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Estreno

Interstellar, una fascinante y fallida epopeya espacial

Viaje espaciales y ciencia ficción en una película más sesuda que entretenida.

Era solo cuestión de tiempo que un director como Christopher Nolan, responsable de las tres últimas entregas de la saga Batman y de esa inclasificable y barroca película sobre los sueños y la psique llamada Origen, intentara dirigir una gran epopeya espacial. Al parecer, Nolan ha mostrado públicamente su devoción por 2001: Una odisea del espacio y, al menos en la teoría, ese ha sido su referente a la hora de escribir y rodar Interstellar. Puede ser. De hecho, en lo nuevo de Nolan hay algunos guiños al clásico de la ciencia ficción. Aunque la realidad es que al realizador británico le ha salido una película que tiene mucho más en común con Contact, aquella edulcorada e intimista visión de los viajes espaciales de Robert Zemeckis, en la que, por cierto, también salía Matthew McConaughey. En Interstellar, como Stanley Kubrick en 2001, nos plantea muchos interrogantes. Lo que ocurre es que, a diferencia de aquel, pretende contestarlos todos y se pierde en el intento. Nolan parece demasiado ocupado en epatar, en emocionarnos y en explicar lo inexplicable como para acercarse de verdad a la tan fascinante como críptica obra de Kubrick.

Interstellar es a ratos deslumbrante, a ratos entretenida y a ratos bellísima. Pero toca tantos frentes que, lógicamente, no consigue salir airosa de todos. Hay tanta ambición y tantas ideas en ella que un solo director, a pesar del indudable talento de Christopher Nolan y de su capacidad para manejar grandes producciones, no podría salir airoso ni aunque fuera el dios del cine. Nolan sitúa su historia en un futuro apocalíptico en el que la raza humana ha exprimido la Tierra hasta su última gota. La escasez de alimentos y los previsibles cambios en la composición del aire que respiramos hacen inviable la vida en nuestro planeta a medio plazo. La solución pasa por descubrir nuevos mundos en los que la raza humana pueda perpetuarse. Para ello, un grupo de científicos se embarca en un viaje interestelar que aprovechará un agujero de gusano cerca de Saturno para vencer las enormes distancias entre galaxias. Todos dejarán en la Tierra seres queridos con los que desean reencontrarse y a los que quieren salvar. Y esta trama, digamos sentimental, tiene tanto peso, o incluso más, en la película que la aventura del viaje en sí. La ciencia ficción, la filosofía existencialista, la poesía de Dylan Thomas y el drama familiar se alternan en la pantalla con solemnes explicaciones científicas, leyes físicas y teorías complicadísimas sobre las normas que rigen el espacio y el tiempo.

Interstellar tiene, a juicio de quien esto escribe, tres problemas fundamentales. Primero, es innecesariamente larga. Segundo, intenta explicarnos reiterada e inútilmente como funcionan los agujeros negros, la relatividad del tiempo o los efectos de la gravedad. Y tercero, abusa de una machacona banda sonora que parece pretender decirnos en qué partes de la trama debemos emocionarnos más y que solo consigue apabullar. Y aún así, a pesar de sus fallos, tiene muchos momentos realmente poderosos y absorbentes. Puede que Nolan ya no sea tan original como lo fue en Memento, aquel thriller sobre un hombre sin memoria que nos contó al revés, es decir, literalmente empezando por el final y terminando por el principio. Pero también es indudable que los años y la experiencia han aumentado notablemente su imaginación y su sentido del espectáculo.

Irregular como película de ciencia ficción y poco sutil como melodrama, lo que mejor funciona en Interstellar es el suspense y la estética. Nolan nos mantiene pegados al sillón gracias a lo bien que sabe manejar los momentos de tensión y a la belleza de las imágenes con que envuelve esta odisea épica, a pesar de que no entendamos muchas de las cosas que nos cuenta y de que el sentimentalismo en las relaciones entre padres e hijos nos abrume por excesivo. También ayuda lo granado de su reparto, formado por un puñado de actores realmente formidable. Matthew McConaughey lleva el mayor peso de la historia y confirma una vez más lo bien que le ha sentado a su carrera cumplir años. A su lado, actores y actrices como Anne Hathaway, Jessica Chastain, Michael Caine, Matt Damon, Ellen Burstyn, John Lithgow o Casey Affleck convierten este cautivador, confuso, poderoso, excesivo y desconcertante espectáculo en toda una clase de interpretación. Al final, los problemas de Interstellar puede que se resuman en uno: que Nolan se tome su propuesta demasiado en serio. Tal vez un poquito de frivolidad y un poquito menos de solemnidad hubieran convertido Interstellar en una película menos sesuda y algo más entretenida.

2 respuestas a Interstellar, una fascinante y fallida epopeya espacial

  1. Pablo dijo:

    Bien, deduzco que vale la pena.
    Hacer un película redonda, peliculón, de esas buenas para toda la vida, no es fácil. Parece que esta es de las buenas a secas, o mejor aún, entretenidas, lo que ya es mucho.
    Además está M Caine. Sólo por eso a mí ya me merece la pena.

  2. Benito dijo:

    Mientras no salga Ben Affleck me conformo.

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