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“Creo que moriré de poesía”.Nicanor Parra

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Estreno

El film trata el duelo tras la muerte de un ser queridoLa ‘Demolición’ de una vida

Drama excéntrico sobre las dificultades de enfrentarse frontalmente a la muerte de un ser querido.

El canadiense Jean-Marc Vallée (C.R.A.Z.Y., Dallas Buyers Club, Alma salvaje) vuelve a las pantallas con Demolición (2015), un holgado drama de flecos cómicos y motivos excéntricos sobre el duelo tras la muerte de un ser querido. En este caso la persona amada es la esposa del protagonista, Davis (Jake Gyllenhaal), fallecida tras un accidente de coche del que él ha salido prácticamente ileso. Y el duelo se desarrolla como un largo proceso de negación y desplazamiento emocional que le llevará a demoler los cimientos mismos de su vida, para solo así poder enfrentarse frontalmente a dicha ausencia.

Con el accidente como prólogo, presentado mediante una escena tan tópica como efectiva, y el anuncio de la muerte como detonante, la película narra el largo viaje hacia el desbloqueo sentimental de un personaje que de repente se descubre emocionalmente entumecido, tras una vida plastificada marcada por la rutina, el desafecto romántico y la alineación laboral. Sorprendido ante su propia indolencia ante lo que todos los demás viven, obviamente, como una tragedia, llega conscientemente a la conclusión de que no debía amar mucho a su mujer, a la vez que inconscientemente comenzará a desviar su patente aflicción hacia una serie de extravagancias. Excentricidades que le ayudan inicialmente a reflexionar sobre su propia vida, enviando por ejemplo una absurda serie de cartas de reclamación a una empresa de máquinas expendedoras, que le ponen en contacto con Karen (Naomi Watts), encargada de la atención al cliente, y su confuso hijo Chris (Judah Lewis), con los establece una tierna relación. Y que progresivamente le ayudarán a ventilar su frustración y satisfacer sus anhelos de nuevos estímulos, dedicándose a destripar todos los enseres que considera averiados, con afán analítico y resultado catastrófico, y demoler edificios a golpe de maza y bulldozer, incluyendo su propio hogar. Un comportamiento errático, de fuerte carga metafórica (como el propio Davis medita ante nosotros), por el que perderá su trabajo y el respeto de sus suegros (Chris Cooper y Polly Draper), pero con el que se irá enfrentando poco a poco a sí mismo, abriendo las puertas a la franqueza, al entusiasmo y al afecto.

El incesante deseo de epatar al espectador desde la originalidad resulta en ocasiones demasiado forzado, percibiéndose lo pretendidamente encantador como simple idiotez. Y el interesante planteamiento inicial se diluye ligeramente a medida que la historia avanza y su coherencia se desintegra. Pero aun así la película propone un protagonista interesante (casi un catálogo de mecanismos de defensa psíquicos) y una relación conmovedora (entre un protagonista bizarro y un adolescente turbado). Se desarrolla con garra y eficacia, merced a un estilo visual afilado y un ritmo impetuoso. Y consigue por momentos resultar contagiosamente liberadora, gracias a la fresca interpretación de Gyllenhaal. De modo que al llegar a los créditos, a pesar de cerrar con un final demasiado almibarado, termina dejando un buen sabor de boca.

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