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Estreno

Josephine Peary es la esposa de explorador Robert PearyIsabel Coixet y su intenso drama polar

'Nadie quiere la noche' es un bellísimo aunque gélido relato sobre el viaje al Polo Norte de Josephine Peary.

Hace ya varias películas que Isabel Coixet cambió de rumbo en una aparente búsqueda de nuevos géneros y nuevas formas de narrar una historia sobre una pantalla blanca. Confieso que la Coixet que más me gusta es aquella que escarbaba en la soledad y el dolor de una forma tan sobrecogedoramente hermosa en títulos como Cosas que nunca te dije, Mi vida sin mí, Elegy o La vida secreta de las palabras. Es verdad que sus emocionalmente avasalladoras historias de amor no siempre hallaron idéntica fortuna. Así, frente a filmes tan bien resueltos como los anteriormente citados se alternaron otros de resultado más irregular, como A los que aman o Mapa de los sonidos de Tokio. Ayer no termina nunca marcó un punto de inflexión en la carrera de Isabel Coixet. De aquel fallido diálogo teatral y futurista con la crisis como telón de fondo, la directora catalana saltó valientemente hacia otros registros que supuestamente la han alejado de sí misma. Tras una olvidable incursión en el thriller de terror con Mi otro yo, Coixet se atrevió incluso con la comedia y, si bien no logró hacernos reír a carcajadas, con Aprendiendo a conducir consiguió dibujarnos una sincera sonrisa en el rostro y, lo mejor, reconciliarnos con su cine. Ahora, esta prolífica cineasta vuelve al mundo de las emociones desatadas con Nadie quiere la noche, un bellísimo y helador viaje en el que la Coixet se nos muestra mucho más contenida que nunca.

Nadie quiere la noche cuenta el viaje que Josephine Peary, la esposa de explorador Robert Peary, hizo al Polo Norte en 1910 para encontrarse con su marido en un irracional y loco gesto de amor. Peary aseguró entonces haber sido la primera persona en llegar hasta aquel remoto lugar del globo terráqueo, pero su hazaña siempre fue puesta en duda. No importa, a Isabel Coixet poco o nada le interesa el señor Peary, que jamás llega a aparecer en su película y al que dibuja como un ser egoísta y desalmado. Su heroína es una Josephine obstinada, cabezota y orgullosa a quien da vida magistralmente una Juliette Binoche en estado de auténtica gracia. Binoche lidia con un personaje antipático, con el que resulta difícil identificarse y al que, pese a todo, seguimos con interés. Su Josephine Peary simboliza ese invasor choque de culturas entre el mundo civilizado y el mundo por “civilizar”. Una mujer mas preocupada por las formas y por el protocolo que por cualquier otra cosa, incluida su propia supervivencia y la del quienes le acompañan. Su verdadero viaje, sin embargo, no será el camino hacia ese marido al que ama de una forma un tanto irrazonable, sino hacia el descubrimiento de la pureza, la generosidad y el sentido del sacrificio que puede encerrarse en el alma del indígena.

Isabel Coixet inunda de imágenes de una desoladora belleza el estupendo guión escrito por Miguel Barros. Y en ese poético retrato de paisajes de hielo se encierra lo mejor de su película. La historia, en cambio, no siempre transita por terreno seguro y a veces resbala, rompe el hielo y termina congelándose en las aguas de su propia contención. Hay momentos de gran lirismo que no bastan para sostener el drama. Nadie quiere la noche camina casi siempre por una frontera que Isabel Coixet se ha atrevido a traspasar muchas veces y que aquí apenas se permite rebasar unos metros. Su filme, hermoso y notable casi siempre, peca de un exceso de gelidez que nos aleja un tanto del dolor. Una historia de pasiones tan poco comedidas merecía un tratamiento menos neutral y, desde luego, un final a la altura de su dramatismo. Hay que reconocer, en cualquier caso, la lograda atmósfera, la conseguida melancolía de que Coixet impregna su relato y, por encima de todo, el trabajo de Juliette Binoche a quien da la réplica con una interpretación plena de delicadeza la japonesa Rinko Kikuchi, que Coixet ya dirigió en Mapa de los sonidos de Tokio, y que en Nadie quiere la noche da vida a la amante esquimal del idealizado Robert Peary.

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