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Estreno

Ganó dos premios en el Festival de Cine de San Sebastián.Güeros, una road movie urbana

El mexicano Alonso Ruizpalacios debuta con una original, divertida y sorprendente película premiada en San Sebastián y Berlín.

Fue una de las grandes sorpresas de la última edición del Festival de Cine de San Sebastián, donde se alzó con los premios Horizontes Latinos y a la Juventud, y también se ha paseado con éxito por otros festivales internacionales como el de Berlín, donde se hizo con el galardón a la Mejor Ópera Prima, el de Tribeca, que premió tanto su fotografía como el trabajo de su director, o el AFI Fest del American Film Institute, donde obtuvo el Premio Especial del Jurado. A pesar de tanto reconocimiento, Güeros llega a nuestras pantallas con algo de retraso y casi de puntillas. Una pena porque la primera película del realizador mexicano Alonso Ruizpalacios es una original y divertida road movie urbana rodada con poco dinero y muchas ganas. Un personal viaje a través de una ciudad que nunca nadie nos había mostrado así, narrado con imaginación, inteligencia, libertad, atrevimiento y mucho sentido del humor.

Güeros se parece a otras películas que hemos visto. Hay en ella destellos que nos pueden recordar a cintas de Jim Jarmusch, Bertolucci, Paul Thomas Anderson, Kevin Smith o cualquier director francés de la generación de la Nouvelle Vague. Y aún así, Alonso Ruizpalacios ha sabido confeccionar un collage que bebe de muchas fuentes sin perder un ápice de autenticidad. El director novel nos habla de búsquedas, de personas que necesitan encontrar su lugar en el mundo, de huelgas y revoluciones, de sueños rotos, de miedos y de reencuentros. Y lo hace saltándose todas las normas de la corrección cinematográfica: está rodada en formato 4:3, hay encuadres imposibles, cortes bruscos, una cámara que gira sobre si misma, zooms, travellings, saltos de eje, un plano de una claqueta en el que los personajes nos recuerdan que no son sino actores de una película, extraños ruidos de fondo, dos hermanos que a nadie le parecen hermanos y una bellísima y poética fotografía en blanco y negro. Todo un catálogo de libertad creativa que Ruizpalacios ha conseguido despojar de pretenciosidad e intelectualismo porque realmente no se toma demasiado en serio nada de lo que cuenta.

La acción de Güeros transcurre en el año 1999 en la ciudad de México durante la huelga de estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Tomás es un adolescente de Veracruz al que su madre envía a la capital para que su hermano mayor se haga cargo de él. Sombra, el hermano de Tomás, comparte apartamento y penurias con Santos. Ambos se han descolgado de la huelga y viven ociosos y ajenos al encierro de sus compañeros en la Ciudad Universitaria. Los tres se embarcarán en la búsqueda, a través de México D.F., de un viejo cantante que ya nadie recuerda y cuya adoración constituye el único legado que el padre de Tomás y Sombra dejó a sus hijos. Mientras, los protagonistas de esta historia hablan y hablan sobre su compromiso político (o la falta de él), sobre cine mexicano, sobre quién pudo salvar al rock patrio, sobre revoluciones, tigres y obsesiones personales.

Güero es la forma en la que en México se refieren a las personas de pelo rubio y piel blanca. Tomás responde a este apelativo, a pesar de que su hermano Sombra tiene la piel oscura y el pelo negro; algo que no solo extraña a los espectadores sino también al resto de personajes de la película y que el director nunca se molesta en aclarar a nadie. Tampoco importa, ambos representan las dos caras de la identidad cultural del México actual. Pero güero tiene su origen en la palabra huero, que significa vano, vacío y sin sustancia. Una descripción que, al menos aparentemente, tiene mucho que ver con los personajes de esta cinta. Ruizpalacios nos acerca a ellos con ternura, humor y delicadeza, deteniéndose en los detalles y haciéndoles hablar con naturalidad, casi como si improvisaran. Al final, su aparente insustancialidad no es más que un recoveco tras el que se esconden ambiciones tan simples y tan mayúsculas como encontrar el amor verdadero.

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