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“El hombre sufre tan terriblemente en el mundo que se ha visto obligado a inventar la risa”. Friedrich Nietzsche

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Estreno

Ida, el triunfal regreso de Pawel Pawlikowski

Ida es una película breve, una pequeña joya dirigida por Pawel Pawlikowski.

Recuerdo perfectamente la alegría que me llevé hace unos meses en el 57° Festival de Cine de Londres cuando el jurado presidido por el escritor y crítico Philip French concedió el premio gordo del certamen a la película polaca Ida. Entre los títulos que competían por el premio en la sección oficial había obras admirables como Under the Skin de Jonathan Glazer y Tom à la ferme de Xavier Dolan, pero Ida era mi favorita, no sólo por las muchas virtudes que contiene la película, sino porque supone el regreso de un cineasta, Pawel Pawlikowski, que andaba perdido desde que hiciera dos buenas películas hace más de una década, Last Resort (2000) y My Summer of Love (2004).

Pawlikowski es un cineasta polaco sólo a medias, pues emigró de Polonia cuando era un adolescente, ha vivido en varios países europeos y ha hecho sus películas más conocidas en el Reino Unido. Sin embargo, esta vuelta a sus orígenes ha alumbrado una obra inequívocamente polaca, no sólo por el tema que aborda sino porque resulta evidente la influencia que los clásicos del cine de ese país han tenido en su gestación.

La Ida del título, Anna al inicio de la película, es una novicia huérfana que, a petición de la madre superiora del convento en el que ha crecido, visita a su único pariente vivo, una tía borracha que ha vivido tiempos mejores, antes de tomar los votos y dedicarse a la vida religiosa. Tía Wanda tarda lo que dura bajarse un vodka en contarle a Anna que su verdadero nombre es Ida y que es medio judía, una bomba informativa para una novicia católica en la Polonia de posguerra (la historia se sitúa a principios de los años 1960) que Ida recibe con una singular mezcla de curiosidad y desapego.

El dilema personal que origina este descubrimiento y el viaje que inicia esta pareja imposible en busca de la verdad le sirven a Pawlikowski para plantear la eterna cuestión del antisemitismo en el corazón de la Europa católica. La respuesta que Ida (e indirectamente Pawlikowski) da a la disyuntiva de dos creencias irreconciliables no pasa por la fe, sino por el beneficio personal que la renuncia o el apego a una u otra puede ofrecer. De esta forma, sin ideas radicalmente nuevas pero con admirable sutileza, la película arroja luz sobre la parte más oscura de la historia polaca inmediatamente anterior a la época en la que transcurre la acción.

Quizá mi admiración por esta película se explique también por el rastro que hay en ella de los grandes clásicos polacos, un cine por el que siento una especial debilidad. Es visible la influencia del cine de Jerzy Kawalerowicz y de su Madre Juana de los Ángeles, una de las películas que más me han impresionado jamás. El propicio entorno en el que se desarrolla parte de la acción de Ida permite a Pawlikowski emular la puesta en escena casi coreográfica de aquella película incomparable, especialmente en la secuencia en la que las novicias toman sus votos tendidas en el suelo. La extraordinaria fotografía en blanco y negro proporciona una sucesión de imágenes bellísimas; de hecho, esta película poco apta para personas que sufran del síndrome de Stendhal, está a punto de abrumar por un esmero casi desmesurado en su factura. Agata Kulesza, una actriz en la que ya me había fijado en las películas de Wojciech Smarzowski, interpreta a Wanda con una maravillosa combinación de humor seco y realismo desencantado, mientras que la principiante Agata Trzebuchowska está convincente en el papel central.

Ida es una película breve, una pequeña joya que podría haber pasado inadvertida y que los premios que ha ido cosechando en diversos festivales, incluidos el de Londres, Varsovia y Gijón, han hecho llegar a un público más amplio. Para eso deberían servir los premios en el cine, y todos los que reciba Ida son sencillamente irreprochables.

Más sobre cine enCine al desnudo, blog de Alberto Ramos-Lorente.

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