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Estreno

VIRGINIE ÉFIRA PROTAGONIZA UN ENLOQUECIDO RELATO ALREDEDOR DE UNA ABOGADA CUYA VIDA SE DERRUMBAJustine Triet dicta sentencia en ‘Los casos de Victoria’

'Los casos de Victoria' es una dinámica y jocosa comedia romántica de ambiente judicial que llega a las pantallas españolas después de triunfar en Francia.

Justine Triet debuta en las carteleras españolas con la que es su segunda película, Los casos de Victoria (Victoria, 2016), una ágil y punzante comedia romántica de ambientes judiciales protagonizada por la brillante Virginie Éfira y el esforzado Vincent Lacoste. Los líos y tribulaciones que pueblan la vida personal y profesional de la abogada Victoria Spick ocupan el centro de una inteligente sátira de algunos aspectos de nuestra actual sociedad.

Hace unos pocos años, la ópera prima de la directora francesa Justine Triet recogía la admiración de propios y extraños. Pocos antecedentes existían para una película como La batalla de Solférino (2013): una comedia enloquecida que entrecruzaba su arquetípica ensalada de cruces, malentendidos y retorcimiento narrativo con un planteamiento casi de cinéma verité. Y es que, en aquel filme, su protagonista, una atribulada reportera televisiva (Laetitia Dosch) debía cubrir las elecciones presidenciales francesas de 2012 a la vez que lidiaba con un enloquecido panorama personal, en el que se incluían dos hijos, muy pequeños y muy llorones, un canguro algo despistado y, aún peor, un ex-marido desequilibrado (tronchante Vincent Macaigne) que precisamente ese mismo día decide retomar el contacto con su prole sin importarle la orden de alejamiento que pesa sobre él. A la bomba de relojería familiar que le cae encima a la reportera se suma la euforia social de los comicios, en un momento en que el socialismo de François Hollande derrotó a la derecha de Sarkozy y parecía imponerse como la fuerza política que guiaría a Europa. En una sensacional decisión narrativa, la película se rodó durante el mismo día de las elecciones, con los actores representando sus papeles en medio de una multitud enfervorecida que estaba demasiado entregada al rito colectivo de la “fiesta de la democracia” como para darse cuenta de que se estaba rodando una moderna screwball comedy delante de sus narices. La colisión frontal entre los resabios documentales, asociados al retrato de una jornada histórica, y los mecanismos de la ficción, utilizados para crear un caótico universo privado, dibujaban una inesperada parábola política y social que trascendía las fronteras genéricas de las que partía.

Justine Triet demuestra ahora, con su segundo asalto al terreno del largometraje, las señas de identidad que La batalla de Solférino apuntaban. La querencia por una comedia de la crispación, en la que personajes con una vida privada al límite se enfrentan con situaciones que desquician su ya precario equilibrio existencial, es la primera. La segunda es su buen ojo para el análisis de ciertos males de la sociedad occidental en la que vivimos. Sin recurrir en esta ocasión al sofisticado, pero nunca pedante, mecanismo narrativo de La batalla… Triet nos presenta en Los casos de Victoria una comedia romántica sin complejos, de mimbres narrativos clásicos acompañados de una gran construcción formal y altas dosis de amargura.

La abogada Victoria Spick (gran Virginie Éfira, que ya destacaba en Elle, de Paul Verhoeven, con el que al parecer prepara nueva andanada fílmica) es una nueva versión del personaje femenino que usualmente maneja Justine Triet: tan agresiva como nerviosa e insegura, dividida entre las exigencias profesionales y una vida privada en la que el caos imperante no oculta la profunda soledad que la atenaza. Victoria debe enfrentarse al cuidado de dos hijas pequeñas; a la inestibilidad sentimental; a un rocambolesco juicio por malos tratos e intento de asesinato en que uno de sus mejores amigos, parte implicada, decide inmiscuirla; a la porno-venganza que su ex-marido, ahora exitoso escritor de novela de no-ficción (desternillante la diatriba dedicada a este supuesto género novelístico, ahora tan en boga); a sus bajones psíquicos… En fin, un panorama complicado. Menos mal que surge, de donde menos se lo espera, un personaje puro, bondadoso y cabal que ayudará a la protagonista en sus constantes devaneos profesionales y sentimentales. El honrado camello, antiguo cliente de Victoria, ahora reconvertido en estudiante de Derecho, baby-sitter y asistente personal de la abogada, encuentra en la interpretación de Vincent Lacoste, habitual en la comedia mainstream gala, una sólida encarnación. Al tiempo, representa la única gota de esperanza en una película que retrata, como las anteriores de Justine Triet, una sociedad aquejada de hiperactividad y adicción a los placebos (farmacológicos o no), en la que las fronteras entre lo personal y lo profesional, lo público y lo privado, se diluyen; en la que el cálculo económico y la presión mediática transforman a las personas en números o simples imágenes sin fondo; en la que la soledad y la depresión están, en fin, a la vuelta de la esquina.

En un universo tan insolidario como absurdo (pero muy reconocible), Triet y sus actores encuentran un rayo de esperanza y articulan una ejemplar comedia que por nada del mundo debe confundirse con otros sub-productos del mismo género que periódicamente nos llegan de Francia. Estamos ante una película, si no tan redonda como La batalla… o Villaine fille, mauvais garçon (2012)  primer cortometraje de su directora, excelentemente planteada y con una atmósfera de vértigo y sofoco muy bien conseguida, lo que no obsta para que unas dosis de sutileza y espíritu crítico estén bien presentes.

Si La batalla… mereció la mención de la venerada revista Cahiers du Cinéma como una de las mejores películas del año, Los casos de Victoria tuvo el honor de inaugurar la Semana de la Crítica en el Festival de Cannes de 2016. Esperemos que en España el público quiera premiar con su atención y sus recomendaciones a una comedia muy por encima de la media y a una directora con unas prometedoras perspectivas de futuro.

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