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Estreno

El sueño de Ellis

Esta película de James Gray es una pequeña obra maestra absolutamente recomendable.

El cineasta norteamericano James Gray tiene fama de ser un director academicista, un artista más apreciado en Europa que en su propio país por el ritmo pausado y el formalismo estético que impone a sus películas. Aunque cuenta con un leal grupo de admiradores, su obra sigue provocando desencuentros por esos rasgos que suelen asociarse equivocadamente a un cine pesado y fatigoso. Nunca he entendido que la gente diga despectivamente de una película que es demasiado lenta, pues no veo ninguna relación entre la velocidad con la que suceden los acontecimientos del relato y el deleite o hastío que me produce verla. En el caso de Gray, estoy convencido de que algunas de las críticas que se han vertido contra sus películas se deben a que es un cineasta norteamericano que rueda en inglés con actores famosos. Si un director francés, rumano o iraní firmara cualquiera de sus películas nadie pondría en entredicho la sosegada cadencia con la que rueda, pero sorprende ver a Gwyneth Paltrow, Joaquin Phoenix o Vanessa Redgrave sometidos a una parsimonia tan poco habitual en el cine anglosajón.

Ese clasicismo típico de Gray está más a flor de piel  que nunca en El sueño de Ellis, no porque el director haya dado un brusco giro de timón en forma o estilo, sino porque el hecho de trasladar una historia a un contexto no contemporáneo por primera vez en su filmografía acentúa el gusto del autor por un cine a la antigua. La historia de El sueño de Ellis arranca en 1921 con la llegada de un barco lleno de inmigrantes europeos a la isla Ellis. Entre ellos se encuentran Ewa (Marion Cotillard) y Magda, dos hermanas polacas que buscan un destino mejor que al que parecen abocadas en el viejo continente. Resulta curioso que un título tan torpe como el que se ha elegido para la distribución en español resuma tan bien, probablemente por casualidad, la devastadora ironía de esta historia. Pocas veces el sueño americano se ha mostrado tan sombrío y tétrico como en esta película. Para Ewa y Magda el sueño se convierte en pesadilla, literalmente, antes de pisar suelo americano, pues Magda debe permanecer en cuarentena ante la sospecha de que padece tuberculosis y Ewa recibe una orden de deportación a causa de unas vagas acusaciones de comportamiento indecoroso durante la travesía que, como otras muchos elementos de la trama, la película nunca llega a aclarar del todo. 

Al rescate de Ewa llega, como por arte de magia pero con un ardid bien tramado de antemano, Bruno (Joaquin Phoenix), un empresario artístico que ofrece a Ewa la posibilidad de usar sus contactos para evitar la expulsión a cambio de que trabaje para él en sus espectáculos de variedades de medio pelo. Aunque Bruno parece sentir por Ewa un apego genuino, no duda en explotarla, incluso sexualmente, hasta que aparece en escena su primo Orlando (Jeremy Renner), un mago seductor y extrovertido con intenciones aparentemente menos turbias que las de Bruno. Tras Two Lovers Gray retoma el esquema básico del triángulo amoroso como eje central de la historia, aunque en el caso de El Sueño de Ellis la distancia entre los vértices no llega a estar del todo clara hasta que es demasiado tarde para darnos cuenta de lo que realmente ha pasado. A Gray no le interesa profundizar demasiado en unos personajes que traza adrede con brocha gorda, ni sacar a la historia, a ratos improbable, de una plantilla prototípicamente melodramática. El cineasta regula más bien la temperatura emocional del relato mediante la esmerada fabricación de emociones (o, quizá mejor dicho, de la impresión de emociones). Es revelador que, después de haber visto tres veces esta maravillosa película, sea incapaz de recordar ni un solo diálogo, pero que tenga bien grabadas en la memoria muchas de las sensaciones que experimenté al verla.

Esa disociación entre la narración y la percepción que de ella tiene el espectador se debe a que Gray se sirve de recursos puramente cinematográficos para delinear el arco de los personajes y para crear las emociones que emanan del relato. Destaca, por encima de todo, el gran trabajo del director de fotografía Darius Khondji, que tiñe la pantalla de un taciturno tono amarillento iluminado sólo a medias, como la propia vida de los protagonistas. Es una estética estilizada que hace que, incluso en sus momentos más arrebatados, la película parezca premeditadamente  mesurada y comedida. Quizá el mayor acierto de Gray haya sido el conceder el papel principal de esta película, que parece hecha para ser interpretada por actores del cine mudo, a la actriz francesa Marion Cotillard. Su rostro, de rasgos irregulares pero de deslumbrante belleza atemporal, es el lienzo ideal en el que Gray, ayudado por los primeros planos de Khondji, plasma la auténtica tragedia de esta historia. Al comparar su trabajo en esta película con su interpretación en la reciente Deux jours, une nuit de los hermanos Dardenne, se hace evidente el asombroso dominio técnico de esta actriz. Su característica dicción, especialmente estudiada cuando no interpreta papeles en francés, se torna aquí temblorosa y asustada, especialmente en los diálogos en polaco, un idioma que aprendió para rodar esta película y que pronuncia infinitamente mejor que Meryl Streep en La decisión de Sophie

El sueño de Ellis es una pequeña obra maestra que pasará desapercibida para muchos porque el cine de James Gray no se ajusta a las pautas del cine comercial norteamericano ni a los cambiantes cánones de la vanguardia cinematográfica actual. Es una lástima que se ignore o se subestime la obra de un cineasta porque no quiera adaptarse a ritmos o tendencias de moda. En El sueño de Ellis James Gray demuestra que es, por encima de todo, un artista admirable capaz de conmover mediante el lenguaje cinematográfico. La bellísima escena final, epítome inolvidable de la maestría de este director en la puesta en escena, es también un resumen perfecto de lo cuenta esta película: el atisbo de un sueño y los recovecos de miseria por los que hay que pasar para alcanzarlo.

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Más sobre cine en: Cine al desnudo, blog de Alberto Ramos-Lorente.

Una respuesta a El sueño de Ellis

  1. Irune Basterretxea dijo:

    Estoy de acuerdo,maneja con maestría los “tempos”,nada que ver con la “velocidad” del cine actual,(sobre todo el norteamericano),junto a una puesta en escena maravillosa donde los personajes se enfrentan a su propia tragedia vital,( e inexorable),mostrándonos toda una gama de registros emocionales por los que atraviesan,donde una maravillosa M. Cotillard nos mantiene “atrapados”en este triángulo de amor-odio entre J. Phoenix y J. Renner,donde la magia y los sueños se truncan y topan con esa “otra” realidad ,cruda,fría,desgarrada.Y aunque la historia se desarrolla a principio de los años 20,y la fotografía,los decorados,y la ambientación es absolutamente impecable,(no sé por qué), a mí me parece que se podría “ajustar” a cualquier otro momento o época,y eso le da un toque atemporal

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