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Estreno

Elegida para representar a Chile en los Oscar a la mejor película de habla no inglesaEl club de los monstruos de la Santa Madre Iglesia

El chileno Pablo Larraín dirige 'El club', una magnífica y durísima película sobre curas y abusos a menores.

Elegida para representar a Chile en los Oscar a la mejor película de habla no inglesa y ganadora del Oso de Plata y del Gran Premio del Jurado en la pasada edición del Festival de Cine de Berlín, la última cinta del realizador chileno Pablo Larraín es una de las grandes sorpresas cinematográficas de este año. El club es una película magnífica. Un filme rodado con tanta inteligencia como astucia y poseedor de un arranque, un climax y un desenlace absolutamente magistrales. Pero también es un trabajo difícil de recomendar. Demoledora, brutal, cruel y en ocasiones hasta incómoda de ver, El club se alza como un tragicómico relato sobre la cara más oscura de la iglesia no apto para todos los paladares.

Pablo Larraín, que ya tiene en marcha un biopic sobre Pablo Neruda protagonizado por Gael García Bernal y otro más sobre Jacqueline Kennedy con Natalie Portman, nos conquistó en 2012 con No, un apasionante thriller político ambientado en la dictadura de Pinochet con el que también fue nominado a los Oscar. El club tiene, asimismo, alma de thriller, aunque sus hechuras sean radicalmente diferentes. Poseedora de un negrísimo sentido del humor y de una sorprendente ausencia de márgenes morales a la hora de enfrentarse a determinados temas, El club narra el día a día de un grupo de religiosos que comparten retiro espiritual en una casa de un pueblecito costero. La iglesia los ha recluido allí al cuidado de una monja como penitencia por sus pecados. Pero estos sacerdotes no solo han faltado a los mandamientos de su fe, han cometido delitos horrendos como el abuso de menores, el maltrato, la tortura o el rapto de bebés para venderlos. Sus apacibles vidas se verán alteradas tras un trágico suceso y la llegada de un cura psicólogo dispuesto a que asuman de una vez por todas por qué se encuentran encerrados en esta casa.

Pablo Larraín nos acerca a este particular universo humano sin ahorrarnos detalles escabrosos. Es tan horroroso lo que nos cuenta como lo que nos hace intuir. Y aunque tenga en su contra que algunos sucesos puedan resultar un tanto gratuitos o que la naturalidad de las interpretaciones nos haga a ratos imposible seguir los diálogos, El club es un filme honesto y valiente que escarba como nunca antes nadie se había atrevido a hacer en el tema de la pederastia dentro de la iglesia católica. Claustrofóbica, dura, asfixiante, triste, desgarrada y turbia hasta en su estética, El club es también una experiencia cinematográfica fascinante y una de esas películas que ningún gran aficionado al cine con mayúsculas debería perderse. Hay que enfrentarse a ella sin prejuicios y estar dispuesto a pasar un mal rato. Pero el sufrimiento tiene la recompensa de poder presenciar una monumental obra maestra de esas que, desafortunadamente, no abundan en las salas de cine.

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