El Hedonista El original y único desde 2011

“El hombre sufre tan terriblemente en el mundo que se ha visto obligado a inventar la risa”. Friedrich Nietzsche

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Estreno

El gran hotel Budapest

No se pierdan la mejor película en lo que va de año, un exquisito tratado de elegancia, buenos modales y magnífica nostalgia.

Esta película es muchas cosas a la vez. Es también una novela y una galería de fotos y un homenaje disparatado y un juego de malabares con pirotecnia y un catálogo de personajes fuera de órbita y un cuento del revés y un relato melancólico y una noria de frases mágicas y un escupitajo al señor correcto tiene buen aspecto y un festival de ropajes y colores y un tratado de modales y un museo de miniaturas y un rompecabezas… El Gran Hotel Budapest es una auténtica maravilla.

No andaba yo muy convencido con este Wes Anderson, una vez más por esa manía de mitificar en cuanto suenan dos petardos, que lo mismo da un ex presidente español que un director de cine paneuropeísta. Tanto soniquete con que si Anderson es genial, que si es un chico travieso que también sabe comportarse en la mesa y pinchar los guisantes de uno en uno, oye, que si tiene un universo propio y una tabla de planchado rápido en el garaje de su casa aún sin desempaquetar –esto último es una suposición al albur-. Bien.

Yo vi con interés la anterior Moonrise Kingdom, y me dormí un poco, porque uno cuando sube en los caballitos de la feria lo hace con la convicción de que aquello sube y baja un rato, da unas cuantas vueltas y después se para y te bajas. ¡Pero es que me pareció que este Anderson no respetaba dicha sucesión de hechos y terminé mareado no por el divertido vaivén sino por la ausencia de certezas!

Diré que todo lo que me mareó de Anderson antes, ese mejunje de frivolidad y espesura, de bigotes finos y cuentos de niños, ahora en El Gran Hotel Budapest es una delicia, un pastiche delicioso de mil colores donde no hay tiempo, sólo juego, porque el hilo que lo engarza obedece a una lógica infantil donde todo vale –o debería valer, según dicen que pasa en las lógicas infantiles-.

Al final de la película (la mayor parte de la acción se desarrolla en los años 30, una época donde los modales aún tenían mucho que decir) se dice que esta historia está inspirada en las novelas de Stefan Zweig, lo cual, ya para rematarnos de gozo, es miel sobre hojuelas. Y Ralph Fiennes, maravilloso –no busquen otro adjetivo aunque la palabra se repita- es laureado con esta frase, digna de un Zweig: “Su mundo desapareció incluso antes de que él llegara, pero él seguía manteniendo la ilusión por aquella magnífica elegancia”.

3 respuestas a El gran hotel Budapest

  1. Pablo dijo:

    Sólo escucho cosas buenas de esta película.
    Buena y divertida.
    Para qué quiero más.

  2. Iván dijo:

    Y también 8 apellidos vascos.

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