo le señala como miembro de una secta satánica responsable de los más terribles actos. A partir de ahí, lo que sigue es un filme brillante en lo formal, pero impersonal, previsible y vacío de misterio.

Hay que reconocerle a Amenábar, en cualquier caso, el mérito de no aburrir –Regresión transcurre en un suspiro- y su sabiduría a la hora de elegir cast. Ethan Hawke es el actor ideal para meterse en la piel de un policía de psicología tan frágil, Emma Watson está increíblemente creíble, valga el oxímoron, como adolescente a pesar de haber cumplido ya los veinticinco, David Thewlis tiene un físico inquietante que le va como anillo al dedo al psiquiatra que interpreta, y David Dencik y Dale Dickey, el padre y la abuela respectivamente del personaje de Emma Watson, poseen unos rostros que les harían parecer culpables de lo que fuera. Una pena que, pese a sus indudables aciertos, Regresión vaya a quedar seguramente como un obra menor en la carrera de Amenábar. A la altura de sus mejores trabajos en cuanto a estética, pero más gélida en lo narrativo incluso que Ágora. En aquella, al menos, a alguno se nos escapó una lagrimita al final.

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